Hoy, 1 de Mayo, se cumple el 75 aniversario de la gran gesta y heroico comportamiento de un grupo de Guardias Civiles y paisanos, que al mando del Capitán Cortés, “murieron, pero no se rindieron”.
Durante la Guerra Civil, el jienense Santuario de la Virgen de la Cabeza en Andújar, fue escenario de un hecho de armas, que ha quedado vinculado a su historia.
La resistencia de 165 Guardias Civiles al asedio republicano en el Santuario, es una de las más heroicas gestas que ha llevado a cabo la Benemérita.
A mediados de Agosto de 1.936, se refugiaron en el palacete de la finca del Lugar Nuevo, en el valle del río Jándula, 65 Guardias Civiles y 15 paisanos, con sus respectivas familias. Días después, se atrincheraba en el recinto sagrado, 165 Guardias Civiles, familiares, 44 paisanos y cuatro Sacerdotes. En total 1.135 personas.
El Capitán D. Santiago Cortés González con anuencia del Capitán Ramírez, más antiguo en el escalafón, los Tenientes Rueda García, Ruano Beltrán y Porto, éste del Cuerpo de Carabineros, y los Alféreces Hormigo y Carbonell, más otras clases del Benemérito Instituto, se erigió en Jefe del Campamento.
Al otro lado de los muros, las milicias abrían fuego desde más de 1.500 fusiles, y la artillería pesada, los morteros y los carros de combate rusos T-26 amenazaban con abrir brecha en las defensas de la Benemérita. Mientras tanto, la aviación republicana surcaba el cielo dejando caer sus bombas. El segundo día de asedio, las tropas republicanas, dirigidas por el Capitán de la Guardia de Asalto y diputado a Cortes por el PSOE, Pedro Martínez Cartón, hicieron llover plomo sobre los sitiados, que aguantaron un intenso cañoneo de 400 bombas. Las izquierdas pretendían liquidar pronto esa pequeña bolsa de enemigos.
LA NUMANCIA VERDE
Sin embargo, y haciendo honor a su lema "siempre fiel a su deber", los Guardias Civiles mantuvieron una defensa numantina durante los más de siete meses y medio que se prolongó el largo asedio republicano. Fue angustiosa en muchas ocasiones, la falta de víveres y ropas que se paliaba en lo posible, con los suministros aéreos. El Ejército Nacional proveyó hasta en 157 ocasiones - de las que el Capitán Haya protagonizó 70 -, dejando caer una ayuda que nunca era suficiente para las cerca de 1.200 personas ahí resguardadas.
A pesar de que Franco autorizó la rendición del santuario, por su nulo valor estratégico y puramente sentimental, el Capitán Cortés insistió en su defensa hasta el final.
Pintura recreada en el abastecimiento del Capitán Carlos Haya, al santuario de la Virgen de la Cabeza.
Tras nueve meses de bombardeo y combates, el 1 de mayo de 1.937 el Ejército Republicano lanzó el ataque final. Superados en número, en proporción de diez a uno, atacada por varios millares de hombres, milicianos y tropa regular. Los Guardias Civiles sucumbieron a la oleada roja, que ocupó el cuasi arrasado Santuario de Santa María de la Cabeza.
En el combate, y debido a su pretensión de defender todos los puntos por los que amenazaba con penetrar el enemigo, el Capitán Cortés fue herido mortalmente por el impacto de una granada de artillería. La noticia hizo cundir el desánimo, e inmediatamente después se produciría la rendición. Al día siguiente, el Capitán Cortés fallecía poco después del medio día.
En la visita al Santuario, podemos ver en el monumento a los Caídos, la imagen de la Virgen con la LAUREADA, y debajo el Rombo con el Emblema de la Guardia Civil.
La primitiva imagen de la Virgen de la Cabeza, desapareció durante estos días de asedio del Altar Mayor y se piensa, según la opinión mayoritaria, que fue enterrada por algún Guardia Civil o familiar en algún lugar desconocido de la Sierra de Andújar. Hasta la fecha no ha aparecido y su paradero actual es toda una incógnita. La actual imagen de la Virgen data del año 1.944.
El balance de bajas, entre los sitiados, sobrepasó los ciento cincuenta muertos, alcanzando los heridos una cifra cercana a los doscientos cincuenta, tanto entre los combatientes como en la población civil. Los supervivientes quedaron en estado de lamentable depauperación, al que empezaron a poner remedio, humanamente, las tropas sitiadoras.
Cruz Laureada de San Fernando
Se ponía así punto final a uno de los episodios más heroicos protagonizado por la Guardia Civil, concediéndole una CRUZ LAUREADA DE SAN FERNANDO a título colectivo, de las cuatro que le otorgaron en la Guerra Civil Española.
Finalizada la Guerra Civil, el lugar continuaba en ruinas, por lo que el General José Moscardó, que vivió un episodio similar en el Alcázar de Toledo, y que tras la contienda ostentaba el cargo de jefe de la Casa Militar del Jefe del Estado, decidió reconstruir el lugar sacro.
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CAPITÁN CORTÉS, MUERTE ANTES QUE RENDICION
El Capitán Cortés, postrado en una cama herido de muerte.
Nació en una acomodada familia de Valdepeñas de Jaén un año antes de que España perdiera Cuba y Filipinas. Su familia le obligó a estudiar Medicina para lo que tuvo que trasladarse a Granada pero en 1.917, con 20 años y una edad mayor que la del resto de sus compañeros, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo. Su primera acción importante, la que le valió el ascenso a Capitán, fue la lucha contra los mineros en Asturias durante la revolución de 1.934.
En agosto de 1.936 se hizo fuerte en el santuario de Santa María de la Cabeza, en Andújar, al frente de poco más de 200 combatientes, en su mayoría Guardias Civiles, y protegieron a más de 1.000 personas hasta que fueron conquistados.
Desde allí protagonizaron una defensa agónica a la espera de ayuda del General Queipo de Llano. El bloqueo era tan férreo que el Capitán recurrió al atípico uso de palomas mensajeras. Se comunicaban solamente por este medio. La resistencia tuvo tal repercusión, que el día del ataque final del Ejército republicano había presentes dos diputados y el poeta Miguel Hernández, que no se quiso perder el espectáculo.
Fue descrito por el Coronel Antonio Cordón, jefe de las tropas republicanas que asediaban el Santuario como: “Sereno pero justo, que no permitía el menor atentado a la disciplina y que no admitía privilegios (…) era el primero en cumplir las órdenes”. Tras su muerte en el ataque final, el 2 de mayo de 1937, fue enterrado en una fosa común y después, fue trasladado a la cripta del santuario tras su reconstrucción.
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UN HOMENAJE A LOS HEROES
A tal efecto, se hizo pública la voluntad del Gobierno y se autorizaron las donaciones particulares para llevar a cabo las obras.
Monumento a los héroes del Santuario.
En el primer documento consta como encargado de llevar a cabo la tarea en el Santuario el Director General de Regiones Devastadas y Reparaciones, que entonces era José Moreno Torres. Sin embargo, las empresas no se vieron seducidas por el proyecto, y el concurso para adjudicar la obra fue declarado desierto –sin ofertas- ante Moreno Torres, a la sazón también vocal de la Junta encargada de la reconstrucción, tal y como se observa en la carta dirigida a José Gómez Millán, decano-presidente del Colegio Oficial de Arquitectos de Andalucía.
La colecta aumentaba exponencialmente a medida que pasaban los meses. Ya en 1.939 se recibían las primeras pesetas para ejecutar el encargo, y los envíos continuaron durante todo 1.940. Como justifican los altos mandos, la restauración se hacía “en homenaje a los defensores” del monasterio, que ahora luce una placa con la leyenda “La Guardia Civil muere pero no se rinde”.
Leyenda y cementerio de los caídos en la heroica defensa del Santuario.
El General Moscardó, que protagonizó una heroica resistencia al Ejército Republicano en el Alcázar de Toledo, no quiso dejar en el olvido la resistencia de 165 Guardias Civiles en el santuario de Santa María de la Cabeza. Por ello, se propuso reconstruir ese lugar, como homenaje a los héroes. Las aportaciones de los ciudadanos españoles resultarían vitales para hacer renacer de sus cenizas el templo jienense. También el Alcázar tendría esa suerte, y su reconstrucción, llevada a cabo por el Ministerio de la Vivienda, finalizó las obras en 1.961, dedicando un pequeño espacio a un museo sobre el asedio y el resto a sus funciones militares.
Santuario de Santa María de la Cabeza.
Sin embargo, el Régimen se planteó mantenerlo en ruinas como testimonio de la barbarie de los rojos y la heroicidad de los nacionales. El monumento fue visitado oficialmente por Nixon (1.963), Mohamed V (1.956) Y el Sah de Irán (1.957), entre otros Jefes de Estado y presidentes de Gobierno. La reconstrucción de Santa María de la Cabeza y del Alcázar ha facilitado que, aún hoy, ambas gestas permanezcan en la retina de los españoles.
Francisco Javier de la Uz Jiménez
Bibliografía consultada:
Antonio Marín Muñoz (Asedio al Santuario de Santa María de la cabeza de Andújar 1.936- 1.937)
Carlos Plaza y Juan E. Pflüger (Documentos Inéditos de LA GACETA)



















