"UN LEGIONARIO DE HONOR"



 
 
 
 Finalizados aquellos tristes años de enfrentamientos fratricidas en nuestra nación patria, llegué al mundo en el seno de una familia cristiana, como tantas otras, en las que se respiraban valores definidos y de especial amor a nuestra España, aún rota y dolorida por la guerra, dejando en mí huella indeleble de todo lo acaecido. Con el transcurrir de los años, se haría patente, aún más si cabe, al comprender aquello que fue de todo punto inevitable.
 
Y fueron, en efecto, en aquellos primeros años de mi vida, en los que recibí de mis padres y hermanos mayores el verdadero valor de los significados de mi Patria, construidos a través de su historia. El amor a Dios y a la Eucaristía, el respeto por los ancestros y, cómo no, la comprensión profunda del máximo símbolo y significado de nuestra bandera.
Siempre recordaré, cuando al paso de la enseña, escuchaba aquellas palabras cerca del rostro de aquel niño: <<Hijo mío, permanece firme y baja la cabeza, en señal de respeto>>.
En lo veranos de mi infancia, en aquel pueblo de la sierra de Almería, jugábamos a los cuarteles, representando a nuestros héroes y en la escenificación infante del juego de la “cruda contienda”, las confusiones entre los chiquillos, desencadenaban “feroces discusiones”…
Pasaron los años, y en aquella grata etapa universitaria, en el penúltimo año de carrera, me preparaba para incorporarme a una nueva situación: La Militar. Con ilusión y deseo emocionado, y con la certeza de que iría destinado a artillería, o a otra arma que muy a pesar mío no sería Infantería, decidí con prontitud solicitar por escrito al General Jefe de la Región (Capitanía General, en Granada), mi incorporación a tan querida Arma. Y así fue. Recibí la aceptación de mi petición y en el verano de 1962 me incorporaba como aspirante a la IPS (Instrucción Premilitar Superior), al campamento de Montejaque, en Ronda, Málaga.
Aquel primer verano, duro y a la vez, de imborrables y satisfactorias experiencias, justificaría sobremanera los acertados vaticinios
 proferidos por aquel Comandante a todos aquellos de nosotros, jóvenes aspirantes que sentados ante él, en el campo de deportes del Colegio Emperador Carlos I de Granada, nos impelía: << Tras cumplir con las actividades diarias en el campamento, os puedo asegurar que la colchoneta de paja, será para vosotros colchón de lana mullida (oveja merina o similar) (…)>>. Aquellas palabras se corresponderían con aquella realidad, luego vivida, con total exactitud.
Pasó el verano del 62, y mis galones de sargento lucían en mi guerrera, llevándolos con orgullo, y a la espera del siguiente campamento, anhelando finalizar en el verano del 63´ con la estrella de seis puntas, como Alférez Eventual.
Así fue. Una vez finalizado el campamento, llegó orden ministerial por la cual, solo saldrían como oficiales, alrededor de un 20% de sargentos. Mi sufrimiento moral se hizo patente por dicha noticia, hasta que, una vez publicado el BOE, pude comprobar con grata e inmensa dicha, la inserción de mi nombre en el listado de alféreces.
Posteriormente, para realizar las prácticas, fui destinado al Cuerpo Ejército de Aragón, División de Montaña <<Huesca 52, 1ª Agrupación de Cazadores>>. Una vez finalizado este período de prácticas, en el año 1965, era promovido a Alférez de Complemento, en Marzo del mismo año.
Si la vida campamental fue dura y gratificante, en cuanto a formación militar permanente se refiere, el período en el cuartel fue el colofón final de aquella anhelada experiencia militar, ya consumada.
Recuerdos imborrables de amistad y camaradería vienen a mi memoria: el que fuera el Capitán de mi compañía, D. Antonio Cibrán Martínez; así como los Tenientes Carballo, Cid, Del Agua, entre otros, y, ¡cómo no!, mi querido y entrañable amigo, el ya retirado Comandante D. Francisco Ángel Cañete Páez, entonces, también ascendido a Teniente (Escala de Complemento), con el cual, y en el transcurrir de los años, el reencuentro se hizo posible, prosiguiendo hoy en día la comunicación entre nosotros.
Ejemplar milicio éste, y faro de todos nosotros, de trayectoria militar intachable (cuya querida esposa fallecía tristemente hace unos meses, tras largo período de enfermedad, haciéndole llegar desde aquí nuestro profundo pesar y siempre cercanía).
Asimismo, es de obligado cumplimiento el citar al ya fallecido y el que fuera nuestro querido Coronel, Ilmo. Sr. D. Carlos Alba Navas e, igualmente, al General al mando de la agrupación, el tristemente fallecido, Ilmo. Sr. D. Fernando López Canti y Félez.
De aquel período, todos los Tenientes y Capitanes citados, ya hoy en la reserva como Coroneles y si bien algunos de ellos aún en vida, otros, lamentablemente, ya fallecidos. Por su parte es de destacar al Teniente D. Manuel Alonso del Barrio, hoy General de División, también en la reserva. Aquellos no mencionados, permanecen, igualmente, en mi memoria, empero, ahora fallida.
Todos aquellos valores aprendidos, fueron puestos en práctica por mi parte a lo largo de toda mi trayectoria profesional, en la que el sacro credo legionario supondría, sin duda alguna, un referente principal a tener siempre presente, y en el cual reflejarme a la hora de comportarme en las diversas situaciones por las cuales pasé, aceptando los trabajos de mayor responsabilidad y riesgo, afrontando cualquier tipo de contingencia, fuere la que fuere, sin rehusar las duras y complicadas situaciones que pudieran presentarse. En este sentido, mi vida profesional, desarrollada en la industria del petróleo (Repsol), se convirtió en esa cómplice espectadora del eco fiel de valores y actitudes ejemplarizantes, sin duda alguna, pertenecientes a aquel inmortal ideario con el cual llegué a identificarme plenamente, a apoyarme y lograr proyectar en su aplicación, toda la épica huella de su cosmovisión perfectamente adaptada a una persona tan exigente como la que fui, alcanzando con denodado esfuerzo la categoría laboral de Mando Superior, hasta mi actual jubilación.
Fue entonces cuando comprendí que el honor, como aquella no traición al deber que se nos impone, me permitió descubrir cómo ese sentido del deber se podría traducir en fortaleza ante la adversidad, y que el verdadero honor era entregado por la propia conciencia autopersonal, aquella vieja amiga que cuando ya no es de nadie, ni tan siquiera propia, te habla sin ambages y te presenta ante ti mismo, como lo que realmente eres y, en muchos casos, te hace sangrar y doler como lobo al corazón.
Mi colaboración en estos últimos años con la Hermandad de AA. CC. Legionarios, a cuyo presidente D. Jaime Beceiro del Valle-Inclán, le debo su propuesta de mi investidura como Caballero Legionario de Honor, me ha permitido aportar, con grata y profunda satisfacción, la obra, la palabra hablada y escrita, en aras siempre del mantenimiento vigoroso del recuerdo permanente de tan Glorioso Cuerpo, así como de todos sus caídos.
Desde aquí, hago presente mi profundo agradecimiento a los Coroneles, Ilmos. Sres. D. Miguel Martín Bernardi, y D. Antonio Ruiz Benítez; al Tte. Coronel D. José Manuel Conrado Reguero, haciéndolo extensivo al General Jefe de la Brigada, Excmo. Sr. D. Juan Jesús Leza Benito, (¡gracias, mi General!). Igualmente, mi saludo especial dirigido todos mis compañeros de UNAMU (Málaga), y a todos aquellos que han apoyado la concesión de tan alto honor.
Un abrazo Legionario.
 
Salvador Soria Soria

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FILIPINAS



 

 

 

 

FILIPINAS

1571-1898, 327 años de permanencia española en Filipinas. 1492-1898,  406 años de colonización española en América.

Tengo que decir que siempre me han impresionado sobremanera estas cifras, y también que me entristece la forma que tenemos los españoles de enfrentarnos a nuestra historia. ¿Será por la educación recibida o tendremos algún complejo sin diagnosticar?

Es probable que la forma de estudiar historia en la escuela y particularmente la historia contemporánea española de finales del XIX y principios del XX, con sus grandes turbulencias e inestabilidades políticas de aquellos tiempos, no nos haya permitido visualizar con más recorrido los desastres del período.

Esa fatal característica de nuestra idiosincrasia tan especial, nos distingue de nuestros vecinos ingleses y franceses. En ningún caso se regodean de sus propias derrotas, desastres y desgracias. Con algún punto positivista se tratan y se valoran, puesto que de ellas han aprendido algo. Y si no es el caso, sencillamente las olvidan o las niegan. En cambio sus victorias son proclamadas, publicitadas y alardeadas, a veces en exceso, sin complejos.

La historia, nuestra historia, mal o bien que nos pese, es el bagaje que nos acompaña y es la razón de ser de nuestra existencia, nos da forma a lo que somos y a lo que tenemos y por tanto ha de ser motivo de orgullo y nunca de pesar, sea cual sea el resultado.

En este punto me gustaría reflexionar sobre algo que debería llamar nuestra atención. Por un momento imaginemos cuál sería la magnitud de una organización administrativa, política y militar necesaria para crear, desarrollar y mantener, durante cientos de años, un imperio como fue el español. Perdonen que repita, cientos de  años. 

Militares, ingenieros y científicos diseñaron, mantuvieron, defendieron y perfeccionaron: industrias, fortificaciones, ciudades, infraestructuras y redes de transporte; políticos y administradores redactaron un enorme tinglado de leyes, reglamentos y normas, para dar soporte a la gestión de un imperio.

Fueron invertidas grandes cantidades de recursos económicos, humanos y materiales. Se explotaron los recursos, materias primas y productos manufacturados. Se perfeccionó la ciencia y la técnica en el doble sentido Occidente Oriente; la navegación, la construcción naval, la industria, el arte de la fortificación y el armamento. Se establecieron batallas y guerras, armándose barcos, flotas, ejércitos y pertrechos. 

Se organizó un sistema de transportes y comunicaciones, por primera vez de dimensiones planetarias, espectacular e impecable para mantener unidos y en comunicación el vasto imperio español en todas sus direcciones. 

Todo esto fue posible gracias a la existencia de personas al servicio de la Corona Española, civiles y militares, con una especial preparación e inteligencia, dotadas de valentía, arrojo y espíritu aventurero y, también, con políticos arriesgados y osados; estrategas con pensamiento universal.

Y así se formó un imperio de más de cuatro siglos.
No olvidemos además dos factores importantes que engrandecen aún más la gesta: la época y su tecnología, cuya magnitud se empequeñece con la distancia en el tiempo y su comparación con el actual.

El Descubrimiento de América es comúnmente aceptado como el inicio de la Época Moderna. Las tecnologías de la Época Medieval tardía fueron llevadas a América, y prontamente, y gracias a la explosión tecnológica que supuso la industria y el comercio establecido, regresaron a España como tecnología de vuelta.

Los 21 libros de los Ingenios y la Maquinas. Máquina para moler caña de azúcar. Manuscrito anónimo. Finales Siglo XVI .
 
Nuevos cultivos y mayores cosechas, los retos ingenieriles para la transformación de un nuevo territorio, clima, orografía, etc  desarrollaron el conocimiento tecnológico de los españoles y por ende de España y Europa, mejorando además la calidad de vida de los indígenas, preocupación constante de la Corona Española durante la colonización. Leyendas negras aparte, alimentadas    

Plano de uno de los molinos de pólvora de VillaFeliche (Zaragoza) 

con los relatos escritos por personas interesadas en versiones sesgadas, la legislación española colonial está llena de ejemplos en ese sentido. Las barbaridades relatadas lo son desde la perspectiva actual pero no con el prisma de la época.

Por poner ejemplos relacionados con el trasiego tecnológico, la caña de azúcar no existía en América, fue una aportación del Viejo Mundo llevada por Colón en su segundo viaje, pero es en América donde la explosión de sus cosechas produce también una explosión tecnológica en la industria del azúcar que retornó a Europa en forma de tecnología del nuevo mundo. Los estudios desarrollados en Filipinas por ingenieros españoles en relación con la resistencia de los edificios a resistir huracanes y terremotos así como la construcción de campos de espigones para crear playas artificiales para proteger las defensas del puerto del Callao en el Perú, son ejemplos que abundan  en esa afirmación.
Canal del Dique de la Barranca, para transporte fluvial en el río Magdalena, desembocando en Cartagena de Indias. (1794)









Estudio de viabilidad de un paso interoceánico Atlántico-Pacífico. 1781.









Sierra Hidráulica del astillero de la Habana (Cuba) (1752)





El magnífico artículo de Francisco Javier de la Uz Jiménez, dedicado a Filipinas me brinda la ocasión para abundar en ésta no tan recordada página de la historia colonial española y su presencia en aquellos lares.

La primera visita occidental a las islas data de marzo de 1521 con la llegada de Magallanes y su pequeña flota a lo que llamó las islas de San Lorenzo. El Rajá de Cebú, impresionado por las grandes naves consintió en convertirse a la fe cristiana y ponerse bajo la protección del Rey de España. Sin embargo, su vecino el Rajá de Mactán no pareció convencerse por las mismas razones, razón por la cual Magallanes trató de reducirlo de modo temerario con 50 hombres, pereciendo en el combate. El resto de la historia de la vuelta al mundo la completó nuestro Juan Sebastián Elcano a bordo de una de las dos embarcaciones restantes, la Victoria, siendo los primeros en realizar esta gesta. Gómez de Espinosa, al mando del segundo barco,  la Trinidad, trató de regresar a Nueva España (México), constituyendo el primer intento de encontrar el llamado tornaviaje por el Pacífico sin conseguirlo, aunque sí consiguió el descubrimiento de otras islas del inmenso océano. Su navío la Trinidad fue la primera nave occidental en alcanzar los 42º de latitud Norte en el Pacífico.

 Cuadrante y Ballestilla. Siglo XVIII.


Los primeros asentamientos occidentales del archipiélago los constituye Miguel López de Legazpi en 1565, en lucha con nuestros vecinos los portugueses. 
 

La expedición cumplía diversas misiones, descubrimiento y conquista de nuevas islas, comercio de especias en resumen, y sobre todo la búsqueda de la ruta del tornaviaje por el Pacífico, para lo cual contaba con las propuestas de Andrés de Urbaneta, integrante de anteriores expediciones por la zona y enrolado en ésta, como asesor en sus teorías sobre los vientos favorables. El 13 de febrero de 1565, después de pasar entre numerosos islas, tomaron posesión de la de Samar entre otras y se establecieron en Cebú, donde fundaron la villa de San Miguel. Una de las embarcaciones de la expedición, un patache de sólo 40 toneladas, al mando de Alonso

 Regimiento de Navegación de Pedro de Medina 1563.

de Orellana, regresó a Nueva España, tras un durísimo viaje, encontrando la ruta del tornaviaje. Esta derrota para atravesar el Pacífico en sentido oeste este ha servido durante siglos de navegación a vela, incluso la aplicación del vapor en la náutica, a finales del XIX, no interrumpió el uso de dicha derrota. Aun así es la ruta más utilizada, puesto que viento y corriente acompañan a las embarcaciones en esa dirección, con un considerable ahorro de energía. Hace pocos días la prensa ha emitido noticias relacionadas con la aparición de grandes restos flotantes en la costa oeste de los EEUU, pertenecientes al desastroso tsunami que asoló las costas de Japón.
 
Mapa General de las Islas Filipinas. Pedro Murillo Velarde.

Legazpi llega a la entonces ciudad de Maynila y consigue del Rajá Sulayman una parcela para iniciar el asentamiento español en la isla de Luzón. Poco a poco se convirtió en la primera ciudad del país. La capital se convierte entre 1571 y 1898 en el punto de encuentro entre el occidente europeo y la cultura oriental.

Con algo más de siete mil islas el archipiélago conocido como Filipinas se sitúa como uno menor entre el gran archipiélago formado por Borneo, Sumatra, Java y las Molucas en el sur y China continental en el norte y se constituye como un lugar de contacto entre pueblos y religiones antiguas, hasta que en él surgieron otras dos que surgen casi simultáneamente: el islamismo desde la gran isla de Borneo creó estructuras políticas y militares que emprendieron la ocupación de las islas del norte, estableciéndose en Mindanao y prosiguiendo su ocupación hasta las islas Bisayas y Luzón, hacia los siglos XV y XVI del calendario occidental.


Entonces una decisión política tomada desde el lejano reino de Castilla, ya presente en América, determinó, a partir de 1560 la ocupación de las Bisayas y de Luzón, por parte de los españoles, a lo que siguió el dominio, pero apenas ocupación, dela islamizada isla de Mindanao, que permaneció ocupada por los llamados moros, malayos mahometanos. Hoy en día existe esa denominación y se reconocen fácilmente por su tez morena y rasgos orientales.

El total del espacio controlado por los castellanos cristianos desde Manila recibió el nombre de Filipinas, denominación que permanece hasta hoy.



Rutas del Pacífico según Morales Padrón

Bahía de Manila. Rafael Cerero.1888.

En Sevilla se iniciaba el viaje, que durante siglos, llevaba de Occidente a Oriente, por la ruta del Atlántico, de América, del Pacífico. Sevilla la puerta y puerto del Nuevo Mundo, se convirtió durante los siglos XVI y XVII en el centro del comercio europeo y monopolio español de la comunicación interoceánica, difusora del arte, la técnica y la cultura occidental, y como puerta de entrada receptora de los mismos términos orientales.

En el siglo XVII toma el relevo Cádiz. La difícil navegación por el Guadalquivir nunca perdono, arrebatando el protagonismo a Sevilla y otorgándosela a la Tacita de Plata.

La red de comunicaciones establecida por España se conoce como la Carrera de Indias, la cual permitía recorrer cada año las decenas de miles de millas que separaban las Filipinas de Europa. De Sevilla a Cartagena de Indias (actual Colombia) o Portobello (actual Panamá), navegación por el Atlántico. De Veracruz a Acapulco por el Camino de los Virreyes o por los diversos pasos interoceánicos del Istmo de Panamá, prolegómenos del Canal actual y anticipado por algunos proyectos coloniales españoles de construcción de tal canal. Desde Acapulco a Manila mediante el galeón del mismo nombre por la ruta sur de los alisios. Regreso por la ruta descubierta por Urbaneta y retorno a Sevilla por el norte del anticiclón de las Azores hasta Sevilla.

La carrera de Indias y la carrera de Filipinas.
             


  



Corrientes y vientos.

Hasta las primeras décadas del siglo XVI la navegación entre Sevilla y América se realiza en buques aislados. A partir de 1526 la Casa de Contratación regula que los navíos deben hacer el viaje agrupados en flotas. La Flota, con un recorrido único hasta las Antillas, se dividía más tarde en dos convoyes: las Antillas y las costas del Caribe y Veracruz. A la vuelta los galeones se reunían en la Habana para volver a Sevilla. Hacia 1576 se establece la ruta del Pacífico que unirá Acapulco con Manila. Se cierra así un ciclo de 30.000 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, dos años por término medio. En 1789 desaparece el sistema de flotas y se crea la estructura de los consulados y las compañías marítimas incluida la de Filipinas. En 1815 se suprime el Galeón de Manila y en 1869 se abre el Canal de Suez iniciándose otras rutas hacia el Oriente, uniéndose los mundos a través de otros caminos.

Plano geográfico del reino de Nueva España, con los caminos terrestres al final del  Virreinato. Gonzalo Lopez de Haro.1810.

Los barcos se encargaban de la defensa de la mar y las fortificaciones de la defensa de la tierra.

La ingeniería española de ultramar ordenó el territorio, cuyo significado incluye, además de las labores urbanísticas, de las que hay claros ejemplos de la cuadrícula española, la construcción de redes de transporte; carreteras, puentes, ferrocarriles, faros y señales marítimas. Contribuyó a la mejora de la calidad de vida y el bienestar mediante la construcción de una notable estructura; saneamiento y canalización del agua, mercados, fábricas e industria, sin olvidar la cultura y la religión; la catedral de Manila, colegios y Universidad.

Navío de 74 cañones de bandera española



En Filipinas los grandes edificios civiles, como el Palacio de Gobierno, el Ayuntamiento y la Aduana representaban a las instituciones de Gobierno de la administración española, formando parte del sistema administrativo adoptado por la Corona para sus territorios de ultramar. 

Desde el siglo XVI estas islas se constituyen como un enclave dependiente del virreinato de Nueva España. A su frente estaba un Gobernador que era además capitán General de Archipiélago. Manila fue la sede del Gobierno Central y los municipios se organizaron de acuerdo con el modelo peninsular.

Y con este bagaje se desarrolló esta historia, brevísima y modestamente planteada en estas líneas y que supuso un acercamiento cultural entre dos orillas, una historia común de más de tres siglos y de un viaje a través de los océanos del espacio y del tiempo.

Fragata de 52 cañones construida y aparejada a la inglesa. Diccionario demostrativo... del Marqués de la Victoria. Cádiz, 1719-1756












 Dibujo de un navío de finales del siglo XVII, realizado sobre pergamino.

 Navío español de 112 cañones. Siglo XVIII


 Ciudad de Manila. Tomas Sanz. 1784.
 Obras de encauzamiento contra los sedimentos que aterraban la desembocadura del río Pasig. 1757.


 Proyecto faro metálico, bajo de San Nicolás, Bahía de Manila. 1876
        Puerto y Arsenal de Cavite.1832.
 Puente de España sobre el río Pasig.1876
 Puente de la Convalecencia en Manila. 1876


 Fachada principal de la catedral de Manila.

  
 

 Reconstruida hasta siete veces a causa de los terremotos, incendios y tifones. 1581-1592-1614-1654-1750-1870-1940.

Dicen los que conocen la Filipinas actual que hay pocos recuerdos culturales de España y casi ninguno de nuestra lengua. Viajemos nosotros de modo virtual aunque sea mediante la lectura de la historia de aquella España Colonial, con un cargamento de acercamiento cultural, que sirva para conocerse y

 reconocerse.

 Manila y sus cercanías en 1802.





Los días del futuro se alzan ante nosotros
Como una hilera de velas encendidas, doradas, vivaces, cálidas velas.
Los días del pasado quedaron tan atrás, fúnebre hilera consumida
Donde las más cercanas aún humean, velas frías, torcidas y deshechas.
Miro ante mí las velas encendidas.
Konstantinos Kavafis

Que el Galeón hinche sus velas encendidas y vuelva a navegar.
De Sevilla salió el Azahar, en forma de esencia dulce… y amarga, de Manila volvió la canela, en forma de sabor oriental.

Ángel González

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15 fecundos días de 1860... una gran victoria en África y una insurrección carlista sofocada.




Organizacion del ejército expedicionario en África 


General en jefe, el capitán general D Leopoldo O'Donnell conde de Lucena. 
Jefe de estado mayor general, el mariscal de campo D. Luis García. 

Cada cuerpo de ejército contaba con 15 infantes de guardia civil con 15 caballos.

Capitán general Leopoldo O'Donnell, litografía por Antonio Pirala




PRIMER CUERPO


General, el mariscal de campo D. Rafael Echagüe Bermingham, conde del Serrallo. 
Una brigada de vanguardia y una división con dos brigadas , artillería, ingenieros y caballería.


                                  
Mariscal de campo D. Rafael Echagüe Bermingham, conde del Serrallo.
Grabado Badillo/Carretero




SEGUNDO CUERPO


General, el teniente general D. Juan Zabala y de la Puente, conde de Paredes.
 Dos divisiones con dos brigadas cada una, artillería, ingenieros y caballería.


El General Juan de Zabala con uniforme de los Húsares de la Princesa. 
Óleo de Vicente López




TERCER CUERPO


General, el teniente general D. Antonio Ros de Olano. conde de Almina.
 Dos divisiones con dos brigadas cada una, artillería, ingenieros y caballería.


Teniente general D. Antonio Ros de Olano, militar y escritor




CUARTO CUERPO


General, el teniente general D. Juan Prim y Prats,  conde de Reus. 
Dos brigadas y artillería.


Teniente general D. Juan Prim y Prats




DIVISIÓN DE CABALLERÍA 



Mariscal de campo D. Félix Alcalá Galiano


General, el mariscal de campo D Félix Alcalá Galiano, marqués de San Juan de Piedras Altas 
Jefe de estado mayor, el coronel comandante D. Camilo San Román. 


Primera brigada:
Jefe, el brigadier D. Blas de Villate.
Fuerzas:
Un escuadrón de coraceros del Rey.
Un escuadrón de coraceros de la Reina. 
Un escuadrón de coraceros del Príncipe. 
Un escuadrón de coraceros de Borbon.
Un escuadrón  de húsares de la Princesa. 


Segunda brigada:
Jefe, el brigadier D. Francisco Romero Palomeque. 
Fuerzas: 
Dos escuadrones de Farnesio
Un escuadrón de Santiago
Un escuadrón de Villaviciosa 
Artillería: 
Tres escuadrones del regimiento a caballo con 12 piezas. Jefe del parque, el primer comandante, segundo jefe del cuarto regimiento, don Santiago de Tapia Ruano. 


LA AMÉRICA
Madrid 8 de Abril de 1860.

REVISTA GENERAL / Nemesio Fernández Cuesta

Los últimos quince días han sido fecundos en acontecimientos: una gran batalla en Marruecos; la paz; una insurrección carlista en la península; su sofocación inmediata y la vuelta de los primeros batallones del ejército de África. 

Vamos por partes. 

Después de la batalla del 11 de marzo seguíanse negociaciones de paz entre Muley Abbas y el general en jefe; pero no habiendo dado resultado se dispuso el ejército desde el dia 22 para emprender su movimiento sobre el Fondack, en el camino de Tánger, á tres leguas y media de Tetuan. A las cuatro de la mañana del 23 un cañonazo disparado desde la Alcazaba, dió la señal de batir tiendas y á las ocho comenzó el movimiento. El general Rios con cinco batallones de la división de reserva, tres de la vascongada, mandados por el general Latorre, y dos escuadrones de lanceros, subió por la derecha los montes de Sarasa, con el objeto de situarse en los cerros que dominan la izquierda de Wad-Ras ó valle del Cabo, por donde corre el rio Buceja, y desde allí protejer la marcha del ejército, recibir los heridos y sostener las comunicaciones entre aquél y Tetuan. Poco después el primero, segundo y tercer cuerpo emprendieron el movimiento por la orilla del Guad-el-Jelú hacia el Fondack, y el general Makenna con la primera division del cuerpo de reserva cubria la retaguardia. Apenas las tropas habían caminado media legua, vieron cubrirse los montes de enemigos, y á la legua ya las guerrillas del primer cuerpo habían roto el fuego. Los marroquíes, en número de cuarenta y cinco á cincuenta mil hombres entre tropas regulares e irregulares, se habian adelantado al encuentro de nuestro ejército, y en vez de esperarle en sus posiciones del Fondack, las tomaron avanzadas en la confluencia del Jelú con el Buceja. El choque fué terrible: los moros pelearon con mas brio y decisión que nunca; el valor de nuestras trapas subió de punto á medida de la resistencia; hubo posiciones tomadas, perdidas y recobradas varias veces; multiplicáronse los actos de heroísmo hasta que al fin los moros comenzaron á desmayar ante las cargas del general Prim y las maniobras ejecutadas por los demás generales, y del desaliento pasaron á la retirada; levantaron precipitadamente sus tiendas, temiendo que cayesen segunda vez en nuestro poder, y se dispersaron en todas direcciones. La pérdida del enemigo en esta jornada fué inmensa; la nuestra, no pequeña, consistió en 137 muertos, 956 heridos y 218 contusos, que hacen un total de 1.311 bajas. De los voluntarios catalanes hubo 8 muertos y 122 heridos:
El general Prim, después de la batalla, les preguntó si quedaba aun bastante número de voluntarios para otra acción.
--Aun somos bastantes.
--¿Y para otra? repuso el general.
—Para otra no, respondieron aquellos héroes, y ciertamente no exageraban.

Al dia siguiente 24, el general en jefe dio descanso al ejército, que como era de suponer se hallaba muy fatigado, llevando el soldado además de su equipaje, raciones para ocho dias, que algunos, con la imprevisión natural del soldado, tiraron durante la acción para pelear mas á la lijera. En aquel dia se presentaron de nuevo comisionados de Muley Abbas á pedir la paz. El general O'Donnell les contestó que en la mañana del inmediato pensaba continuar su marcha y que si querian la paz debían aceptar antes de la mañana siguiente las proposiciones que últimamente les tenia remitidas. En efecto, al amanecer del 25, cuando ya se habia dado la orden de batir tiendas, llegaron los parlamentarios moros con Muley Abbas y celebrándose una nueva conferencia quedaron ajustados y firmados los preliminares de la paz.

El autor de estas líneas celebra que el ejército, que tanta gloria ha alcanzado en esta campaña y tan bien puesto ha dejado el honor nacional, descanse de sus heroicas fatigas y vuelva a su país a obtener la debida recompensa; celebra también que la nación se vea exenta de los sacrificios que la guerra le impuso y haya adquirido un nuevo título al respeto y consideraciones de las demás; pero en cuanto á las condiciones con que la paz se ha hecho y que en otro lugar hallarán los lectores, se remite a lo que tiene manifestado en anteriores Revistas.  Esta es opinión particular especial del que escribe las presentes líneas, que no cree oportuno repetir ahora ni sostener con nuevos argumentos lo que ha dicho en otras ocasiones.

Pasemos ahora á hablar de la conspiración carlista. La conspiración carlista existe desde que este partido quedó disuelto en Vergara; el partido carlista no ha dejado de conspirar, y desde 1859 apenas se ha pasado circunstancia que á su juicio haya tenido visos de favorable, que no haya sido por él aprovechada para hacer una manifestación mas ó menos ilegal ó ruidosa de su constancia y de sus sentimientos. Unas veces dejando de ser guerrero se ha metido á cortesano, y aun á parlamentario; otras veces ha sido cortesano y guerrero á un mismo tiempo; ya ha empuñado el fusil, ya el incensario, ya se ha adornado con la librea; ha tomado todas las formas y ha marchado á su objeto, aunque hasta ahora con poca fortuna, por todos los caminos. Hasta 1857, de todas sus evoluciones pacíficas y belicosas no había sacado sino frutos negativos: habia impedido el mando de sus mas terribles adversarios, pero no habia podido jamás llegar al logro completo de sus deseos. Hubo un momento en 1852 en que pensó haber progresado inmensamente; pero 1854 vino á destruir sus ilusiones. Sin embargo, desde 1857 sus progresos eran notables: adelantaba en la oscuridad, pero las manifestaciones de sus adelantos eran visibles; se veia atravesar su sombra fatídica por ciertos sitios del horizonte político y el eco de su voz se oía distintamente en varios ángulos.

El carlismo tiene dos fases: la una la dinastía de Don Carlos; la otra el poder absoluto y el derecho divino de los reyes. Presentando al poder la cara del derecho divino, guardaba la otra cara para sus partidarios, y bajo la máscara del absolutista monárquico, se ocultaba generalmente el carlista. De este modo pudo hacerse lugar en muchas partes, y obtener influencia y luchar á veces con ventaja y hasta vencer en ciertas cuestiones, mas ó menos secundarias, pero importantes. El gobierno de la unión liberal no habia conseguido arrojar á la reacción de sus posiciones: testigos la constitución Narvaez, la ley Nocedal y el concordato, y no presentamos mas que estos tres porque no hacen falta otros.

Con estos antecedentes fácil es suponer que los elementos acumulados en muchos años de trabajo asiduo y en tres de provechosas tareas, habian de dar resultados como los que presenta la insurrección de que vamos á hablar. Esa insurrección no es mas que una corriente de lava, escapada, tal vez prematuramente , del volcan que arde en lo interior de la situación y que se ha abierto paso desgarrando uno de sus costados. Atajada prontamente , el volcan continúa ardiendo en silencio ; y si no se toman precauciones muy minuciosas y esquisitas, tarde ó temprano nuevas y cada vez mas terribles erupciones harán temblar el suelo que pisamos. Bueno es decir, sin embargo, que la libertad está fuera del alcance del peligro: tiene por garantía la voluntad del pueblo y el pueblo la defenderá cuando sea necesario. Vengamos á la narración de los sucesos, advirtiendo que sobre ellos no vamos á decir nada que no resulte de los partes oficiales ó de lo que los periódicos del gobierno competentemente autorizados y debidamente fiscalizados, han referido al público.

El mariscal de campo D. Jaime Ortega, capitán general de las Baleares , reunió una fuerza de 2 a 3000 hombres con algunas piezas de artillería; y el 1 de abril, en cinco vapores, dos de ellos extranjeros, fletados en Marsella se embarcó para la península, con la intención de proclamar á Carlos VI constitucional. Según los partes publicados, traia órdenes falsas del gobierno para tomar el mando del segundo ejército y distrito, ó sea de Cataluña, reemplazando al general Dulce. Creia que á su llegada se habrian levantado los carlistas de Zaragoza, Valencia y Andalucía ; venian con él el general carlista Elío y otros personages que se suponen ser Montemolin, D. Juan su hermano y Cabrera; y esperaba que hallándose al desembarcar con una fuerza carlista con la cual pudiese amalgamar la que llevaba engañada ,esta, en vista de la situación de las cosas, se resignaria á seguir el movimiento, y en caso de abandonarle lo haría cuando ya no fuese tan necesaria su cooperación.

Por lo que parece, el plan estaba combinado para apoderarse de todo el distrito militar de Cataluña mientras se levantaban gruesas partidas en Aragón y Valencia: tal vez se esperaba en Madrid mismo un movimiento, y se figuraban los conspiradores que estando el ejército ocupado en África, la milicia nacional extinguida y desarmada y el pueblo cansado de trastornos y poco dispuesto á sacrificios , sería facil empresa instalar á Montemolin en el trono de España , tanto mas, cuanto que se le adornaba con el epíteto de constitucional.

Los cálculos de la conspiración salieron esta vez fallidos. Al desembarcar en San Carlos de la Rápita, el general Ortega ni halló fuerza carlista con que poder amalgamar su gente, ni tuvo las noticias que esperaba de movimiento alguno, antes bien supo que en Valencia, Zaragoza, Andalucía y Madrid se gozaba de la mas perfecta tranquilidad , asi como en el resto de España. Ya empezaba su tropa á murmurar y los jefes y oficiales á indagar el objeto con que se les había sacado de las Baleares, mientras que llamaban la atención los misteriosos personages que rodeaban á Ortega, cuando al oír el grito de «viva Carlos VI» no quedándoles ya duda de los planes de aquel, se echaron los fusiles á la cara y le hicieron huir á uña de caballo con sus acompañantes.
Los oficiales se presentaron entonces á la autoridad y pasaron á Tortosa mientras la tropa se alojaba en el arrabal,  y Ortega, perseguido en todas direcciones, se dirigió al Maestrazgo. Las últimas noticias nos dan cuenta de la prisión de Elio y uno que dice ser su secretario, en Vinaroz, y la de un ayuda de cámara de Ortega que llevaba su equipage y correspondencia.

De esta manera ha concluido la intentona: la correspondencia hallada dará sobre ella alguna luz; pero nosotros creemos que tardará mucho tiempo en disiparse por completo la oscuridad tenebrosa de este asunto, no habiendo tenido lugar de manifestarse muchos de los elementos con que indudablemente debió contar Ortega, á no ser que se le califique del hombre mas irracional y estúpido del mundo.......

Infante Carlos Luis de Borbón y Braganza conde de Montemolín.



Guillermo

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