EL REAL SEÑORÍO DE MOLINA




EL REAL SEÑORÍO DE MOLINA

 

La  Muy Noble, Leal y Fidelísima Ciudad de  Molina de Aragón, antes llamada de los Condes y también de los Caballeros, capital del Señorío de su nombre, es una ilustre villa cargada de historia, en la provincia de Guadalajara, a las puertas de cuyo recinto amurallado llegué en una muy fría mañana de Diciembre de 1.978, al mando de una Patrulla Militar de Reconocimiento de la Brigada de Infantería Mecanizada XI y con la misión de realizar unos levantamientos topográficos en la zona. Establecido el vivac de la patrulla en las inmediaciones del pueblo y tras cumplimentar al alcalde y al comandante de Puesto de la Guardia Civil – a quienes desde aquí, y después de tantos años les reitero mi gratitud y afecto por las muchas facilidades que me dieron para que llevase a cabo de la mejor manera la misión que tenía encomendada- me dispuse a aprovechar mis escasos ratos libres, en imbuirme en la historia y heroicas vicisitudes acaecidas a lo largo de los siglos, en tan ilustre villa. Esta es, siquiera sea en forma breve y resumida, su apasionante historia.

 


                De origen celta, poco sabemos de Molina en la antigüedad. Sánchez Portocarrero. Ilustre molinés, aventura que su fundación pudo deberse a Molión, personaje mitológico; pasando con el transcurrir de los años a llamarse Moliona, y también Maulía y Maxilissa, y por fin Molina. Pasa Roma conquistadora de imperios y Molina siente sobre su calzada el paso marcial de las legiones, dejándonos como legado histórico, un magnífico puente romano sobre el Río Gallo, que aún hoy, después de tantos siglos, conserva firme su calzada y airosa su grácil silueta. Los árabes invadieron el territorio molinés después de haber puesto su planta en Toledo, y  Molina pasa a depender del Califato de Córdoba, y al desmembrarse éste, depende unas veces de los reyes moros de Toledo y otras, de los de Zaragoza, Valencia y Albarracín. Reconquistada por Alfonso I el Batallador en 1.129, nueve años mas tarde, en 1.138, el Conde Don Manrique de Lara funda el Señorío de Molina y se convierte en su Primer Señor, dotándola en 1.142, de un magnífico tratado jurídico denominado FUERO DE MOLINA, que hoy, transcurridos mas de ocho siglos, aún se conserva custodiado en el Ayuntamiento de la ciudad. Este códice valiosísimo –que merced a la generosidad del Alcalde de Molina pude tener entre mis manos- joya de nuestros incunables, que comparte antigüedad y nobleza con el propio Cantar de Mio Cid, está escrito en romance castellano, sobre pergamino auténtico y cuya grafía ha permanecido inalterable con el paso de los siglos. No sabemos el nombre del escribano que lo realizó, pero desde aquí le rindo mi modesto homenaje de admiración por la pulcritud y belleza de su caligrafía. Posiblemente fuese un monje del “Mester de Clerecía”; aquél “Menester u oficio de clérigos” que cantaron a la Virgen Nuestra Señora, utilizando el curso rimado de la cuaderna vía, y que desde la soledad del claustro de algún convento de los que por aquellas calendas se fundan en Molina, lega a la posteridad esa joya inapreciable, cual es el Fuero de Molina.



                La ciudad, por este tiempo (Siglo XIII) se convierte en corte de la poderosa familia de los Lara, que la mandó repoblar, y que hizo del Monasterio de Huerta, en tierras de Soria, su panteón. A Don Manrique de Lara, Fundador del Señorío y su Primer Señor, le sucede su hijo el conde Don Pedro Manrique de Lara (1.167), y a este, el también su hijo Don Gonzalo Pérez de Lara, III Señor de Molina (1.212), que dota al Señorío de nuevas leyes y privilegios y combate con sus molineses, junto a Alfonso VIII, el día glorioso de las Navas de Tolosa (16 de Julio de 1.212). Por la “Concordia de Zafra” (1.223) se puso fin a las contiendas entre Don Gonzalo y el Rey Fernando III de Castilla, acordándose en la misma que Doña Mafalda Manrique de Lara, hija de Don Gonzalo contraería matrimonio con el Infante Don Alfonso, hermano del Rey Fernando, y que a la muerte de su padre heredase el Señorío de Molina –pese a tener Don Gonzalo un hijo varón- el cual cedería a su esposo Don Alfonso. La “Concordia de Zafra” fue el origen de la futura incorporación del Señorío de Molina a la corona castellana,

 

El año 1.239, fallece Don Gonzalo Pérez de Lara, heredando el Señorío –según lo pactado en Zafra- su hija Doña Mafalda, quien lo cede a su esposo Don Alfonso que se convierte así en el IV Señor de Molina. Los Infantes Don Alfonso y Doña Mafalda, fueron los padres de Doña Blanca Alfonso, V Señora de Molina, que heredó el Señorío en 1.262, y según el ilustre historiador molinés Don Claro Abanades López era: ”de una belleza no común, valerosa, enérgica, amable, de alma grande y corazón magnánimo, cuidadosa del bienestar de sus súbditos y pendiente en el gobierno de su Estado”. A su fallecimiento en Molina el 15 de Mayo de 1.293 (1), y según cláusula testamentaria, legó el Señorío a su hermana Doña María (2)Reina de Castilla y León y, desde ese día, VI Señora de  Molina. (Esto fue así, por haber desaparecido misteriosamente el esposo de Doña Blanca, el Infante Don Alfonso El Niño, hijo de Alfonso X El Sabio, y haberle precedido en el óbito sus dos hijas Mafalda e Isabel). En el Señorío se lloró mucho la muerte de su Señora Doña Blanca, pues eran muchas las buenas cosas que había hecho por el mismo a lo largo de su mandato. Añadió importantes cláusulas al “Fuero de Molina”, acabó las obras del impresionante castillo-alcázar que domina la ciudad; hizo un segundo recinto  y lo cercó de murallas con torreones, fosos y barbacanas. En el apartado social, consiguió, a través de su hermana la Reina Doña María, la exención de ciertos impuestos y almojarifazgos a favor de los habitantes del Señorío; protegió a los trabajadores del campo y premió a los jóvenes que se distinguían en artes y oficios mecánicos. El Rey Don Sancho IV junto a su esposa Doña María hicieron su entrada solemne en Molina el día 10 de Junio de 1.293, disponiendo de inmediato la celebración de solemnes honras fúnebres por Doña Blanca en el templo de San Francisco y en el convento de Santa Clara,  donde fue inhumado el cuerpo de la Infanta-Señora. Finalizadas las exequias, Don Sancho, tomó posesión del Señorío en nombre de su esposa la Reina Doña María.

 

La Reina Doña María junto a su hermana Doña Blanca, son las dos más egregias personalidades del Señorío de Molina. Tan es así, que Doña María, pese a los numerosos títulos, grandezas y señoríos que ostentó en su larga y azarosa vida – Reina de Castilla y León, por su matrimonio con el Rey Sancho IV El Bravo; Reina Regente a la muerte de su esposo y durante la minoría de edad de su hijo Fernando IV y de su nieto Alfonso XI-  siempre prefirió adicionar a su nombre el título que le otorgaba la capital de su Señorío y donde vio la luz por vez primera: DOÑA MARÍA DE MOLINA, con el que ha pasado a la Historia. Desde su nacimiento, Doña María siempre llevó a Molina en su corazón, si bien y por desgracia, sus estancias en la capital del Señorío, fueron cada vez mas escasas y esporádicas, debido a las múltiples luchas y disputas que hubo de sostener en sus largas y dificilísimas regencias, al objeto de que no le arrebatasen la corona, primero a su hijo Fernando, y a la muerte de éste(3), a su nieto Alfonso.  La Reina Doña María, VI Señora de Molina, falleció en Valladolid el 1º de Julio de 1.321, siendo enterrada en el Monasterio de las Huelgas Reales, de dicha ciudad – fundado a sus expensas-, para descansar después  definitivamente junto a su esposo Sancho IV, en la capilla de Reyes Nuevos de la catedral de Toledo. En su testamento dejaba el Señorío a su nieto el Rey Alfonso XI, que inicia la egregia nómina de Reyes de Castilla y mas tarde los de España, que ostentan el título de “SEÑOR DE MOLINA”, que en la actualidad ostenta nuestro Monarca Don Juan Carlos I.




En cuanto a su denominación de Molina de Aragón, con la que se conoce a la capital del Señorío, no deja de ser curiosa por demás, sobre todo si se tiene en cuenta que Molina solo ha pertenecido a lo largo de su historia seis años a Aragón: desde el 5 de Julio de 1369, en que fue cedida por los molineses a Don Pedro IV El Ceremonioso –disgustados estos por la cesión que del Señorío había hecho Don Enrique de Trastámara a Don Beltrán Dusguesclin- hasta el 20 de Mayo de 1375, en que el Señorío revierte a la Corona de Castilla, por la boda del Príncipe Don Juan, hijo del Rey de Castilla con la Infante Doña Leonor, hija del de Aragón.


En la Guerra de Sucesión entre Doña Isabel de Castilla y Doña Juana La Beltraneja, Molina toma parte activa por la Reina Doña Isabel, y dícese que molesta esta con los habitantes de Medina del Campo, por haberle negado en Cortes convocadas en dicha ciudad los créditos oportunos para hacer frente a las necesidades de la guerra, hasta el punto de tener que echar mano de un tercio de los bienes de la Iglesia, y habiéndose distinguido en defender los intereses de la soberana un caballero apellidado Malo, de la Villa de Molina, Doña Isabel pronunció la siguiente frase que ha recogido la historia “Mas que buenos de Medina valen Malos de Molina”, con lo que ensalzó el Señorío de este nombre y refundió en uno solo el ilustre apellido del noble molinés, legando a sus descendientes el apellido de “Malo de Molina”.
 


Durante la Guerra de la Independencia se creó en Molina de Aragón una Junta de Defensa presidida por el Corregidor Don Antonio Vilariño, que en la mañana del 10 de Junio de 1808 movilizó y reclutó alzando bandera por don Fernando VII, a todos los hombre útiles del Señorío, formando un batallón de cuatro compañías y un escuadrón de Caballería que se cubrió de gloria en el transcurso de la guerra. El 26 de Marzo de 1809, el general francés  Souchet penetró en Molina al frente de sus tropas y tomó la ciudad, viéndose obligado a abandonarla al poco tiempo, merced al arrojo y al bravo pelear de los molineses,  quienes cuenta la tradición que, al carecer de artillería, hacían sus “cañones” ahuecando troncos de olmo a los que reforzaban con cuerdas embreadas. El 14 de Septiembre de ese mismo año (1809) tropas francesas al mando del general Roquet  toman de  nuevo la heroica villa de Molina, donde Roquet sitúa su puesto de mando; hasta que hostigado casi a diario por las guerrillas de Juan Martín el Empecinado, abandona la ciudad el 2 de Noviembre 1810, tras ordenar que le prendan fuego a toda ella.  Arde Molina en la noche de tan fatídico día presa de las antorchas francesas, sin más delito que el de haber luchado con tesón por la independencia de la Patria.

 

De su esplendor medieval, conserva Molina las torres vigilantes de su recinto amurallado sobre el cerro a cuyos pies reposa. Cuatro torres de evocadores nombres quedan aún en pie del otrora poderoso recinto defensivo. De las once parroquias que la ciudad tuvo en épocas pretéritas, se conservan tres, a las que hay que añadir el viejo convento de Santa Clara, obra de transición románico-gótica, donde está sepultada la Infanta Doña Blanca, su fundadora. Y ya en apretada síntesis resaltar, que durante el siglo XIX y primeras décadas del XX, hijos de Molina participan en cuantas contiendas se llevan a cabo bajo los colores de la bandera de  España. El héroe mas destacado es el insigne molinés Don Félix Arenas Gaspar (aunque nacido accidentalmente en Puerto Rico, se crió y educó en Molina) Capitán de Ingenieros y Caballero Laureado de la Real y Militar Orden de San Fernando, muerto gloriosamente por la Patria en tierras de África en el trágico mes de Julio de 1.921. Molina, agradecida erigió un monumento en honor de su heroico hijo; monumento que fue descubierto el día 5 de Junio de 1.928, en solemne acto presidido por S.M. El Rey Don Alfonso XIII, Señor de Molina, que se desplazó hasta la capital del Señorío a tal efecto, tributándosele un grandioso recibimiento por parte de todo el vecindario y con la hidalguía y nobleza que se desprende de la leyenda que reza en el escudo nobiliario del Fundador del Señorío “NOS NON VENIMOS DE REYES, QUE REYES VIENEN DE NOS”. Este apoteósico recibimiento se repetiría cincuenta años mas tarde, en la persona de un nieto de Don Alfonso XIII, S.M. El Rey Don Juan Carlos I, quien en unión de la Reina Doña Sofía, hizo su entrada triunfal en Molina, en la mañana del 20 de Abril de 1.978, para tomar  posesión del Señorío, como su XXXI Señor.


 

                Y cierro estas líneas sobre Molina, con las palabras del gran escritor y periodista César González Ruano, cuando dice Molina me parece una de las ciudades históricas mas bellas y completas que he conocido. Cargada de escudos, de recuerdos, de grandeza admirada y serena; parece Molina una gran señora que se ha apartado del mundo y vive sola y retirada leyendo su Libro de Horas; un Libro de Horas sin manecillas de minutos”. Esta es la Molina de hoy.
                                          

 

NOTAS

 

1.        La escritora Almudena de Arteaga, en una biografía sobre Doña María de Molina, afirma que Doña Blanca se suicidó arrojándose al vacío desde una de las torres que completaban el recinto amurallado de Molina de Aragón. He investigado en libros y documentos de Molina sobre este luctuoso hecho y la verdad es que no he podido constatar la veracidad de este aserto.

 

2.        Doña María de Molina era hermana de padre de Doña Blanca, toda vez que al fallecer Doña Mafalda Manrique de Lara, primera esposa del Infante Don Alfonso y madre de Doña Blanca, éste contrajo segunda nupcias con Doña Teresa Gutiérrez de Lara y al enviudar de nuevo, casó por tercera vez con Doña Mayor Alfonso Téllez de Meneses, madre de Doña María de Molina.

 

3.        Don Fernando IV, falleció repentinamente en la frontera de Jaén, el día 7 de Septiembre de 1312; justo al mes de que fuese “emplazado” por los hermanos Juan y Pedro de Carvajal a comparecer ante el Tribunal de Dios, al ser condenados –al parecer sin pruebas fehacientes- a morir arrojados desde la peña de Martos, acusados de un crimen que tal vez no cometieron. Los restos mortales del Rey Fernando IV, se inhumaron, en un principio, en la Catedral-Mezquita de Córdoba para pasar después (el 8 de Agosto de 1736) a la Real Colegiata de San Hipólito en la capital cordobesa, donde reposan en la actualidad junto a los de su hijo el Rey Alfonso XI.

 

4.        El jovencísimo Rey Luis I de Borbón (1707-1724), que pasó a ceñir la Corona de España en Enero de 1724, por abdicación de su padre Don Felipe V; Señor de Molina de “iure” no llegaría a serlo de “facto”, al no tomar posesión del Señorío por su muerte repentina,  pues falleció de viruelas, el 31 de Agosto de 1724, a los diecisiete años de edad y tan sólo a los siete meses de Reinado, volviendo la corona de nuevo a su padre Felipe V, que ya la ciñe hasta su fallecimiento en 1746.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

·         ABANADES LÓPEZ.-  Claro.-  “EL REAL SEÑORÍO MOLINÉS”  Ilustrísimo Ayuntamiento de Molina .- Talleres Tipográficos Malvar ( Madrid 1966)

 

 

                                                                                                                      Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ

Profesor Mercantil, Economista y
Comandante de Infantería

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EL 7º DE CABALLERÍA NO HA MUERTO.
















Por todos son conocidas las hazañas del 7º de Caballería, pero esta vez no voy a hablar del famoso Regimiento Americano.

Como reza en su página principal www.7decaballeria.blogspot.com somos un grupo al que "nos une la afición a las motos, los caballos, y a pilotar toda clase de artefactos/as" entre otras cosas, y como aún no puedo publicar en dicha página, tengo ahora un proyecto y tiempo libre, y lo más importante, que aquí cada uno viene a "hablar de su libro", pues yo os hablo hoy del mío.

Tras sufrir un aparatoso pero milagroso accidente en octubre del año pasado con mi antigua HD SPORTSTER IRON 883:


Recientemente recibí mi nueva máquina, HD DYNA STREET BOB:



Y como el espíritu jinete es así y uno no puede parar quieto, aprovechando un viaje que tengo que hacer por compromiso familiar voy a hacerle unos km a la máquina para hacer un buen rodaje al motor nuevo. 

El trayecto:



Hasta aquí no hay nada que se salga de lo normal, pero todo esto es el comienzo de mi preparación personal para conseguir la acreditación Saddle Sore de la Iron Butt Asociation (IBA) americana, de la cual hablaré ya en el blog del 7º cuando "Papi" me de permiso para publicar.

Servidumbres:
- Llegada a destino NLT 1200.

Limitaciones:
- No utilizar autovías. 

Consecuencias:
- Frío, mucho frío. 
- Posible hielo en la carretera. 

Acciones derivadas:
- Abrigarse. Crítico las manos. 
- Salida con tiempo para ir tranquilo y sin presión. 

Si todo va bien, a la finalización de esta primera toma de contacto publicaré la crónica correspondiente. 

Continuará...

Chevi Jr.

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UN BAÑO DE ESPAÑA. ES NAVIDAD.


 
 
Javier Mendizábal
 
PATER





El sacerdote de las víctimas
Como homenaje y recuerdo
                                  

 

Corrían los años 80, los asesinados por ETA se contaban por decenas al mes y la mayor parte de la sociedad vasca no se inmutaba al ver el cuerpo de un policía con un tiro en nuca.
Los obispos de entonces no hicieron mucho por aliviar el sufrimiento de las víctimas. Mujeres, padres e hijos tenían que enterrar a sus seres queridos de forma clandestina. En las misas jamás se nombraba la causa de la muerte y solo se pronunciaban las iniciales del fallecido. Para muchos, el asesinato iba incluido en el sueldo.
En medio de esta situación vivió Javier Mendizábal. Era sacerdote en la iglesia de San Nicolás, en Bilbao. Fue el único párroco que dio a las víctimas lo que hasta entonces se les había negado: dignidad.
Celebró los funerales de todos a los que los terroristas arrebataron su vida. Pronunció sus nombres completos y afirmó sin miedo que eran héroes. Y como tales los trató.
Esto fue más de lo que el obispo de Bilbao pudo soportar. Le apartó de su parroquia y le recluyó en su casa. Las víctimas reaccionaron pronto. La Policía, la Guardia Civil y el Ejército le acogieron y se convirtió así en el Páter. En el que oficiaba todas las misas para estos Cuerpos.
Se le veía por los pasillos de las comisarías, con sotana, txapela y las condecoraciones al valor que se había ganado a pulso, siempre con una palabra de aliento y consuelo para los que no se atrevían a tender su uniforme por miedo a una muerte por la espalda.
Javier Mendizábal murió el viernes en Bilbao. La parroquia de San José se llenó hasta los topes de gente que no ha olvidado que él fue el sacerdote de las víctimas. El que alzó la voz para denunciar lo que estaba pasando, para despreciar a los que asesinaban a inocentes, para ofrecer su hombro al que sufría por culpa del terrorismo. Un hombre generoso y valiente que dejó un recuerdo imborrable entre los que luchaban por España en el País Vasco.
ETA se ha acabado. Pero no debe hacerlo a cualquier precio. Muchos están intentando pervertir la palabra “víctima”. Igualar al que muere asesinado al que lo hace porque la bomba que iba a poner debajo del coche de un inocente estalla antes de tiempo.
Quizá la historia de este sacerdote sirva para no olvidar que no todos los muertos son iguales, nunca lo fueron.  Para recordar a cada hombre que dio la vida por defender la libertad. Para entregar a las víctimas lo que nunca les debió ser arrebatado: dignidad y justicia.
 

 
 
 

El asesinato de Primo de Rivera 



 
En marzo de 1936 el Gobierno del Frente Popular encarceló a José Antonio Primo de Rivera con la excusa de una posesión ilegal de armas de fuego. La misma izquierda que había montado la Revolución de Octubre (casi 1.400 muertos) y desperdigado patrullas que cortaban las carreteras se escandalizaba de que el fundador de la Falange Española de las JONS tuviera dos pistolas en su casa. Al no haber salido elegido diputado en las elecciones de febrero, José Antonio carecía de la inmunidad que daba un acta parlamentaria, aunque a José Calvo Sotelo ésta no le salvó cuando un comando terrorista socialista le sacó de su domicilio para matarle. El Gobierno de izquierdas también impidió que se pudiera presentar como candidato de las derechas a las elecciones repetidas en Cuenca en mayo.
El Gobierno ordenó su traslado a la cárcel de Alicante a comienzos de junio, un mes antes del alzamiento del 18 de julio. Allí se le sometió a un juicio farsa, en el que los partidos del Frente Popular se volcaron para conseguir la condena del caudillo falangista, hasta el punto de coaccionar al jurado. La sentencia fue de pena capital porque se le consideró culpable del delito de rebelión militar. ¡Una persona que estaba encarcelada cuatro meses antes de que esa rebelión se produjese!
El 19 de noviembre de 1936 el Consejo de Ministros, presidido por el socialista Francisco Largo Caballero, el Lenin Español, recibió una petición de conmutación. Indalecio Prieto, ministro de Marina y Aire, y los cuatro ministros anarquistas (Juan García Oliver, Federica Montseny, Juan Peiró y Juan López Sánchez) votaron en contra. Sólo defendieron la conmutación los ministros de Izquierda Republicana, Carlos Esplá y Julio Just. El Gobierno dio colegiadamente el enterado y Largo Caballero lo firmó como presidente. La pena se cumplió el 20 en el patio de la cárcel de Alicante.
De todos los testimonios y relatos sobre la ejecución, el escritor José María Zavala ha recuperado en un libro reciente y de gran éxito (La pasión de José Antonio) el de un testigo presencial. Se trata del ciudadano uruguayo Joaquín Martínez Arboleya (1900-1984), que se encontraba en España el 18 de julio porque trabajaba en una sociedad financiera con clientes españoles. En Alicante vivía en una pensión y otro huésped le invitó a asistir a la ejecución del señorito, porque ésta fue pública, como los guillotinamientos de la Revolución Francesa y los apaleamientos de la Camboya de los jemeres rojos. Arboleya acudió para no levantar sospechas.

Tiros a las piernas

En su autobiografía Nací en Montevideo, editada en 1970, Joaquín Martínez Arboleya cuenta cómo se desarrolló la ejecución. El fusilamiento lo realizó un piquete de ocho milicianos del sindicato anarquista CNT. Antes que José Antonio se fusiló a dos falangistas y dos carlistas a los que el tribunal popular había absuelto, pero a los que condenó el odio de los izquierdistas.
José Antonio se enfrentó a los fusiles con un mono azul raído y unas alpargatas, como un miliciano más, aunque con las manos atadas a la espalda con grilletes. Rechazó con firmeza la venda para los ojos y cuando se dio la orden de disparar gritó con fuerza "¡Arriba España!". Sin embargo, no concluyó ahí su sufrimiento, según el relato de Martínez Arboleya.
José Antonio recibió la descarga en las piernas. No le tiraron al corazón ni a la cabeza; lo querían primero en el suelo, revolcándose de dolor. No lo lograron. El héroe cayó en silencio, con los ojos serenamente abiertos. Desde su asombrado dolor, miraba a todos sin lanzar un quejido, pero cuando el miliciano que mandaba el pelotón avanzó lentamente, pistola (a)martillada en mano y encañonándolo en la sien izquierda, le ordenó que gritase "¡Viva la República!" –en cuyo nombre cometía el crimen–, recibió por respuesta otro "¡Arriba España!". Volvió entonces a rugir la chusma, azuzando a la muerte. Rodeó el miliciano el cuerpo del caído y apoyando el cañón de la pistola en la nuca de su indefensa víctima, disparó el tiro de gracia.
A punto estuvo de apoderarse del cuerpo del fundador de la Falange una chusma enfurecida que sin duda habría cometido las mismas mutilaciones con él que las que se cometieron con el del general López Ochoa en Madrid: decapitación y desmembramiento. El forense José Aznar Esterela, presidente del Colegio de Médicos de Alicante, no realizó la autopsia preceptiva. Tampoco se inscribió la muerte de José Antonio en el Registro Civil; el certificado de defunción se expidió en Alicante en julio de 1940, terminada la guerra.
Por último, los objetos personales de José Antonio no fueron entregados a su familia, sino que Prieto se los quedó: una maleta que contenía cartas a su amor, una novela inacabada, fotos, útiles de aseo… Como con tantas cosas que no eran suyas (el tesoro del yate Vita robado en España a sus propietarios), Prieto se quedó la maleta. Al menos no la gastó, a diferencia del oro, las joyas y el dinero. Prieto, a quien muchos falangistas siguen considerando un patriota y casi un aliado, guardó la maleta en la caja de seguridad de un banco mexicano. En enero de 1977 el albacea de Prieto, el socialista Víctor Salazar, entregó a Miguel Primo de Rivera, sobrino de José Antonio, las llaves de la caja. ¡Cuarenta años de apoderamiento ilegal!

El mito del 'Ausente'

En su nuevo libro (La pasión de Pilar Primo de Rivera), Zavala añade que Pilar Primo de Rivera y Martínez Arboleya, que se había incorporado a las tropas nacionales, coincidieron en la guerra en Salamanca, pero que el testigo de la ejecución de José Antonio no se atrevió a relatarle cómo había ocurrido.
Pilar pudo escapar de la zona roja bajo la protección de la embajada argentina. Embarcó en un crucero de guerra alemán, el Admiral Graaf Spee, en el puerto de Alicante, pero no pudo acudir a la cárcel para ver a sus dos hermanos encerrados en ella, José Antonio y Miguel. La futura jefa de la Sección Femenina conoció por boca de Franco la ejecución de su hermano, aunque se negó a aceptarla del todo. Hasta el 20 de noviembre de 1938, en que Franco confirmó por radio el asesinato, la zona nacional se habló de el Ausente para referirse a José Antonio.
Rafael García Serrano afirma que hubo falangistas que se hicieron matar en el frente cuando se enteraron de la noticia.
Así interpretó José Antonio Jiménez Arnau (El puente) la ejecución, como epítome del holocausto de una generación que llegó a la guerra llevada por sus mayores.
Con aquel hombre, sin que ellos lo supieran, habían caído todos aquellos que él pusiera en pie. (…) la generación que se había encontrado los días de la caída del Régimen, la generación que quemara o impidiera quemar las iglesias, la generación revolucionaria, la que tocara a rebato, despertando al país de su siesta, ésa había caído fusilada.
 




Circulan por la red unas reflexiones de "Un Castellano Leal" sobre España, el Escudo, y la Bandera.
Yo no he sabido ponerle un pero , quizás tu... 
 
¡¡¡ESPAÑA!!!
  UNA, GRANDE, LIBRE… Y SIN COMPLEJOS 

Se ha dicho hasta la saciedad, pero es necesario continuar repitiéndolo incansablemente, que el Escudo de la Bandera de España que representaba a la Nación durante el Régimen de Franco no es, ni puede ser declarado,inconstitucional” o  preconstitucional”
 No es “inconstitucional” porque precisamente, durante su vigencia y bajo la legalidad que representaba, tuvo lugar el proceso constituyente y la aprobación de la Constitución de 1978, transfiriéndose la legalidad institucional del Estado al nuevo Ordenamiento Jurídico. “De la ley a la ley”
Tampoco puede ser calificado de “preconstitucional” pues coexistió tres años con la Constitución y por ello preside -ennobleciendo su primera página- la edición oficial de la Carta Magna.

Primera página de la Constitución de 1978

Así pues, lo único que en puridad puede decirse del anterior Escudo de España con el Águila de San Juan, es que actualmente ya no es el ESCUDO OFICIAL de España.
Tal afirmación si es cierta: Y además hay que admitir que resulta coherente que tal escudo haya sido eliminado de la Bandera, puesto que España ya ha dejado de ser, Una, Grande y Libre.

Ya no es “Una” porque ha sido desmembrada en diecisiete taifas.
Ya no es “Grande”porque ha renegado de la grandeza de su historia.
Ya no es “Libre” porque ha hipotecado su soberanía, permitiendo que sus eternos enemigos -internos y externos- tracen su política.

En definitiva: porque ha dejado de seguir “sobre el azul del mar, el caminar del sol” marchando, precisamente, en dirección contraria. Y es por ello que hoy se encuentra más cerca de las Repúblicas Balcánicas, de Grecia y de Sodoma  
Pero una cosa es que el escudo con el águila de san Juan no figure como “Escudo Oficial” en la Bandera de España y otra muy distinta es que se persiga su misma existencia, procediendo a eliminarlo de todos los lugares donde permanecía como elemento ornamental de carácter histórico y artístico o se impida el mostrarlo en actos públicos.
 

 
         La bandera de la España Una, Grande y Libre 

Por el contrario, el Escudo de la Segunda República si es “inconstitucional” y “preconstitucional”.
 Es “inconstitucional” porque la Constitución de 1978 en su artículo 1-3 define que “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”
Y es “preconstitucional”porque fue adoptado por decreto de la Presidencia del Gobierno Provisional de la República de 27 de abril de 1931 y la actual Enseña Nacional lo es desde el 5 de octubre de 1981, es decir, que el escudo de la república es “preconstitucional” en cincuenta años.

Escudo de la 2ª República 27 de abril de 1931 

Por otro lado no existe más Bandera Constitucional que la definida en el artículo 4-1 la Constitución de 1978 donde se definen los colores, pero no el escudo.

Bandera de la Constitución española de 1978

Así pues, se repite, lo único que puede decirse de la Bandera con el escudo del águila de San Juan y su triple vocación de ser la enseña de una España grande y libre, es que actualmente no es la Enseña Oficial de España y por lo tanto no le corresponde los honores de “Himno Nacional y arma presentada” ni debe ondear en los edificios públicos o recibir el homenaje de las Fuerzas Armadas… pero una cosa es eso, y otra muy distinta es que se la persiga con saña, impidiendo mostrarla en público como si el hacerlo fuera un delito.
Pese a que tales hechos son evidentes e irrefutables desde un punto de vista legal, todos somos testigos de que las manifestaciones organizadas por “la izquierda” (el rojerío y la progresía) suelen acompañarse por verdaderas orgías de banderas republicanas, netamente inconstitucionales y preconstitucionales, mostradas sin recato y sin que nadie se escandalice por ello. Sin que los medios de comunicación hagan referencia a tal hecho como una anomalía.
Por el contrario, si a alguien se le ocurre mostrar una bandera de la España Una Grande y Libre -esa debe ser siempre su única denominación- los portadores son inmediatamente calificados de “fascistas” y agredidos, o incluso perseguidos por la Fuerza Pública, como si fueran delincuentes.
Es preciso acabar con tal estado de cosas. No se puede seguir tolerando que se califique a la bandera de la España Una Grande y Libre como inconstitucional o preconstitucional y se persiga: Hay que exigir libertad para mostrarla públicamente como un símbolo de carácter histórico digno del mayor respeto (aunque esté desprovisto actualmente de su carácter oficial como “Enseña Nacional”).
Y la mejor forma de lograrlo es encargar “en los chinos” diez mil, cien mil, un millón de Banderas Constitucionales como la de la figura adjunta, en las que sobre los colores de la bandera definida por la Constitución de 1978 se inserta el escudo que adorna y ennoblece la primera página de la Carta Magna y que por ello se le puede, y se le debe llamar con total propiedad, “Bandera Constitucional”


Bandera Constitucional de España desde el 6/12/1978 hasta el 5/10/1981

Nadie podrá decir que se trata de una “bandera inconstitucional o preconstitucional” y exigir su retirada prohibiendo mostrarla en público. Y por si alguien no se entera de la plena legalidad que supone su exhibición, junto a esos cientos de miles de españoles tremolando “banderas constitucionales” como la de la imagen, podrían ir algunas decenas de personas portando gallardetesdonde se reprodujera la primera página de la Constitución (de donde se ha recortado el escudo con el águila de San Juan, para insertarlo en la Bandera Constitucional)

También podrían acompañarse esos gallardetes en los que figuraría la primera hoja de la Constitución, con otros en que estuvieran representadas a gran tamaño las “pesetas del Rey” con el escudo del águila de San Juan en el dorso. Es de suponer que, a la vista de tales banderas y gallardetes, nadie osaría volver a calificar la bandera rojigualda con el escudo del águila de San Juan como “inconstitucional” o “preconstitucional” admitiendo su libre utilización como vestigio histórico digno del mayor respeto.


Es evidente que el rojerío, la progresía y los medios de comunicación afines, con su acreditado sectarismo partidista y totalitario, se rasgarían las vestiduras, pero entonces sería llegado el momento de, asistidos por la razón y la justicia, plantarles cara, utilizando masivamente esas banderas en todos las actos públicos.
Decir finalmente que no fue un olvido casual  el que en la Constitución de 1978 se definiera la bandera de España pero no su escudo. Fue a propio intento, para cambiarlo en cuanto se pudiera, de igual forma que en el Artículo 2, tras proclamar que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española” se reconocían las “nacionalidades”.
Todo ello eran las argucias de auténticos trileros políticos, cuyo resultado histórico no podía ser otro que el que ahora nos disfrutamos los españoles, víctimas de la mayor estafa política de nuestra historia. Y que nadie se escandalice por tal afirmación. No es posible, por razón de espacio, detallar en este modesto trabajo el cúmulo de trapacerías que se utilizaron para aprobar la Ley de la Reforma Política y la Constitución. Por otro lado, quien tenga curiosidad de conocerlas, sólo tiene que leer el libro “Lo que el Rey me ha pedido” donde quedan detalladamente expuestas todas esas argucias diseñadas por Torcuato Fernández Miranda.
 Por citar solamente dos, podría hacerse referencia al torticero uso del “procedimiento de urgencia” como medio de soslayar los procedimientos legales establecidos y el rebajar la edad de los votantes de los veintiuno a los dieciocho años sabiendo que un criterio escasamente formado, unido al masivo empleo de canciones y “Jarchas” darían por resultado la captación del -entonces muy numeroso- “voto joven”.
Nada tiene pues de extraño que también ahora los independentistas quieran utilizar este procedimiento de la “estampita” o “el tocomocho” de cara a su consulta soberanista en la que pretenden bajar la edad de los votantes de los dieciocho a los dieciséis años.
Con tan astuto procedimiento -ensayado con éxito durante la Transición- y rebajando la edad del voto a los catorce y aún a los doce años y acompañado tal medida con canciones (“habla troncohabla”) y bolsitas de “gominolas” podrá sin duda aprobarse (de forma tan “limpiamente democrática” como fue el proceso de la Transición) que los habitantes de España dejen de llamarse españoles y pasen a llamarse selenitas. O que Cataluña se convierta en un nuevo planeta del sistema solar.
Nadie debe poner en duda que si al iniciarse la Transición se hubiera explicado lealmente al pueblo español lo que se pretendía,  cuál era el verdadero objetivo,  que no se trataba de una “reforma política” sino simple y llanamente de la demolición desde sus cimientos de la España Una, Grande y Libre. De que se iba a cambiar la bandera de España (lo que mantuvieron oculto y no se atrevieron a plantear ni siquiera en la Constitución) y que en definitiva, tras satanizar a Franco y a su ingente obra (infame ley 52/2007) se iba a llegar al umbral de descomposición política, ruina económica y degradación moral en que nos encontramos, el resultado de la consulta popular hubiera sido contrario: un “No” rotundo a la “Reforma Política” y a la Constitución”. Incluso a la Monarquía.
Se ha dicho ya en numerosas ocasiones, que el proceso constituyente no fue otra cosa que una partida de naipes entre “tahures del Mississippi” en la que unos se sentaron a la mesa faltando a lo que habían jurado, y otros con el designio de faltar a lo que iban a jurar.
Igualmente se puede afirmar ahora que la llamada “Ley de la Reforma Política” fue una auténtica violación del Estado de Derecho. Con engaño, vaselina y narcotizando a la víctima; pero violación en toda regla. No puede pues extrañar, que el fruto gestado de aquella violación fuera un aborto constitucional, convertido hoy en auténtico “muerto viviente”. 
 Por ello, a la vista de la situación de España treinta y ocho años después, no es exagerado decir que el pueblo español ha sido víctima de una de las más grandes estafas políticas de su historia. Comparable, y aún superior, a la que supuso el regreso del “Deseado”

Bandera oficial de España desde el 5 de octubre de 1981

Oficial y legal, también “Enseña Nacional”… Pero no “Constitucional”

Finalmente es oportuno recordar  que el actual “escudo oficial” de la bandera de España entró en vigor al aprobarse y sancionarse la Ley 33/1981 el 5 de octubre, estableciéndose su uso por Real Decreto 2964/1981 de 18 de diciembre. Ambas normas son de rango inferior a la Constitución y pueden ser modificadas fácilmente, en cualquier momento, con una nueva ley aprobada por algún Gobierno que decida restituir, sobre los colores de la bandera de España aprobada en la Constitución, el escudo vigente en el momento de entrar en vigor la Carta Magna y que además fue su propio escudo durante tres años.
El encargar a “los chinos” un millón de banderas constitucionales como las del modelo propuesto y el tremolarlas si desmayo por calles y plazas de España, puede ser un buen comienzo para que España vuelva a ser Una, Grande y Libre.
 Algo que resulta imprescindible si se quiere que comiencen a solucionarse sus letales problemas: Crisis económica, corrupción generalizada, descomposición política y degradación moral. Por ello se debería inundar España entera de “Banderas Constitucionales” que pueden y deben coexistir con la bandera actualmente oficial hasta que el buen sentido del pueblo español exija que se cambie la Ley 33/1981 restituyendo, mediante un nuevo Real Decreto, el carácter de “Oficial” o de “Enseña Nacional” a la bandera con águila de San Juan y la triple vocación de representar a Una España Grande y Libre.

Es preciso pues, sin demora, confeccionar ese millón de “Banderas Constitucionales” (y unas decenas de miles de “gallardetes constitucionales” con la primera página de la Constitución y las “pesetas del Rey”) para mostrarlas en todas y cada una de las manifestaciones ciudadanas -sea cual sea su motivo- como símbolo de afirmación nacional española y firme voluntad de regeneración.
El camino más largo se inicia con el primer paso.

    Un Castellano Leal
 
 
LA ESPAÑA HERÓICA 1938
 
 
 
 



                                                                                               

José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

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