CAMPAÑAS DE MARRUECOS (V).

                                  





 Campaña del Kert, 1911-12

"Casa del Gobernador", Capitanía General de la época

Por Real Decreto de 1 de junio de 1910, fue creada la Capitanía General de Melilla y tras la dimisión del General Marina fue nombrado para sustituirle en su mando el General García Aldave, quien tomó posesión a comienzo del mes de octubre. En aquel momento, el territorio sometido a la acción protectora de España en torno a Melilla estaba delimitado por una línea de posiciones defensivas exteriores que, con una longitud de sobre 70 kms., y apoyando ambos extremos en el mar, englobaba la plaza, la península de Tres Forcas, Cabo de Agua y un total de 52 posiciones –desde las de tamaño de pelotón hasta el gran campamento de Nador–. En total, entre todas ellas requerían para su guarnición una fuerza de 283 Jefes y Oficiales y 8.464 de Tropa. La situación general desde finales de 1909 era de actuación política de cooperación pacífica con los cabileños; pero de hecho se estaba en un permanente estado de vigilancia armada, ante las numerosas agresiones de carácter bandolero de individuos o pequeños grupos, generalmente venidos de las cercanas fracciones de la harka o de cabilas fuera de control.

Principios del siglo XX
En el marco internacional, la situación era cada día más delicada; la fecha marcada por el Imperialismo Totalitario Globalizador para el comienzo de la I G. M., se iba aproximando, los preparativos bélicos de los países que serían participantes en ella se iban completando y las llamadas potencias aumentaban su agresividad en consonancia con su potencialidad bélica. Así había ocurrido ya en 1905, cuando el Kaiser alemán se presentó en Tánger con pretensiones imperialistas y forzó la celebración de la Conferencia de Algeciras, en la cual se nos asignó el Protectorado del Rif, que no queríamos pedir pero que no podíamos rehusar. Desde entonces, se desató una insidiosa lucha interpotencias; Alemania, que quería Marruecos sólo para ella, fomentaba el levantamiento de harkas contra los franceses y el contrabando de armas y las zancadillas contra España; Inglaterra hacía de todo, con tal de perjudicar a alemanes, franceses, españoles y marroquíes; Francia, que también quería Marruecos sólo para ella, hacía también de todo, pero en especial contra España y Marruecos; y España, en inferioridad de condiciones a causa de sus reparos morales y su empeño en actuar con legalidad, pues tratando de impedir que cabileños de su zona ocupada se pasaran a la zona francesa a engrosar las harkas que combatían a los franceses.
Entre los días 7 y el 14 de enero de 1911, el Rey Alfonso XIII visitó Melilla  y su campo exterior; entonces pudo comprobarse la entusiasta adhesión de las cabilas vecinas a la plaza, que acudían en masa a saludar al Rey en cuantos actos se celebraban, y eso que la mayoría de los actos quedaron deslucidos por un fortísimo temporal de lluvias y vendavales de los que suelen azotar aquella zona. Pero los sicarios del Imperialismo se emplearon a fondo para informar en sus periódicos, a los tontos útiles, sobre lo imperialista que era el Rey y sobre imaginarios proyectos suyos; todos aquellos sicarios, extranjeros y españoles (partidos políticos antinacionales, sectas masónicas, prensa “libre”, etc.), competían por ser los campeones de la demolición contra España.

Primeros Regulares


Por Real Decreto de 9 de febrero 1911, se crea el cargo de Subinspector de Tropas Indígenas de la Capitanía General de Melilla, que quedaba unido al de Jefe del Estado Mayor de la misma. Ello daba carácter oficial a la creación de las Tropas Regulares Indígenas, bajo la directa responsabilidad del Tte. Col. Dámaso Berenguer Fusté. La recluta para dichas fuerzas, al igual que para las Mías de la Policía Indígena, encuadradas por oficiales, sargentos y clases de tropa españoles, resultaba muy atractiva para los cabileños amigos de España y hasta para los naturales de zonas lejanas, como pudo verse al acudir individuos hasta de la zona francesa y que antiguos mahazníes del Sultán, experimentados soldados, desertaban de las harkas que luchaban contra los franceses y se venían a nuestros regulares. En muy pocos meses, el formado Grupo de Regulares de Alhucemas contaba en estado operativo con 20 oficiales y 300 de tropa, entre caballería e infantería. Años después, recordaba el ya General Berenguer, entre el anecdotario de la creación de aquella fuerza, la formidable predisposición militar de los reclutados y la gran confianza a que se hicieron merecedores ellos. Pero confianza para sus mandos inmediatos, pues las demás unidades de la guarnición no querían que se alojaran con ellas en los campamentos y las posiciones, les decían “mogarbes”, de fuera del Rif; y así se vieron desplazados los primeros regulares a una posición, Buxdar, en la que desde otra contigua resultaban vigilados por la Brigada Disciplinaria, a la vez que los regulares vigilaban a los corrigendos, que eran de tan poco fiar que en la plaza no los aceptaban a causa de sus continuos incidentes con paisanos y militares, y hasta el Capitán General llegó a pedir al ministerio que se los quitaran de bajo su mando, cosa que no le fue aceptada. Por su parte, los regulares eran más de fiar; pues para los que eran desertores de las harkas la deserción ahora sería un suicidio por no tener ellos a dónde acudir, y para los cabileños amigos, la deserción también sería un casi suicidio, puesto que eran considerados enemigos de las harkas y podrían ser eliminados por éstas; de hecho, algunas deserciones llegaron a producirse, pero no resultaban significativas. También recordaba Don Dámaso con íntima satisfacción a Sidi Guariach y lo calificaba de excelente escuela de oficiales y suboficiales –posiblemente, sería el Fuerte de Sidi Aguariach, en el que se hubiese ubicado correspondientes escuelas–.
Como era natural, el nuevo Capitán General dio continuidad a la política de actuación programada por su antecesor y aprobada por el Gobierno. Se procuraba impulsar la participación de las cabilas en el desarrollo de una convivencia laboral y comercial que beneficiase al conjunto de la población y la fuese llevando a sistemas propios del mundo civilizado; a la vez, sus logros eran acicate para que otras cabilas o fracciones no integradas aún se sintiesen atraídas al protectorado de España. Así, se intentaba que fuesen los propios cabileños quienes pidiesen la instalación de nuevas posiciones defensivas en sus territorios, con objeto de así verse protegidos contra los desmanes de las harkas o de simples bandoleros o de las unidades del ejército francés que invadían zona de protectorado española. De esa manera, la ocupación de nuevas posiciones militares tan sólo encontraría la oposición de los harqueños, pues los cabileños locales incluso armaban harka para acompañar y auxiliar a las fuerzas españolas en una misión de la que dependía su propia seguridad.
Como todo lo que fuese paz y prosperidad en la zona española, perjudicaba los intereses de Francia, pues los agentes franceses debían perseguirlo; captaron a dos notables, un santón descendiente del Profeta, Sidi Mohamed Amezián, El Mizián, y el Caid de Mtalza, Hach Amar; quienes reunieron una potente harka conjunta, con la que darían lugar a la campaña del Kert 1911-12. Entre el 12 de mayo y mitad de agosto, se fueron realizando pacíficas ocupaciones en la margen izquierda de Muluya (frontera oriental con la zona francesa) y en la margen derecha del Kert (cuyo cruce a la otra orilla no se hallaba aún preparado políticamente). Las ocupaciones eran pacíficas, pero luego la harka enviaba “pacos” nocturnos a tirotear las posiciones y ya menudeaban las bajas en ellas. Y el 24 de agosto se produjo un ataque de la harka, que fue el que dio comienzo a la fase bélica de la nueva campaña, y que duraría hasta mitad de mayo de 1912. El ataque se dirigió contra un equipo topográfico junto al Kert; capturaron un cabo y tres soldados que fueron asesinados y sus cabezas paseadas por los aduares de la insumisa margen izquierda con el fin de convencer a los indecisos para que se uniesen a la harka. Ello dio lugar a un notable movimiento de fuerzas destinadas a castigar a los culpables y prevenir otras agresiones; entre las fuerzas propias se encontraba ya una pequeña harka auxiliar reunida por Abd El Kader, el que había sido jefe principal de la Harka enemiga en la campaña de 1909 y luego ya permanente amigo de España.


Desembocadura del Kert
Hasta el comienzo de octubre, la actividad bélica fue incesante, con tiroteos diurnos a los convoyes y nocturnos a las posiciones, pero hubo algunos combates muy serios; podríamos estimar que nos causarían ellos un centenar de bajas mortales durante ese período, y el triple de heridos. El estado de fuerza de primeros de octubre 1911, tras los refuerzos recibidos, daba un total de 13 Generales, 1.338 Jefes y Oficiales, 40.229 de Tropa y 6.619 de ganado. El día 7 de dicho mes, se llevó a cabo una operación de gran envergadura en la orilla izquierda del Kert (bastión de la harka), y resultó con excesivas bajas para ambos contendientes; las nuestras alcanzaron 2 Oficiales y 63 de Tropa fallecidos, y 2 Jefes, 16 Oficiales heridos y 4 soldados desaparecidos. Entre los heridos, figuraban el Coronel D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, que recibió un balazo en un pie y al caer sobre él su caballo muerto sufrió fractura de húmero y luxación de hombro, y el Comandante Gómez Zamalloa (padre o tío del futuro Tte. Gral. Mariano Gómez-Zamalloa y Quirce). Esa operación constituyó el bautismo de fuego de los regulares en una gran columna, con tres compañías y dos escuadrones.
Esa operación formaba parte de un proyecto de alto alcance, para el cual se había personado en Melilla el General Luque, Ministro del Ejército; el proyecto consistía en una acción ofensiva y de ocupación permanente en la margen izquierda del Kert, en combinación simultánea con un desembarco en Alhucemas. Todo estaba preparado, la aprobación del Gobierno, los barcos y una fuerza de más de 8.000 efectivos (2.400 vendrían de Ceuta); pero el elevado número de bajas de aquel inicio atemorizó al Gobierno, que ordenó el aplazamiento hasta nueva orden del desembarco. Aunque la harka sufrió también muchas bajas, se envalentonó al ver la poca firmeza del Gobierno y en los días siguientes estuvo acosando las posiciones de primera línea; nada de gravedad, pero que hacía menudear las bajas. Y el día 14, la única baja mortal que hubo en ese día fue la del General Jefe de la División, el General Díaz Ordóñez; y ocurrió durante su recorrido por las posiciones atacadas; en la posición de Texdra (en el alto Kert) dos balas perdidas le alcanzaron cuando se disponía a montar su caballo para proseguir su recorrido.
Por aquellos días, hizo acto de presencia un representante del Sultán, El Bachir Ben Sennah, quien se propone iniciar una labor mediadora con la harka, a efectos de alcanzar un acuerdo de paz; por entonces se estaba moviendo la política, Alemania y Francia acababan de firmar un acuerdo y España y Francia estaban preparando otro acuerdo. Desde el principio se sospechaba que las gestiones del Bachir carecían de fiabilidad; los representantes de las cabilas con los que negociaba carecían de fuerza decisoria, y las confidencias informaban de la llegada a la harka de gruesos contingentes, incluso del Sous, en el sur de Marruecos. Pero como la esperanza es lo último que se pierde y, además, España no se comprometía a nada importante, pues se le dejó seguir; y el día 26 de noviembre se firmó un acuerdo llamado de paz que no estuvo en vigor ni un solo día, pero que como gesto de cara a la opinión pública sirvió para que el Gobierno ordenase el regreso a sus acuartelamientos peninsulares de una brigada, que antes de un mes hubo de regresar al Rif.
Hasta el día 22 de diciembre, las hostilidades de pequeños grupos fueron las habituales de antes de la firma; pero en ese día 22, la harka, que se hallaba acampada en la zona izquierda del Kert, muy reforzada atraviesa el río y se adentra en el territorio detrás de nuestras posiciones de primera línea; su propósito era levantar las cabilas ya pacificadas, provocar el derrumbe del ejército de operaciones y poner cerco a Melilla. Durante los días 23, 24, 25 y 26 se producen serios combates, aunque limitados a lugares muy distantes de Zeluán y Nador, que eran primer objetivo principal de la harka; y, el día 27, monta una gran operación la División Orgánica de Melilla, consistente en mediante cinco fuerte columnas barrer todo el territorio del lado derecho de río, quebrantar la harka y hacerla repasar el río. La operación se iba desarrollando con éxito; el enemigo se veía incapaz de resistir la fuerte presión que sufría y se iba retirando en paralelo al curso del río, hacia su desembocadura; intentaba escapar por los arenales cercanos al mar, pero allí cayó bajo un denso fuego de los cañones de los barcos que le aguardaban… Y entonces ocurre el episodio más cruento para nuestras armas en esa campaña; los harqueños que pueden huyen del arenal, se reúnen con los miles que seguían llegando perseguidos y se dan cuenta de que más arriba, entre Izarrora y Sammar, solamente una débil línea de fuerzas de infantería, sin parapetos ni otras defensas, les separan del río que era su salvación. En masa acometen contra dicha desprevenida fuerza y ya se olvidan de huir y pasan a empeñarse contra dicha fuerza y las de sus flancos; gracias a la atenta observación de las columnas contiguas, que con toda rapidez van en auxilio de los atacados, se pudo salvar a estos, y la mermada harka vadeó el río y terminó aquel combate. Nuestras bajas sumaron  1 Coronel, 13 Oficiales 213 de Tropa muertos; 1 General, 2 Jefes, 17 Oficiales y 257 de Tropa heridos. Los harqueños dejaron unos 500 muertos en los lugares del combate y las confidencias cifraban en otros 500 sus heridos.


Galas de Nuba (Banda de Guerra) del GFRI "Alhucemas" 5
Aquella sangría impuso un paréntesis en las operaciones; la siguiente operación de envergadura fue la de ocupación de Monte Arruit, el día 18 de enero de 1912; nos costó 1 Oficial, 4 de Tropa y 1 cabileño voluntario muertos. En esa operación resultó contuso el Comandante de Infantería Sanjurjo Saliquet.
En febrero, hubo algunas operaciones de envergadura; pero algo estaba cambiando dentro de la harka. Uno de sus jefes, Hach Amar de Mtalza, empezó a comprender que o negociaba con los españoles o habría de hacerlo con los intransigentes franceses; y empezó a entablar conversaciones para llegar a la deseada paz. Se llegó a un acuerdo para el intercambio de prisioneros, no muy numerosos –8 soldados españoles y algunos más harqueños, a estos se añadieron para hacer bulto un grupo de contrabandistas que estaban detenidos–; y también se predicó en los aduares la necesidad de dar buen trato a los prisioneros cristianos. En el reconocimiento efectuado sobre el Zoco el Tenin de Beni Bu Yahi, el 8 de febrero, resultó herido el Teniente de Caballería José Monasterio Ituarte (General en 1936)
Quien resultaba irreductible era El Mizián, fanático santón muy respetado y temido por sus seguidores; el día 15 de mayo se llevó a cabo una operación para establecer una nueva posición adelantada, en Haddu Al-lal u Kaddur, entre Monte Arruit y el Kert, formaban la vanguardia unos escuadrones de caballería, entre ellos los de los regulares. El Mizián encabezaba los combatientes de la harka que intentaba impedir la ocupación; entablado el combate, cayó muerto elTeniente Jaime Samaniego y Martínez-Fortún , de caballería de los regulares, y estos reaccionaron ciegamente, se lanzaron al galope contra los harqueños causantes de esa muerte. El Mizián, al ver que eran indígenas intento imponerles su autoridad religiosa y salió a detenerlos con sus ademanes; pero estos, muchos le desconocían, le abatieron a tiros y cuchilladas, al igual que a los harqueños que se resistieron. Aquella muerte del Jefe radical de la Harca, supuso de hecho el final de la campaña; la gran harka se disolvió y se entablaron conversaciones de paz con los jefes moderados. Luego vendría un período de paz con altibajos hasta 1919.


Teniente Samaniego

Al Teniente Samaniego le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando de segunda clase. En la misma operación, resultó herido el Teniente de Infantería Emilio Mola Vidal (General en 1936), también del Grupo de Regulares.
Como conclusión, puede considerarse que aquella campaña fue muy similar a la de 1909, en cuanto al número de bajas habidas y en cuanto a la extensión territorial incorporada. El General García Aldave, muy desgastado por los múltiples avatares de la contienda en los frentes políticos y militares, solicitó su relevo, que se llevó a efecto a final de 1912. Y por Real Decreto de 25 de diciembre, fue sustituida la Capitanía General de Melilla, por la Comandancia General de Melilla, para cuyo mando fue designado el General Gómez Jordana.

                                                                 José Antonio Chamorro Manzano
                                                                          XVI Promoción A G M

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