YA LO DECÍA GALDÓS...



Antología de fragmentos de
Benito Pérez Galdós
Título: "La fe nacional y otros escritos sobre España".
Texto fechado en 1912
   




 "Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos... Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria (...) No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos (...) La España que aspira a un cambio radica y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental".

(Extraído de la Revista de la Fundación Nacional Francisco Franco)

                                                                  Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

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BANDERAS LEJANAS







LOS ANALFABETOS, ENTRE LOS QUE HAY ALGUNOS POLÍTICOS, NO SABEN LA GESTA DE LA EXPLORACIÓN, CONQUISTA Y DEFENSA QUE LLEVÓ A CABO ESPAÑA EN LO QUE HOY SON LOS EE. UU.

DURANTE 300 AÑOS, SOLDADOS, NAVEGANTES, MISIONEROS, COLONOS Y DESCUBRIDORES ESPAÑOLES PLANTARON LA BANDERA DE ESPAÑA EN FUERTES, POBLADOS,  MISIONES Y CIUDADES REPARTIDOS
POR TODA AMÉRICA DEL NORTE, DESDE MÉXICO HASTA  LA FRONTERA DE ALASKA Y CANADÁ.

ESPAÑOLES FUERON LOS PRIMEROS EUROPEOS QUE AVISTARON EL CAÑÓN DEL  COLORADO, CRUZARON Y NAVEGARON POR EL MISSIPI, ATRAVESARON LAS LLANURAS DE KANSAS, SE INTERNARON EN LOS
DESIERTOS DE NEVADA Ó FUNDARON CIUDADES COMO LOS  ÁNGELES, SANTA FE, SAN FRANCISCO, EL PASO, SAN LUIS, PENSACOLA, MONTERREY, SAN  DIEGO Y UNA INFINIDAD MÁS DE PEQUEÑAS POBLACIONES DE LAS QUE MUCHAS SIGUEN CONSERVANDO SU NOMBRE EN ESPAÑOL.

MUCHO ANTES DE QUE EE.UU. EXISTIERA COMO NACIÓN, ESPAÑA HABÍA  CONQUISTADO YA EL FAMOSO "OESTE" Y COMBATIDO Ó PACTADO CON LAS PRINCIPALES  TRIBUS INDIAS QUE DESPUÉS EL CINE DE HOLLYWOOD HARÍA FAMOSAS. DESDE FLORIDA  A CALIFORNIA PASANDO POR LOS ACTUALES ESTADOS DE TEXAS, NEBRASKA, LAS  DOS
DAKOTAS, MISSOURI,, KANSAS, COLORADO, ARKANSAS, ARIZONA, NUEVO  MÉXICO, ALABAMA, MISSISSIPI, TENNESSE Y ALGUNAS ZONAS DE ALASKA. LAS BANDERAS  DE ESPAÑA ONDEARON SOBRE UN ENORME TERRITORIO QUE TUVO QUE SER DEFENDIDO  CON ESCASÍSIMOS RECURSOS MILITARES Y MATERIALES. TODO ESTO SE MANTUVO CON 
UNOS ESFUERZOS POLÍTICOS Y MILITARES ENORMES, CONTRIBUYENDO UN MONTÓN DE PERSONAJES ESPAÑOLES A HACER UNA HISTORIA APASIONANTE, VIOLENTA EN  OCASIONES Y CASI SIEMPRE HEROICA.

QUÉ PENA QUE TANTO ESFUERZO SE PERDIERA POR DISCORDIAS CIVILES  INTERNAS DE LOS ESPAÑOLES, POR LA INVASIÓN NAPOLEÓNICA DE ESPAÑA Y POR EL  APROVECHAMIENTO DE ELLO DE INGLESES, FRANCESES Y LOS RECIÉN NACIDOS  EE. UU.

 LA ULTIMA BANDERA ESPAÑOLA QUE SE ARRIÓ EN LOS ACTUALES EE. UU. FUE  EN JULIO DE 1821 EN LA CIUDAD DE SAN AGUSTÍN DE LA FLORIDA, LA CIUDAD  MÁS ANTIGUA DE TODA NORTEAMÉRICA, NO HACE TODAVÍA 200 AÑOS, TIENE QUE  LLEGAR EL AÑO 2055 PARA QUE ESTA CIUDAD LLEVE EL MISMO TIEMPO BAJO SOBERANÍA AMERICANA QUE EL QUE ESTUVO BAJO SOBERANÍA DE ESPAÑA.

ES UNA PENA QUE ESTA MAGNA OBRA LA DESCONOZCAN LA MAYORÍA DE LOS   ESPAÑOLES. DESGRACIADAMENTE LOS POLÍTICOS ACTUALES Y SUS COLABORADORES Y ASESORES TAMBIÉN LA DESCONOCEN, PERO ESTOS NO TIENEN PERDÓN
 
 
(Banderas lejanas", libro de investigación histórica reciente de Fernando Martínez Lainez y Carlos Canales Torres) 



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La escasez de medios como causa del "Desastre de Annual"











           La falta de medios del Ejército español en el Protectorado marroquí fue decisiva para que se produjera el “Desastre de Annual”. Un país arruinado, presionado por la izquierda, se enfrentaba a un problema que podía rebasar sus capacidades, sin ni siquiera tener un criterio unánime de cómo abordarlo.

          Al fin, se decidió la ocupación completa del territorio asignado a España en Marruecos, pues se terminó por considerar que era la única forma de lograr la paz y realizar la protección. Su ejecución se inició con preponderancia de las políticas de atracción y aculturación sobre la ocupación militar.

Tropas en un campamento de vanguardia / col. Grávalos

          Este intento de penetración pacífica y cautelosa fue el gran error, el causante, junto con la escasez de medios, del fracaso. Era una zona inhóspita, que "ni siquiera en tiempos de Roma o de gran expansión islámica, había sentido el peso de una administración" (Alonso Baquer), dividida en múltiples cabilas, constituidas por un pueblo fanatizado por su religión y todavía medio nómada.
         Además, faltaba la estabilidad gubernamental imprescindible que pudiera abordar un programa de adquisiciones de medios adecuados para el territorio. Sin embargo, se pudo hacer, pues estaba disponible una buena oferta para comprar "stocks" de los aliados sobrantes de la Gran Guerra. Por tanto, los sucesivos gobiernos fueron incapaces de atender las peticiones del Ejército, que no eran exageradas. El General Jordana, poco antes de morir en su despacho el 10 de noviembre de 1918, informaba al Ministro de la Guerra de la situación y sólo pedía los medios: "actuales o muy pocos más, pues en lo que a fuerzas se refiere, me bastaría con las asignadas en las plantillas de rigor, pero a condición de que se cubrieran constantemente las bajas de hombres y ganados". A pesar de sus reclamaciones, en aquellas fechas faltaban más de 5.000 hombres y 1.600 cabezas de ganado. En l921 las necesidades eran mayores y la penuria más acusada.

        En el mismo sentido, el General Berenguer informaba al ministro por carta del 4 de febrero: "esta es la triste realidad, la que todo el mundo palpa, la que no puede pasar inadvertida a quien vea de cerca este Ejército. Es el resultado de varios años de no atenderlo en sus necesidades; no es el resultado de la imprevisión, lo es de la falta de recursos". A continuación, escribía: "Sin embargo, hemos actuado como si todo estuviera en condiciones, hemos cerrado los ojos ante las realidades para llevar la misión que se nos ha encomendado". Son palabras que parecen escritas después del desastre y todavía faltaban seis meses para producirse.


Tropas camino de las operaciones / col. Grávalos

        La situación de aquellos soldados era penosa, así como de los campamentos y "blocaos". Carecían de un vestuario adecuado y demasiados iban prácticamente descalzos. Los vehículos de tracción automóvil de la Comandancia de Melilla eran escasos; sólo 24 camiones, de los que seis estaban inservibles; algún aljibe conseguía llevar agua casi a diario al Zoco el Telatza después de un recorrido de más de 35 Km. sobre caminos pésimos; al comienzo del desastre, el 21 de julio, únicamente funcionaba una de las tres ambulancias.

       Con respecto al armamento, la situación era peor; carecían de carros de combate, sistema de arma que los franceses ya utilizaban en su zona, y apenas tenían granadas de mano y de fusil. Tampoco disponían de morteros, un arma que hubiera sido muy efectiva. Las ametralladoras se atascaban y los fusiles estaban descalibrados en un 75%, pues la mayoría procedían de Cuba y Filipinas. Sin embargo, la harca de Abd el Krim estrenaba los “Lebel” franceses.

       La aviación disponía de seis aparatos, que proporcionaban muy limitados servicios; además, fueron destruidos por los rifeños en el asedio del aeródromo de Zeluán. Después, los exiguos aviones llegados a Melilla dieron también escaso resultado.

      El ferrocarril no llegaba a Dar Drius, cosa que se hubiera hecho económica y fácilmente; tampoco se había realizado la carretera desde la citada posición a la de Annual ni estaba organizado el nuevo Grupo de Regulares de Alhucemas, peticiones urgentes del General Silvestre.

      Por ello, después del desembarco de Alhucemas, Berenguer pudo afirmar del Ejército que: cuando se le puso en condiciones hizo todo lo que se le pidió.


Juan Silvela Miláns del Bosch
Coronel de Caballería, e historiador
experto en el Regimiento Alcántara


      A propósito de “Situación Límite”. Esta situación no es nueva…
      …“No tenemos DEFENSA, las FAS son inoperativas, y cualquier enemigo convencional,..no digamos ya uno asimétrico,..nos pondría contra las cuerdas,.....pero mientras tanto, Uds. sobre todo, si Uds, los generales,...siguen sonriendo a los políticos y diciendo SIN NOVEDAD....”
Anthony J. Candil


Francisco Javier de la Uz Jiménez

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"FRAILES DE ARMAS TOMAR"



“Frailes de armas tomar”Pérez Reverte,
“De vez en cuando me doy una vuelta por los viejos avisos y relaciones del siglo XVII, aquellas cartas u hojas impresas que, en la época, hacían las veces de periódicos, contando sucesos, hechos bélicos, noticias de la corte y cosas así.
Con el tiempo he tenido la suerte de reunir una buena provisión en diversos formatos, y algunas tardes, sobre todo cuando tengo un episodio de Alatriste en perspectiva, suelo darles un repaso para coger tono y ambiente.
Su lectura es sugestiva, a veces también desoladora –comprendes que ciertas cosas no han cambiado en cuatro siglos–, y en ocasiones muy divertida.
Ése es el caso de una relación con la que di ayer. Está fechada en 1634, y se refiere a la peripecia de tres frailes mercedarios españoles que viajaban frente a la costa de Cerdeña. Me van a permitir que lo cuente, porque no tiene desperdicio
El barco era pequeño y franchute, llevaba rumbo a Villafranca de Nizo, y a bordo, además de los tres frailes españoles –Miguel de Ramasa, Andrés Coria y Eufemio Melis–, iban el patrón, cuatro marineros y cinco pasajeros.
                                                                      Orden de la Merced

A pocas millas de la costa se les echó encima un bergantín turco –en aquel tiempo se llamaba así a todo corsario musulmán, berberiscos incluidos– haciendo señales de que amainasen vela.
El patrón se dispuso a obedecer, argumentando que, siendo francés el barco, podrían negociar con los corsarios y seguir viaje a salvo.
Pero los tres frailes, súbditos del rey de España, no veían las cosas con tanto optimismo. Ustedes se escapan de rositas, protestaron, pero nosotros vamos a pagar el pato
Por religiosos y por españoles, pasaremos el resto de nuestras vidas apaleando sardinas al remo de una galera, o cautivos en Argel o Turquía.
Así que, de perdidos al río, resolvieron cenar con Cristo antes que en Constantinopla.
Que el diálogo de civilizaciones, apuntaron, lo dialogue la madre que los parió.
De manera que se remangaron las sotanas, se armaron como pudieron con cuatro chuzos, tres escopetas y tres espadas sin guarnición que había a bordo, y amotinándose contra los tripulantes del barco, los metieron con los cinco pasajeros encerrados bajo cubierta.
Después pusieron trapos en torno a las espigas de las espadas para que sirvieran de empuñaduras, y se hicieron una especie de rodelas amarradas al brazo izquierdo con almohadas y cuerdas.
Luego se arrodillaron en cubierta y rezaron cuanto sabían. Salve, regina, mater misericordiae. Etcétera
Ahora, háganme el favor y consideren despacio la escena, que tiene su puntito. Imaginen ese bergantín corsario de doce bancos que se acerca por barlovento. Imaginen a esos feroces turcos, o berberiscos, o lo que fueran –veintisiete, según detalla la relación–, amontonados en la proa y en la regala, blandiendo alfanjes y relamiéndose con la perspectiva, en plan tripulación del capitán Garfio.
Imaginen la sonora rechifla del personal cuando se percata de que en la cubierta de la presa no hay más que tres frailes arrodillados y dándose golpes de pecho.
Tirso de Molina, dramaturgo y poeta del barroco español, ingresado en la Orden de la Merced en Noviembre de 1860

Y en ésas, cuando los dos barcos están abarloados y los turcos se disponen a saltar al abordaje, los tres frailes –los supongo jóvenes, o cuajados y correosos, duros, muy de su tiempo– se levantan, largan una escopetada a quemarropa que pone a tres malos mirando a Triana, y luego, gritando como locos Santiago y cierra España, Jesucristo y María Santísima, o sea, llamando en su auxilio al santoral completo y al copón de Bullas, tras embrazar las almohadas como rodelas, se meten en la nave corsaria a mandoble limpio, acuchillando como fieras, dejando a los turcos con la boca abierta, perdón, oiga, vamos a ver, aquí hay un error, los que teníamos que abordar éramos nosotros. Con la cara del Coyote tras caerle encima la caja de caudales que tenía preparada para aplastar al Correcaminos.
Y así, en ese plan, dejando la mansedumbre cristiana para días más adecuados, los frailes escabechan en tres minutos a doce malos, que se dice pronto, y otros cinco se tiran al agua, chof, chof, chof, chof, chof, y el resto, con varios heridos, pide cuartel y se rinde después de que fray Miguel Ramasa le atraviese el pecho con un chuzo al arráez corsario, «juntándose los dos tanto, que le alcançó el turco a morder en una mano, y acudiendo fray Andrés Coria le acabó de matar».
Con dos cojones
Ocurrió el 21 de octubre de 1634, día de santa Úrsula y de las Once Mil –una más, una menos– Vírgenes. Y qué quieren que les diga. Me encantan esos tres frailes “

                                                                                               Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

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BENEDICTO XVI



 
 
 
 
 
 
 
 
Javier de la Uz me mandó esto y me emocionó.
 
 

Crónica de un jóven de 23 años 

  

La verdadera causa de la renuncia del Papa.
 
Tengo 23 años y aún no entiendo muchas cosas. Y hay muchas cosas que no se pueden entender a las 8:00 de la mañana cuando te hablan para decirte escuetamente: “Daniel, el papa dimitió.” Yo apresuradamente contesté: “¿Dimitió?”. La respuesta era más que obvia, “O sea renunció, ¡Daniel, el papa renunció!”
El Papa renunció. Así amanecerán un sin fin de periódicos mañana, así amaneció el día para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron. Y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden.
Yo soy católico. Uno de tantos. De esos que durante su infancia fue llevado a misa, luego creció y le pudo la apatía. En algún punto me llevé de la calle todas mis creencias y a la Iglesia de paso, pero la Iglesia no está para ser llevada ni por mí, ni por nadie (ni por el Papa). En algún punto de mi vida, le volví a agarrar cariño a mi parte espiritual (muy de la mano con lo que conlleva enamorarse de la novieta que va a misa, y dos extraordinarios guías llamados padres). Y así de banal, y así de sencillo, recontinué un camino en el que hoy digo: Yo soy católico. Uno de muchos, sí, pero católico al fin. Pero así sea un doctor en teología, o un analfabeto de las Escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabe es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. 

Por eso hoy cuando amanecí con la noticia, yo, al igual que millones de seres humanos..nos preguntamos ¿por qué?. ¿Por qué renuncia señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?. ¿Se lo comió la edad?. ¿Perdió la fe?. ¿La ganó?. Y hoy, después de 12 horas, creo que encontré la respuesta: El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida.
Así de sencillo.
El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.
Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal..Pedro. ¿Cómo murió? Si, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. 

Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. ‘Pido perdón por mis defectos’. Ni más, ni menos. Qué pantalones, qué clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así..ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo.
Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como carca, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Si, claro.
Pues ahora sé Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole, aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde.
Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar.
 
 
Al terminar de leer esta crónica, corrieron lágrimas en mis ojos, no se a ti, o es que mi Amor a Benedicto es muy grande!!! 

Abrazos.  JAVIER 
 
 
José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería.

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LOS CUATRO PRESIDENTES DE LA PRIMERA REPÚBLICA



LOS CUATRO PRESIDENTES DE LA PRIMERA REPÚBLICA
 
 
 
 
La primera república en España no duró ni un año. La crispación y la radicalización política era tal que en ese corto periodo de tiempo llego a haber cuatro presidentes de la primera república.
El primer presidente fue Figueras, que llegó a estar tan harto de los problemas políticos que un día agarró, se fue de su despacho y se dirigió directamente a París. Poco antes de esta estampida reunió a sus partidarios y sus adversarios y les dijo solemnemente: "Señores, estoy hasta los cojones de todos nosotros".
Su segundo presidente Pi y Margall, describió de esta forma las decepciones que le había dado la p olítica: "Han sido tantas mis amarguras en el poder, que no puedo codiciarlo. He perdido en el gobierno mi tranquilidad, mi reposo, mis ilusiones, mi confianza en los hombres, que constituía el fondo de mi carácter. Por cada hombre agradecido, cien ingratos; por cada hombre desinterasado y patriótico, cientos que no buscaban en la política sino la satisfacción de sus apetitos. He recibido mal por bien.."
El tercer presidente fue Nicolás Salmerón, famoso como Castelar, por su oratoria. Dimitió porque no estaba dispuesto a firmar una orden que iba en contra de sus principios. En efecto, en el mausoleo del cementerio de Madrid donde está enterrado se puede leer: "Abandonó el poder por no firmar una sentencia de muerte."
El cuarto fue Emilio Castelar. Cuando se hizo cargo del poder ejecutivo dijo en un discurso en las Cortes: "Para sostener esta forma de gobierno necesito mucha infantería, mucha caballería, mucha artillería, mucha Guardia civil y muchos carabineros".
Como hemos visto la inestabilidad de la primera república fue elevadísima. Pero todavía se puede exagerar. Así lo hacía la prensa francesa que estaba totalmente en contra de la primera república española. En un periódico francés se leyó:"Se va restableciendo la tranquilidad. Hoy no han sido asesinados más que tres generales y un obispo. En Sevilla, fueron apedreados unos extranjeros. Pi y Margall amenazó a Castelar con un revólver. El ex alcalde Rivero se naturalizó alemán."
 
 
Javier Gaarcía Cotarelo.

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LA ACADEMIA GENERAL MILITAR EN SU PRIMERA ÉPOCA

Toledo (1882-1893)

(En el CXXXI Aniversario Fundacional)


DEDICATORIA   A la Academia General Militar de Toledo, brillantísimo Centro docente de formación de Oficiales y escuela singular de virtudes patrias. Al cumplirse su 131º Aniversario Fundacional (1882-2013).


E
l día 20 de Febrero de 1882, ( se acaban de cumplir 131 años)  el Teniente General Don Arsenio Martínez Campos, Ministro de la Guerra (el que en los campos de Sagunto proclamó Rey de España al Príncipe Don Alfonso), presentaba ante el monarca un Real Decreto por el que se creaba una  ACADEMIA GENERAL MILITAR, fundamentada en la conveniencia de fomentar el espíritu de compañerismo entre los futuros oficiales del Ejército, obtenido con facilidad en alumnos procedentes de un centro común, que han hecho la misma vida y que tienen los mismos recuerdos de la primera edad.  Se defendía en el Real Decreto de creación, “que la unidad de enseñanza de una parte, así como la identidad de procedencia tan esencial y conveniente en la milicia por otra, no sería posible que se consiguiera en establecimientos de organización heterogénea, como los existentes en tal momento en nuestra Patria”.

 

La Academia General, que por dicha superior normativa se creaba, estaría situada en la ciudad de Toledo y concretamente en su Alcázar milenario. El cargo de director sería ejercido por un Mariscal de Campo asistido por dos coroneles, uno como Jefe de Estudios y otro Jefe del Detall y Contabilidad del Centro, así como por un prestigioso plantel de Sres. Jefes y Oficiales convocados por oposición que dieron un gran prestigio docente a la Academia.  Respecto a las plazas de alumnos, éstas se cubrirían por oposición entre los aspirantes que reuniesen las condiciones previstas en la convocatoria y superasen las correspondientes pruebas exigidas por los tribunales de ingreso. La edad mínima se fijaba en 14 años para los hijos de militar y 16 para los paisanos (sin exceder de los 18), ampliados hasta los 19 para los que estuviesen en posesión del Título de Bachiller y hasta los 22 para las “clases de tropa” en activo. Los alumnos que reunían todos los requisitos y habían sido declarados aptos en el reconocimiento médico, pasaban a realizar las pruebas de ingreso. Estas constaban de dos grupos: el primero  comprendía nociones de aritmética, traducción del francés y dibujo natural; el segundo, la Historia General de España, la Geografía Universal y la gramática castellana.

 

El “Plan de Estudios” académico constaba de cuatro cursos; los dos primeros comunes, a cuyo final los aspirantes a Infantería o Caballería  pasaban a cursar los estudios especiales de sus Armas respectivas, y los que deseaban ingresar en las Academias de Artillería, Ingenieros o Estado Mayor, pasaban a estudiar, en ese tercer año, un curso preparatorio que comprendía una serie de disciplinas basadas en ciencias físicas, químicas y matemáticas, según programa elaborado al efecto por las Juntas Facultativas de dichas Academias Especiales. Al finalizar con aprovechamiento ese tercer año académico eran promovidos a Alféreces Alumnos, completando su formación durante un cuarto curso, los de Infantería y Caballería en las dependencias de sus Escuelas de Aplicación respectivas, mientras que los de Artillería e Ingenieros pasaban a cursar el primero de los dos cursos reglamentarios, a sus respectivas Academias. Finalizado el Plan de Estudios correspondiente, los Alumnos procedentes de Infantería y Caballería eran promovidos a Segundos Tenientes, y los de Artillería, Ingenieros y Estado Mayor a Primeros Tenientes.

 

Y así comenzó la Academia General Militar su noble caminar, sin que nadie pudiese pensar entonces – eran tantas las ilusiones y esperanzas puestas en su creación-  que su vida activa iba a quedar reducida a poco mas de una década. A comienzos de 1883, se nombró director de la misma al Excmo. Sr. Mariscal de Campo ( General de División en su denominación actual) DON JOSÉ GALBIS Y ABELLA, prestigioso militar procedente del Cuerpo de Estado Mayor, que supo inculcar a sus alumnos un espíritu militar muy superior al espíritu de Arma, a menudo excesivo y a veces mal entendido. La labor del general Galbis fue importantísima y su obra y su recuerdo quedaron grabados en la mente y en el corazón de los que fueron sus alumnos. Dirigió la Academia  General desde 1883 hasta el 16 de Octubre de 1887, en que fue designado para el mando de una división en la Capitanía General de Castilla la Nueva, falleciendo de teniente general en Valladolid el 20 de Marzo de 1891, a los cincuenta años de edad.


 

Como Jefe de Estudios fue designado el Coronel de Ingenieros Don FEDERICO VÁZQUEZ LANDA, prestigioso jefe de dicho Cuerpo, inventor del movimiento táctico denominado “ángulo de Vázquez Landa”, que vino a sustituir con ventaja el ya obsoleto “cuadro”, reglamentario en nuestra táctica hasta entonces. El Coronel Vázquez Landa fue el primero y el único jefe de estudios de la Academia General en su primera época. Retirado de coronel (incomprensiblemente no hubo para él  una merecidísima faja de general), el cierre de “su Academia “en 1893 acabó con sus ilusiones y también con su vida, pues falleció al poco de clausurada esta.  

En el otoño de 1882, se anunciaron las oposiciones para cubrir 250 plazas de alumnos que integrarían la Primera Promoción de la Academia, a las que se sumaron los admitidos con “plaza de gracia”, arrojando un total de 274 alumnos aprobados, que se incorporaron a clase el día 20 de Febrero de 1883, al año justo del Real Decreto de creación de la Academia.  

El 28 de Mayo de 1885, S.M. El Rey Don Alfonso XII quiso sorprender a la Academia General que realizaba sus prácticas anuales en el campamento de Majazala (Toledo). Ya la cruel enfermedad (tuberculosis) que desde hacía tiempo venía minando la salud del monarca, se había ido acrecentando últimamente, hasta el punto de acabar con su vida tan sólo seis meses mas tarde. Aún así, llevado de su gran amor al Ejército y a la Academia creada por su regia iniciativa, quiso compartir unas horas con sus alumnos. A tal fin, en la madrugada de dicho día, salió Don  Alfonso desde la estación de Aranjuez, acompañado por sus ayudantes y el Coronel jefe del Regimiento de San Fernando, junto con dos compañías de este Cuerpo al completo de sus efectivos. Poco antes de llegar a la estación de Algodor, echó pie a tierra una sección, la cual amparada por las sombras de la noche logró alcanzar la estación telegráfica que allí tenía la Academia, haciendo “prisioneros” a los alumnos que la constituían y cortando la línea con el campamento.  Situado Don Alfonso al frente de las tropas, emprendió la marcha por el camino carretero que enlaza la estación de Algodor con el campamento, adoptando todo tipo de precauciones para que la operación resultara una verdadera sorpresa. De pronto, los exploradores sintieron que sus pies se enredaban en algún objeto invisible, el cual a su vez produjo un ruido estridente que les hizo detener la marcha. El extraño artilugio en que habían tropezado los soldados de vanguardia no era sino una red de alambradas en las que se habían insertado una serie de latas vacías, que armaron tal estrépito que el servicio de seguridad funcionó inmediatamente, tal y como pudiesen hacerlo ante un ataque de un enemigo real, y no ficticio, como en este caso.  Al toque de “generala” formaron los alumnos, y a los pocos instantes todas las compañías ocupaban los puestos que de antemano tenían señalados para su defensa. Las fuerzas de ataque, frustrada la sorpresa, renunciaron a la operación adelantándose Don Alfonso y dándose a conocer ante el estupor de los alumnos, siendo muy aclamado y vitoreado por estos.

 

El 17 de Julio de 1886, le fue entregada solemnemente a la Academia General la Bandera que había sido bordada por la Reina Doña Maria Cristina, viuda ya del Rey Don Alfonso XII. (Las tres primeras promociones habían prestado juramento ante la Bandera del extinguido Colegio de Infantería).  A las palabras del General Blanco, representante de la Reina en el acto de la entrega, contestó el General Galbis con un emotivo discurso al que cerraba este patriótico párrafo: “Quien sirva en esta Academia y jure ante esta Bandera, aunque quisiera ser traidor no podrá serlo nunca”. Muchas iban a ser, sin embargo, las vicisitudes por las que había de pasar dicha bandera a partir de ese año 1886. Salvada milagrosamente de las llamas – por el capitán de la guardia de prevención, que se produjo en su rescate graves quemaduras en ambas manos-  de un devastador incendio que asoló el Alcázar en la tarde-noche del 9 de Enero de 1887, a  la disolución de la Academia General en 1893 pasó a la Academia de Infantería, sustituyéndole el título del centro bordado en su tafetán, donde permanece hasta el año 1915, en que es sustituida por otra bordada por la Reina Doña Victoria Eugenia.  Reinstaurada la Academia General Militar en Zaragoza el año 1927, vuelve de nuevo a ella la bandera de la Reina Maria Cristina, y allí preside todos los actos solemnes hasta la nueva disolución del Centro en 1931. El año 1942, vuelve de nuevo a la Academia General en esta su tercera – y por ahora definitiva- época, donde permanece desde entonces.

 

Durísimo fue el golpe para la Academia General motivado por el incendio de 1887, donde el Alcázar queda parcialmente derruido, perdiéndose muchísimo libros – entre ellos bellísimos incunables- que se conservaban en su magnífica biblioteca. El ilustrado historiador militar Don Miguel Gistau, en su libro “La Academia General Militar”, nos ha dejado una muy documentada narración de este pavoroso siniestro :”Poco después de las seis y media de la tarde del 9 de Enero de 1887, y cuando los alumnos se encontraban en estudio, el capitán de la Guardia de Prevención de la Academia, que se hallaba en el cuarto de banderas, notó un gran resplandor en las vidrieras de las ventanas, y al asomarse al patio para enterarse de la causa, vio con el natural asombro, salir grandes llamaradas por las ventanas de la biblioteca. Para evitar que la precipitación y alarma ocasionaran desgracias no se tocó fuego, y mientras varios ordenanzas y soldados de la guardia corrían hacia la población para avisar del siniestro, el corneta de guardia tocaba “generala a la carrera”. En el espíritu de disciplina que en todos sus actos ponen los alumnos sin la menor pregunta, saltando por las escaleras, en pocos segundos bajaron al patio, viendo con el consiguiente estupor, las columnas de humo y llamas que salín del piso principal. Hundióse sobre la biblioteca, transformada en volcán horrible, el piso de la sala de estudios de la 1ª Compañía de Alumnos, en cuanto el último de estos, acudiendo al toque de “generala” salió de la estancia, y pocos momentos después se verificó el desplome total del interior, hiriendo los escombros, aunque levemente, a varios alumnos de las últimas filas que salían. Como si las paredes fuesen de yesca, se corrió el incendio a las galerías inmediatas, y a la hora de haberse propagado este, el Alcázar era por los cuatro costados una tremenda hoguera”. Varias alas del impresionante edificio del Alcázar quedaron reducidas a un montón de escombros, por lo que la Academia tuvo que trasladar sus alumnos a los edificios inmediatos de Santa Cruz y Capuchinos, donde siguieron dando las clases con, prácticamente entera normalidad; prolongándose las obras de restauración del emblemático edificio, a los finales del Siglo XIX y a los iniciales del  XX. (1)

 

  Sin embargo, otros eran los peligros que, subrepticiamente empezaban ya a acechar al prestigioso Centro de Enseñanza Militar. Al cabo de tan sólo una década, cuando comenzaba a tocarse el resultado de un sistema que venía dando excelentes frutos, el Teniente General López Domínguez, Ministro de la Guerra, puso a la firma de S.M. la Reina Regente, el Real Decreto de 8 de Febrero de 1893, por el que se suprimía la Academia General de Toledo, volviéndose al antiguo sistema de Academias particulares y específicas para cada Arma o Cuerpo correspondiente. Así, de un plumazo, sin argumentos, sin causas, sin razón alguna que lo justificase se obligaba al cierre de esta primera “GENERAL” cuando la Patria y el Estado tenían depositada en ella sus más firmes esperanzas. Tantos años suspirando por la “unidad de origen” que debía presidir los estudios de nuestros jóvenes aspirantes a Oficiales del Ejército, para que una vez conseguida se perdiese sin motivo aparente alguno.   A Don José Galbis, le había sucedido en la dirección del Centro, el general Don Pedro Mella y Montenegro, que la ejerce desde 1887 a 1891, y a éste, el de igual empleo Don Manuel de la Cerda y Gómez-Pedroso, que la dirige hasta su cierre en 1893, correspondiéndole el amargo trago de su clausura.

 

En las aulas del Alcázar toledano se educaron, en esta primera época de la Academia  General : 2.250 Alumnos,  agrupados en diez promociones, de las que salieron una excelsa nómina de Oficiales, jefes y generales, que conocidos por los “GALBIS”, en homenaje a su primer director, dieron con su inteligencia, estudio y heroísmo, muchos días de gloria a la Patria y prestigio a su Ejército.  A ellos les tocó participar en todas las campañas en las que España intervino desde finales del Siglo XIX, y muchos de ellos, casi niños todavía, ofrendaron su vida a la Patria, al morir por ella en la manigua  cubana o en el dédalo inextricable del Archipiélago filipino.  Es altísimo el número de Oficiales formados en esta primera “General” caídos sobre el campo de batalla, hasta tal punto, que según los cálculos que he podido constatar, al inicio de los años veinte, ya se aproximaban al millar los fallecidos en campaña – o  de sus resultas- procedentes de tan prestigioso Centro.  El primer caído en acción de guerra fue el Teniente de Infantería D. Vicente  García Cabrelles, muerto en la campaña de Melilla el año 1893; el último, el general de División, Laureado de San Fernando: Don Domingo Batet Mestre, fusilado en Burgos al amanecer del 17 de Febrero de 1937, al no haberse sumado al Alzamiento Nacional.

 

A la cabeza de la distinguida nómina de militares españoles formados en las aulas de la primera Academia General, hemos de situar, sin lugar a dudas, al General Primo de Rivera, por la amplísima proyección de su figura tanto en el campo militar como en el político. Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, 2º Marqués de Estella, nació en Jerez de la Frontera en 1870. El año 1884, y formando parte de la 2ª Promoción, ingresa en la Academia General de Toledo, siendo promovido a segundo teniente de Infantería en 1888. Combate en la campaña de Melilla de 1893, donde consigue su primera Cruz de San Fernando (Cruz sencilla sin orla de laurel) ( la segunda , Gran Cruz, la conseguiría de teniente general), al rescatar sable en mano y bajo un nutrido fuego de la harca enemiga, un cañón que había quedado al descubierto en las proximidades del fuerte de Cabrerizas Altas. Posteriormente se distingue en las campañas de Ultramar (lucha en Cuba en 1895 y en Filipinas, en 1897), y nuevamente en Marruecos, donde alcanza el generalato en 1911, siendo el primer alumno de la “General” que luce la faja rojo-carmesí, por lo que es objeto de un cálido homenaje por parte de sus compañeros.  En 1923, desempeñando –ya de teniente general-  el mando de la Capitanía General de Cataluña, se alza contra el Gobierno para remediar la caótica situación del país y, con la aquiescencia del Rey Don  Alfonso XIII, formó un Directorio Militar, presidido por él mismo. La Patria le tiene que agradecer el haber acabado con esa interminable guerra de Marruecos, que tanto luto y tanta desolación llevó a millares de hogares españoles; así como el haber acometido un vasto trazado de obras públicas, que con el saneamiento de las finanzas elevó internacionalmente el prestigio de España.  En 1927, restableció la Academia General Militar ( 2ª Época) situándola, en esta ocasión en unos terrenos próximos a Zaragoza, y proponiendo a S.M. El Rey que nombrase Director al más joven y brillante de sus generales: Don Francisco Franco Bahamonde.  Falto del apoyo y comprensión de sus compañeros, el Teniente General Primo de Rivera dimitió el 28 de Enero de 1930, marchando a París donde fallece al poco tiempo. En 1947, su antiguo subordinado Francisco Franco, convertido en Jefe del Estado Español, lo ascendió “a título póstumo” a Capitán General del Ejército (Decreto de 22 de Marzo de 1947)

 

Pasaron también por las aulas de esta primera GENERAL, los heroicos infantes Sanjurjo (condecorado al igual que Primo de Rivera con dos Laureadas), Burguete, López Pozas, Rodríguez Casademunt, Batet, Jiménez Morales, Ruiz Belando, Fernández Cuevas y Allanegui; el no menos heroico y esforzado Cavalcanti (éste de Caballería), así como los distinguidos artilleros Aguilera, Fernández Herce y Guiloche, que junto a los ingenieros Alvárez de Espejo y Gil Clemente, cierran la egregia nómina de esta procedencia, condecorados por su valor frente al enemigo con la Cruz de las Rojas Espadas orlada de laureles, que lleva el nombre del Santo Rey Fernando III. En resumen :  16 Caballeros Laureados y 18 las Cruces de esta Real y Militar Orden (hay dos bilaureados) dicen mucho de la entrega y heroísmo de los que un día, cursaron sus estudios en la Academia General Militar de Toledo., más conocida en el lenguaje de los historiadores como “ La General Toledana”.

 

Respecto al profesorado, el ilustre Coronel de Infantería Don Federico de Madariaga nos ha dejado la siguiente descripción : “Es justo consagrar un recuerdo a los profesores que allí contribuyeron a formar a una generación de brillantes oficiales, como Don Modesto Navarro (hoy Coronel de Infantería) escritor de sólida reputación, y que mandando luego un batallón en Cuba, consolidó su fama de excelente táctico. Don Francisco Larrea, teniente coronel de Estado Mayor, que se ha distinguido en las últimas campañas al frente de columnas que dirigió con gran maestría; Don Joaquín Agulla que manda un Batallón de Cazadores con gran lucimiento: Don José Villalba Riquelme, hoy teniente coronel de Infantería (capitán entonces) reconocido autor de la obra “Táctica de las tres Armas”; Don Pablo Parellada, capitán de Ingenieros (hoy teniente coronel), que a su profunda instrucción personal une el peregrino ingenio, que bajo el seudónimo de “MELITÓN GONZÁLEZ” ha escrito tantas y tantas donosuras teatrales, que le han granjeado justa popularidad. Don Nemesio Lagarde, Ingeniero Militar, ya retirado, artista hasta la médula, que ha dejado una admirable obra para los zapadores-minadores; Don Casto Barbasán, en quien no se sabe que admirar mas, si su fe o su talento; Don Domingo Arráiz de la Condorena, dos veces atravesado por el plomo enemigo, la última en la heroica defensa de las Lomas de San Juan, en Cuba. Don Enrique Ruiz Fornell, que a sus méritos de escritor une el título honroso de haber sido profesor de S.M. El Rey Don Alfonso XIII. Don Antonio Azuela, director luego de la Academia de Artillería, a la par que eximio artillero.... y sobre todos descuella por su jerarquía y por su iniciativa fecunda, por su amor a la juventud, su entusiasmo y los grandes servicios que prestó a la enseñanza militar, el Coronel de Ingenieros DON FEDERICO VÁZQUEZ LANDA, hombre verdaderamente superior para el que no hubo aquí una faja de general, por culpa, sin duda, de los sistemas al uso, y que murió ahogado por la pena que le produjo la desaparición de aquél centro de educación que era ya parte integrante de su ser, una necesidad de su corazón y de su inteligencia”.

 

Así era el culto profesorado de la Academia General Militar en su primera época. En 1893, nuevos planes y reformas de la Enseñanza Militar hacen que el prestigioso Centro cierre sus puertas, causando un intenso dolor por su desaparición a profesores y alumnos. Pero, como años mas tarde dijera en ocasión similar un ilustre general, Director de la Academia General en su 2ª Época: “Se deshace la fábrica, pero la obra queda”. Y la obra eran los mas de dos mil oficiales formados en sus aulas, que repartidos por todas las guarniciones de nuestra Patria, dieron , con la entrega generosa de la vida de una inmensa mayoría de ellos, grandes días de gloria a la Patria y prestigio sin igual a su Ejército. El autor de las presentes líneas, modesto Oficial de Complemento formado en la Milicia Universitaria, quiere rendir su sentido homenaje a tan prestigioso centro militar docente en este su 131º Aniversario Fundacional.

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 NOTAS

  1. Durante los últimos tres siglos, el Alcázar de Toledo ha sido parcialmente destruido en cuatro ocasiones: La 1ª el 28 de Noviembre de 1710, durante la Guerra de Sucesión, al evacuar Toledo las tropas del Archiduque Don Carlos prenden fuego al Alcázar. La 2ª, un siglo más tarde: el 31 de Enero de 1810, siendo en esta ocasión el ejército francés el que lo incendia en su retirada de la ciudad. La 3ª, durante el pavoroso incendio acaecido en la tarde-noche del 9 de Enero de 1887, al que hago referencia en las presentes líneas. Y la 4ª, durante el asedio y destrucción a que fue sometido el Alcázar al inicio de nuestra Guerra Civil (del 21 de Julio al 28 de Septiembre de 1936).  Pero allí sigue, atalaya y centinela permanente, sobre una colina de la Imperial Toledo, cual “Ave Fénix” resurgido de sus propias cenizas. El Alcázar, hoy como ayer, erguido y desafiante con la robustez de sus muros, testigos de más de diez siglos de brillante historia.
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Sevilla, 20 de Febrero de 2013
(En el 131º Aniversario de la Fundación en Toledo de laAcademia General Militar)
(20 de febrero de 1882—20 de Febrero de 2013)
 

Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ

Comandante de Infantería

Economista y Profesor Mercantil

Ex Profesor de la Academia de Infantería de Toledo

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