FEN


FEN
Entre mis asignaturas no estaba la de "educación para la ciudadanía", que de eso se encargaba mi madre, mi padre no entraba en pequeñeces; a cambio tenía FEN, "Formación del Espíritu Nacional", y con esta, según la Pasionaria"
 http://comentariosbrevesjinetes.blogspot.com/2010/02/la-pasionaria.html
me robaron el alma.
El asunto es que se entendía todo.



Alguna duda?

José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
XXX de Caballería

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VALLE DE LOS CAÍDOS

 

ATENTOS A ESTOS  VILES SINVERGUENZAS DEL GOBIERNO SALIENTE QUE, NO CONTENTOS CON ROBAR HASTA EL ÚLTIMO MOMENTO, QUIEREN COMETER TAL CANALLADA. EL ODIO LES PUEDE.

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Nota de prensa de la Asociación Para la Defensa del Valle de los Caídos

La Asociación Para la Defensa del Valle de los Caídos, en relación al dictamen de la mal llamada comisión de expertos, hecho público hoy en rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa, quiere manifestar lo siguiente:

1.-  Esta comisión, desde su origen, y máxime tras las recientes elecciones generales, carece de objetividad para la emisión de dictamen alguno porque no reúne las condiciones de objetividad e imparcialidad que la Ley y la Constitución exigen.
2.-  El dictamen es contrario a derecho tanto en el fondo como en la forma en que se ha producido, basta tener en cuenta que el Ministro de la Presidencia, Sr. Jáuregui, anticipó las conclusiones de la comisión hace meses en un programa de la Sexta TV.3.- Los miembros de la citada comisión, y cuantos hayan intervenido en sus deliberaciones, rendirán cuentas ante la Justicia, tanto de dichas conclusiones como de la forma en que se han producido  en función de su participación.
4.- Esta asociación reitera que los restos del anterior Jefe del Estado Español, van a descansar en Paz en el Valle de los Caídos  de la misma forma en que están descansando los de Azaña o Negrín en sus correspondientes lugares.
5.-  Este dictamen sólo responde al capricho del Gobierno en funciones que trabaja para producir de nuevo odio y enfrentamiento entre la población civil por temas ya superados.



                                                                      Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda


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Algemesí.








Dedicado al Presidente algemesinense, Chevi...

LAS FIESTAS DE ALGEMESÍ, DECLARADAS PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO.

La festividad de la Mare de Déu de la Salut, de la ciudad española de Algemesí (Valencia), ha sido declarada hoy 28 de noviembre, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por "su valor cultural, que pasa de generación en generación".
El comité de expertos de la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, reconoció la dimensión ritual, festiva y de participación comunitaria de la fiesta.
La fiesta se remonta a 1247, cuando se halló una imagen mariana en el tronco de una morera, que fue el referente sobre el que se fundamenta una procesión de danzas y música singular en la que se mezclan tradición, fe y cultura por las calles de la localidad valenciana cada 7 y 8 de septiembre.

El momento más esperado es el de la Muixeranga, una música al ritmo de la cual se alzan torres humanas, culminadas por niños.

http://www.lasprovincias.es/20111128/mas-actualidad/cultura/algemesi-fiestas-patrimonio-humanidad-201111281051.html

La Unesco también subrayó los esfuerzos de salvaguardia de la festividad fuertemente ligada con la identidad de la población de la localidad valenciana. "Es una ceremonia con orígenes religiosos que casi se ha paganizado, un rito del que se han apropiado los ciudadanos y en el que participa toda la comunidad", detalló a Efe en Bali Ángeles Albert, directora de Bellas Artes y Bienes Culturales del Ministerio de Cultura. El experto de la delegación española Joan Reguant explicó que en esta tradición se mezclan elementos de cultura romana, cristiana, morisca y judía. La Mare de Déu de la Salut comienza con el repicar de las campanas seguidas por un desfile, cantos corales y piezas teatrales representadas por niños. Durante la celebración de la festividad también se construyen torres humanas y salen a las calles representaciones de gigantes de reyes de la corona de Aragón. El comité de Unesco ensalzó "la implicación de los habitantes de Algemesí, tanto en la creación de la fiesta como en su continuación".
(Noticia facilitada por el gran Pinki en whatsApp)





Chevi en la plaza de toros, el tercero empezando por la derecha. Agachado, su tío Vicente.






La primera vez que estuve en Algemesí, me impresionó. No me imaginaba que fuera tan grande, y con un montón de tradiciones y curiosidades que lo hacen diferente.
Su plaza de toros, es de madera, y se monta y desmonta cada año. Pero además de esto, hay que destacar que tiene forma de cuadrilátero, con los lados paralelos a las fachadas de los edificios que forman la Plaza Mayor, característica que la dota de una gran singularidad en el mundo de los toros.







Casualmente una de las veces que fuimos, hará cuatro o cinco años, fue a primeros de junio, coincidiendo  con San Onofre, Patrón de Algemesí. En esos días, se celebra uno de los concursos con mas tradición: EL TIRO Y ARRASTRE. Espectacular.








En el apartado gastronómico destacan, como en toda la Ribera, los arroces, fundamentalmente la paella de arroz, pollo, conejo, judías verdes y garrofón. En la Ribera, suelen incluir también caracoles y albóndigas de carne. Por supuesto no nos fuimos sin probarlos.


Los días 7 y 8 de septiembre, Algemesí celebra los días grandes de sus fiestas mayores en honor a su patrona, Nuestra Señora de la Salud (Mare de Déu de la Salut).
Esta fiesta se declaró el 22 de febrero de 1977 como Fiesta de Interés Turístico Nacional, el 5 de octubre de 2008 como Maravilla Valenciana de acontecimientos culturales y patrimonio inmaterial, el 31 de junio de 2009 como uno de los Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España, y el 27 de agosto de 2010,  Bien de Interés Cultural.
En junio de 2010 se inició la tramitación para su declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, declarándose finalmente el 28 de noviembre de 2011.


Chevi de cadete con la Mare de Déu de la Salut. 



Septiembre 1999:

Chevi con Rafa en la puerta de su casa de Algemesí. La ventana que está justo detrás, es de la habitación donde nació un 27 de enero.

Cristina Fdez. de Valderrama Alonso

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SINVERGÜENZA DE GÉNERO

 



 

¡Sin 'vergüenza' de Género!

 

Javier García Angosto

¡Qué bien! Ya ha pasado el Día Mundial contra la Violencia de Género ¿Y qué?  En Melilla celebramos este año la poca vergüenza y la doble moral de los dirigentes políticos de nuestra urbe. Éstos, que cada año hacen el paripé frente a las puertas de la Asamblea guardando un minuto de silencio; disimulando mientras escuchan un alegato en contra de la violencia machista, se dedican a proteger y cobijar a maltratadores condenados por la Justicia (Sí, la Justicia, la dama obligada a trabajar en lupanares y cuya espada está mellada en Melilla).

No hay derecho. Clama al cielo, siento vergüenza al ver a los dirigentes de mi ciudad poner cara de solemnidad mientras miran para otro lado cuando se trata de uno de los suyos. En condiciones normales, cuando un partido político descubre en sus filas a un animal, que se dedica a golpear a las mujeres, se le escupe y repudia lo mas lejos posible de la formación, pero no para condenar su actuación, no se vayan a creer, sino para evitar que el asunto explote en el seno del partido. En Melilla al Gobierno,  y perdonarme la expresión, se la sopla. No les hace falta casi ni disimular.


A muchos les interesa no hacer leña del árbol caído, enterrar el asunto y a otra cosa mariposa. Pues no, no me da la gana. Recordando la historia se construye un futuro mejor, una Melilla sin cobardes en las administraciones.

Llegados a este punto cualquier lector de Melilla sabe de qué estoy hablando, del caso de Mimón Mehamed. Pero, ¿quién es Mimón Mehamed?  Fue diputado de CpM desde 1995 a 1999, donde llegó a ocupar el cargo de consejero de Bienestar Social. Más tarde, en 2007 ostentó otra vez el cargo de  diputado y formó parte del Ejecutivo como viceconsejero de Participación Ciudadana, esta vez de la mano  del Partido Popular (interesante cambio de chaqueta).

 Y ahora lo interesante:

En 2006, Mimón Mehamed es condenado por maltratar a la que ahora en su exmujer. Pena menor de 2 años y no pisa la cárcel, como aproximadamente el 40% de los maltratadores. Nadie se entera en su partido de lo ocurrido y Mehamed cumple su condena en silencio cobrando sus 3.500 euros largos de viceconsejero. No sería hasta abril de 2011 cuando se abriría la caja de Pandora. Los partidos de la oposición no dudaron en sacar tajada de la situación, con las municipales tan cerca, y parece que filtraron la noticia o al menos la avivaron. Mehamed, en las listas para seguir chupando del bote tras las elecciones, se vio obligado a dimitir de todos sus cargos y fue apartado de la candidatura del PP. Hasta aquí lo esperado por parte de todos los actores de esta 'comedia' llamada realidad. Lo realmente avergonzante e insultante es lo que ocurre poco después de las elecciones:

El Excmo. Sr. Presidente del Consejo Rector del Instituto de las Culturas, P .D. (Resolución de 18-07-2011, BOME 4863, de 22-07-2011) (Juan José Imbroda), mediante Resolución num. 49, de 25 de julio de 2011, ha RESUELTO lo siguiente:


"En virtud de lo dispuesto en los artículos 8 y 12 de la Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público y del artículo 22 de los Estatutos del Instituto de las Culturas, una vez aprobada por el Consejo Rector, en sesión celebrada el día 21 de julio de 2011, la modificación de la Plantilla del Instituto, DISPONGO el nombramiento de D. Mimón Mehamed Abdel-Lal, con DNI 45.289.366-C, como personal eventual, monitor-asesor de actividades, Grupo C1."

Lo que se publica para su general conocimiento. 
Melilla, 25 de julio de 2011.
La Secretaria del Instituto de las Culturas.
Pilar Cabo León.

Acabáis de leer un extracto del Boletín Oficial de Melilla de 26 de julio de 2011. Aquel que se hizo el tonto; el sorprendido al enterarse de sopetón de la noticia, Juan José Imbroda, le regalaba un puesto a dedo en la administración local a Mimón Mehamed. Podríamos preguntarnos qué cualidades posee Mehamed para ese puesto de monitor-asesor y cuántos aspirantes existían para la labor, pero es tontería, lo mismo de siempre.

Respecto a la contratación del reo 'por la cara', quise en su día conocer la opinión de la recién llegada viceconsejera de la Mujer, Fadela Mohatar. Precisamente, aprovechando la entrevista para el  programa "Son Humanos", pregunté sobre la cuestión para los servicios informativos. Apuesto a que la respuesta que me dio no fue del agrado de Gobierno popular, o quizás la pregunta es la que no fue bien vista... 

¿Por qué? Porque fuentes cercanas a un medio de comunicación me revelaron que la viceconsejera de la Mujer pedía que no se le interrogara sobre la contratación de Mimón Mehamed, porque un servidor había publicado declaraciones 'off the record' sobre el tema. Consciente de que la entrevista está grabada y que no me dijo nada en 'petit comité'; de hecho una compañera periodista estuvo presente y puede corroborarlo, llego a la conclusión que la bronca en el seno del Gobierno fue curiosa por hablar del tema. Para salir del paso Fadela Mohatar acabó matando al mensajero como excusa barata. Muy feo viniendo de una compañera periodista reconvertida a la política.

Sin duda 'off the record' sería publicar el testimonio de algunos trabajadores de Bienestar Social acerca del "carácter temperamental" de Mimón Mehamed durante su etapa de consejero. Éso sí.

                                                                                                       Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda



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Leer,leer,leer...y leer





Es difícil conseguir que una sociedad no sufra de pérdida de valores cuando una gran parte de la misma no sabe siquiera y literalmente el significado de la palabra. 
La solución está en estudiar y leer, leer, leer.....y leer.




C 175/26 ES Diario Oficial de la Unión Europea 1.7.2010
Dictamen  del Comité de las Regiones —  «Combatir el analfabetismo funcional — Desarrollar  una estrategia europea ambiciosa para prevenir la exclusión y promover la realización personal» (2010/C 175/07).


EL COMITÉ DE LAS REGIONES


recuerda que el fenómeno del analfabetismo funcional y del analfabetismo está presente en todos los países del mundo,  en los que afecta a  960 millones de personas. Según la definición de la Unesco de 1958, es analfabeta la persona que nunca aprendió a leer y escribir. La expresión «analfabetismo fun­cional» designa la condición de aquellas personas que no han adquirido el nivel de lectura, escritura y cálculo necesarios para la vida cotidiana en igualdad de oportunidades;


recuerda que los objetivos del Plan Educación y Formación 2010, que preveía una reducción del 20 % del porcentaje de alumnos con dificultades de lectura y escritura, distan mucho de haberse alcanzado, y señala que también en el nuevo marco estratégico para la cooperación europea en el ámbito de la edu­cación y la formación se fijó un nivel de referencia relativo a la media de los resultados europeos («valo­res de referencia europeos»). Para 2020, el porcentaje de jóvenes de quince años con un bajo rendimiento en lectura, matemáticas y ciencias deberá ser inferior al 15 %; pide también que se elabore una defini­ción del analfabetismo funcional a nivel europeo;


recomienda:
Fomentar el intercambio de buenas prácticas a nivel europeo, en particular favoreciendo los intercambios entre entes locales, que a menudo han desarrollado estrategias de lucha contra el analfa­betismo funcional. Podría establecerse un registro de buenas prácticas mediante la creación de un foro permanente de buenas prácticas.
Integrar la lucha contra  el analfabetismo funcional  entre los objetivos transversales de la versión revisada de la Estrategia de Lisboa después de 2010;
Incluir la lucha contra el analfabetismo funcional en las orientaciones estratégicas comunitarias por las que se rige el Fondo Social Europeo.
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ARTURO PÉREZ-REVERTE | ESCRITOR



«La educación y la cultura han estado en manos de ministros analfabetos, incultos o demagogos»
El escritor cartagenero, que ha publicado recientemente 'El puente de los asesinos', afirma que el PP cuando estuvo en el poder «también desmanteló la educación» y «dejó el paisaje tan devastado como el PSOE»





23.11.11 - 17:51 - EFE | | SEVILLA
En su opinión, parte de los problemas de España se resolverían con educación y cultura, que ha estado durante décadas en manos de ministros "analfabetos, incultos o demagogos".
Ha repartido críticas por igual, al afirmar que el PP cuando estuvo en el poder "también desmanteló la educación" y "dejó el paisaje tan devastado como estos (PSOE)".
También ha clamado contra el "despojo" que han hecho las autoridades educativas del Siglo de Oro español, ya que mientras en Inglaterra los niños conocen muy bien a Shakespeare, en España hay que hacer un esfuerzo para saber quién es Quevedo o Cervantes, lo que ha reprochado a la política educativa.
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Decir en libertad blogpost (3.3.2011)


Francia tiene una tasa de analfabetismo (15%) superior a la de España (8%) pero que sólo es un ardid estadístico donde España no reconoce el analfabetismo funcional como analfabetismo.


 Como se ve según los datos de Eurostat, en Francia menos de un tercio (28%) de la población tiene la primaria o menos, mientas que en España casi la mitad de la población sólo tiene la educación primaria o menos formación. Luego más o menos lo de siempre, Italia un poco mejor que España y el consuelo inútil de Portugal, que con casi un 62% de su población sin estudios o con sólo estudios primarios aún está peor que España.

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Ronald Nash (b. May 27, 1936; d. March 10, 2006).

Ronald Nash, Ph.D. (Filosofía; Syracuse)  profesor de filosofía y religión en la Universidad del Oeste de Kentucky.  Autor o editor de veintiún libros incluyendo El Cristianismo y el Mundo Helénico, Fe y Razón, Pobreza y Riqueza, y, más recientemente, El Cierre del Corazón Americano (Probe Books, 1990). Ha dado conferencias muy extensamente a lo largo de los Estados Unidos e Inglaterra y también sirvió como asesor de la Comisión de Derechos Civiles de los Estados Unidos.





Los Tres Tipos de Analfabetismo  (extractado).

La educación en todos los niveles en los Estados Unidos ha alcanzado una etapa crítica. La crisis de la educación se manifiesta en los tres niveles de analfabetismo: el analfabetismo funcional, el analfabetismo cultural y el analfabetismo moral.
De manera típica decir que una persona es analfabeta significa que la persona no puede leer ni escribir. Pero la palabra tiene otros sentidos.


Analfabetismo Funcional
El Departamento de Educación de los Estados Unidos estima que el analfabetismo funcional, la incompetencia en las funciones básicas tales como la lectura, la escritura y las matemáticas, acosa a 24 millones de Americanos. El trece por ciento de los Americanos de diecisiete años de edad son analfabetos de acuerdo a una reciente edición de la revista Time; el estimado para la juventud de las minorías en un pasmoso cuarenta por ciento. 
Cada año, al menos un millón de estos analfabetos funcionales se gradúan de las escuelas de secundaria de América, los orgullosos dueños diplomas sin significado.


Analfabetismo Cultural
Aún cuando los estudiantes de nuestras escuelas públicas y colegios técnicos se las arreglan para conseguir cierto grado de alfabetización funcional, a menudo sufren de un problema diferente – el analfabetismo cultural.
De acuerdo a E. D. Hirsch, Jr., el autor de la obra Alfabetismo Cultural: Lo que Todo Americano Necesita Saber, “Ser culturalmente alfabetizado es poseer la información básica que se necesita para prosperar en el mundo moderno.”
Como lo explica William J. Bennett, el ser culturalmente alfabetizado es:
"Un asunto de edificar un cuerpo de conocimiento que nos capacita para tener sentido de los hechos, nombres y alusiones citadas por un autor... Por ejemplo, alguien que no está seguro de quienes eran Grant y Lee pueden pasar por un tiempo difícil entendiendo un párrafo acerca de la Guerra Civil, no importa qué tan bien lea".


Analfabetismo Moral
Aunque es difícil para algunas personas creer que alguien involucrado en la educación vaya a actuar intencionalmente en maneras que induzcan al analfabetismo funcional, es difícil pasar por alto la filosofía educativa que es responsable por el analfabetismo cultural. Pero ningún Americano informado puede posiblemente dudar que ha habido una campaña a fondo para eliminar los valores morales y religiosos de nuestras escuelas. Muchos educadores van a negar la culpabilidad con respecto al analfabetismo funcional; van a afirmar inocencia con respecto al analfabetismo cultural; pero su contribución al analfabetismo moral de sus estudiantes es algo que muchos de ellos actualmente afirman con orgullo.
Los prejuicios contra los valores religiosos y morales nos han dejado con una generación de analfabetos morales.
John Silber, presidente de la Universidad de Boston, ha tomado nota de este analfabetismo en su poderoso libro, Disparo Directo:
En generaciones pasadas los padres eran más diligentes en traspasar sus principios y valores a sus hijos y eran ayudados por las iglesias y las escuelas que enfatizaban la educación religiosa y moral. En años recientes, en contraste, nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad más y más secular y el currículo de las escuelas públicas ha sido despojado de casi todo contenido ético. Como resultado las universidades deben confrontar a un cuerpo de estudiantes ignorantes de la evidencia y de los argumentos que subyacen y apoyan muchos de nuestros principios morales y prácticas tradicionales.
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El hombre light es un hombre que se parece a la mantequilla sin grasa, a la cerveza sin alcohol, es un hombre sin sustancia, descafeinado sin valores, que solo le interesa el dinero, el éxito, el sexo, el poder, el triunfo, el aparentar, el figurar. Y no digo que no es importante tener éxito en la vida porque eso nos da placer, pero en el hombre light esto es masivo, es el gran argumento de su vida.
Es un hombre vacío que teniéndolo “casi todo”, no es feliz. ¿porqué?, porque le falta algo que es hacer algo que merezca la pena por su propia vida, algo grande, algo de peso, en relación con su nivel y uno se encuentra cuando analiza la trayectoria de un hombre light, que no tiene nada, no tiene sustancia, no tiene contenido, es decir el alma de su vida son los argumentos, los oropeles, las conquistas, los viajes, los relatos.  ( Dr.Enrique Rojas)

El hombre light ...una vida sin valores 
(Enrique Rojas)

La sociedad, en cierta medida, está enferma, de la cual emerge el hombre light, un hombre que lleva por bandera el: hedonismo-consumismo-permisividad-relatividad.
Un individuo así se parece mucho a los denominados productos ligth de nuestros días: comidas sin calorías y sin grasas, cerveza sin alcohol, azúcar sin glucosa, tabaco sin nicotina, Coca-Cola sin cafeína y sin azúcar, mantequilla sin grasa... y un hombre sin sustancia, sin contenido, entregado al dinero, al poder, al éxito y al gozo ilimitado y sin restricciones. 
El hombre ligth carece de referentes, tiene un gran vacío moral y no es feliz, aun teniendo materialmente casi todo.

Perfil Psicológico
Se trata de un hombre relativamente bien informado, pero con escasa educación humana, muy entregado al pragmatismo, por una parte, y a bastantes tópicos, por otra.
Todo le interesa, pero a nivel superficial; no es capaz de hacer la síntesis de aquello que percibe, y, en consecuencia, se ha ido convirtiendo en un sujeto trivial, frívolo, que lo acepta todo, pero que carece de unos criterios sólidos de conducta. Hace suyas estas afirmaciones como "todo vale", "qué más da" o "las cosas han cambiado". Y así nos encontramos con un buen profesional en su tema, que conoce bien la tarea que tiene entre manos pero que fuera de ese contexto va a la deriva, sin ideas claras. En un mundo lleno de información, que le distrae, pero que poco a poco le convierte en un hombre superficial, indiferente, permisivo, en el que anida un gran vacío moral.
No hay en el hombre light entusiasmos desmedidos ni heroísmos. La cultura ligth es una síntesis insulsa que transita por la banda media de la sociedad. Un hombre así no dejará huella. En su vida ya no hay rebeliones, puesto que su moral se ha convertido en una ética de reglas de urbanidad o en una mera actitud estética.
El ideal aséptico es la nueva utopía, porque como dice Lipovetski, estamos en la era del vacío.
De esas rendijas surje el nuevo hombre cool, representado por el telespectador que con el mando a distancia pasa un canal a otro buscando no se sabe bien qué.
Es un hombre que antes o después se irá quedando huérfano de humanidad. Un ser humano rabajado a la categoría de objeto, repleto de consumo y bienestar, cuyo fin es despertar admiración o envidia.
Es un hombre sin referente, ha perdido su punto de mira y está cada vez más desorientado ante los grandes interrogantes de la existencia.
Por desgracia, muchos de estos hombres necesitarán un sufrimiento de cierta trascendencia para iniciar el cambio, pero no olvidemos que el sufrimiento es la forma suprema de aprendizaje; otros, que no estén en tan malas condiciones, necesitarán hacer balance personal e iniciar una andadura más digna, de más categoría humana.
Al hombre ligth no le preocupa la justicia, ni los viejos temas de los existencialistas, ni los problemas sociales ni los grandes temas del pensamiento (libertad, verdad, el sufrimiento...) Un hombre así cada vez más vulnerable, no hace pie y se hunde; por eso, es necesario rectificar el rumbo, saber que el progreso material por sí mismo no colma las aspiraciones más profundas de aquel que se encuentra hoy hambriento de verdad y de amor auténtico. 
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 Guillermo

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CARGADO DE RAZÓN.

NO SE PUEDE TENER MAS CLARO Y DECIRLO MAS DIRECTAMENTE. "INTELECTUALOIDES" Y "PROGRES" SE ESTARÁN LLEVANDO LAS MANOS A LA CABEZA. Y NO SÓLO DE LA ROJERÍA, SI NO DE GRAN PARTE DE LA MOJICATA DERECHA.

“Lo que importa es el cumplimiento del deber y el cumplimiento del deber y la disciplina no es obedecer las decisiones de los que están arriba, sino ser consecuentes con lo que tú te has comprometido a defender. El Ejército tiene una misión, que no es la de obedecer al Gobierno, sino cumplir con la defensa de España y todo lo que vaya en contra de la defensa de España es incumplimimiento del deber”. Son palabras pronunciadas por el General de Infantería, Blas Piñar Gutiérrez, durante la presentación en Málaga de su libro sobre la defensa y liberación del Alcázar de Toledo y que congregó a decenas de personas en un céntrico hotel.

El acto, en el que colaboró Alerta Digital, supuso un reencuentro con algunos de los momentos más legendarios de la historia militar española más reciente. Y sobre todo, sirvió para reafirmar la necesidad de dibujar un horizonte sin las divisiones ideológicas y los odios cainitas que la izquierda ha pretendido durante su llegada al poder. Desde la autoridad que le confiere sus años de servicio a España como militar de alto grado, Blas Piñar siguió reflexionando sobre la función de cualquier militar español y su sometimiento a una serie de objetivos que trascienden los meramente políticos. “Entiendo que es mucho más fácil defender a los de arriba. Estoy en contra de los que dicen: hago lo que me obligan a hacer por que me pagan. A mí no me han pagado por ser militar. Yo decidí ser militar por vocación. La vocación tiene que ser lo más importante para un militar. Que me paguen por serlo no quiere decir que les dé el derecho a decirme lo que tengo que hacer”.
El general Piñar explicó también cuáles habían sido los objetivos del libro sobre el Alcázar cuando se cumplen 75 años de su liberación. Sobre todo, dijo, la defensa de “la verdadera memoria histórica” y el reconocimiento de uno de los hechos más sobresalientes de la historia militar y que aún hoy sigue siendo referente obligado en las academias militares de todo el mundo.

Lamentó en ese sentido los intentos de la izquierda española por demoler algunos de los símbolos nacionales más reconocidos internacionalmente. Habló en este sentido del Valle de los Caidos y de la División Azul. Del primero destacó que se trata de “una obra de fe, de agradecimiento a Dios y de reconocimiento de la superioridad espiritual”, pero sobre todo, subrayó el hecho de que el Valle de los Caidos fuera construido como símbolo de reconciliación entre vencedores y vencidos de nuestra contienda civil. “No hay en el mundo un monumento dedicado a los dos bandos. Por eso, todo lo que es positivo y digno de agradecer se vuelve en contra de los que mantienen el rencor por encima de todo”, señaló.
Respecto a la División Azul, lamentó los intentos actuales por desacreditar a sus protagonistas. “Parece mentira que una obra de la generosidad de la juventud española, sobre todo falangista, que pese a tener el futuro en sus manos marcharon voluntariamente a luchar a miles de kilómetros de España para combatir el comunismo, con el sacrificio enorme en vidas humanas, se haya querido desmitificarla también”.

Por otra parte, el general Piñar denunció la escasa colaboración obtenida de sus compañeros de armas para conmemorar el 75 aniversario de la epopeya del Alcázar, en el mismo escenario de su numantino defensa, hoy reconvertido en museo del Ejército. ”Para conmemorar el 75 aniversario, decidimos celebrar un ciclo de conferencias en dos fases. La primera en Madrid y la otra en Toledo. Pensamos que no había un escenario mejor que el propio salón de actos del propio Alcázar, donde apenas se celebran actividades. Nos cobraban dos mil euros por conferencia, lo que era una forma de evitar que se llevaran a cabo”.
La escasa disposición de algunos mandos militares adquiere para el general Piñar una repercusión aún más lamentable dado que para ellos debería ser imperio la defensa y difusión de las grandes gestas de nuestros soldados. “Es lamentable que el propio Ejército mire para otro lado cuando se habla de laureados, de medallas militares individuales, de señores por los que todos los días teóricamente se interpreta el toque de oración, por los que se canta ‘La muerte no es el final’. No entiendo cómo dejamos que quiten los nombres de esos héroes de algunos acuartelamientos. Lo malo en esta vida es actuar con complejos”.

Por último, el general e historiador dedicó unas emotivas palabras a su padre, el legendario fundador de Fuerza Nueva. “Hasta el último momento va a estar haciendo lo que él cree que tiene que hacer por España. Por eso sigue colaborando en medios como Alerta Digital y seguirá haciéndolo mientras Dios le conceda fuerzas”.

                                                                 Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda
                                                                    Teniente Coronel de Caballería

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Fecha para recordar







FECHA PARA RECORDAR


Cristina Fdez. de Valderrama Alonso

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El BOE a veces da alegrías como ésta.


Gema.

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África en la Memoria








  Arturo Pérez - Reverte

El viejo soldado

Al principio no lo reconozco. El suyo es un rostro como cualquier otro. Camina bajo la lluvia fina, con la cabeza descubierta y las manos en los bolsillos del chaquetón impermeable. Pasa por mi lado y me mira un instante, tímido y confuso, como si dudara entre saludarme o no, antes de seguir su camino sin decir nada. Entonces, de golpe, recuerdo. Me detengo y lo llamo: grito su nombre por encima del ruido de los automóviles. Se detiene como sorprendido, al oírlo. De que lo recuerde. Y se vuelve hacia mí. La ropa de paisano le sienta mal; no parece propia de él. Ha engordado, y el pelo que le queda es gris. Sin embargo, la sonrisa es la misma. La cicatriz del mentón –estuve presente el día que se la hizo, o se la hicieron– se embosca entre las arrugas de la cara, en la piel recién afeitada.


–Niño –dice.

Me hace gracia el viejo apelativo, tanto tiempo después. Así me llamaban él y sus compañeros: yo tenía entonces veintitrés años. También lo llamo ahora como entonces.

–Mi capitán –respondo.

Nos estrechamos la mano, entre las luces de los escaparates y los semáforos que se reflejan en el suelo mojado. Tras las primeras palabras quedamos en silencio, mirándonos cautos mientras nos reconocemos los adentros. Resolviendo si es cosa de seguir cada cual su camino, o de quedarse un rato. Recordar y recordarnos. Nos miramos indecisos hasta que, de mutuo acuerdo, decidimos recordar. Con asombrosa naturalidad recobramos antiguos ritos: una palmada en el hombro, más sonrisas, nombres de personas y de lugares que afloran como un torrente. Y luego buscamos un bar apropiado. Una tasca del Madrid de los Austrias, casi vacía. Nos acodamos en la barra, él pide una cerveza y yo un vermut rojo; y con ellos pasamos revista a los recuerdos mientras desgranamos un rosario de nombres queridos: el teniente coronel López Huerta, el comandante Labajos, el capitán Gil Galindo, el teniente Rex Regúlez, el cabo Belali uld Maharabi, el teniente Albaladejo… Casi todos ellos están muertos hace mucho tiempo. Como decíamos entonces, dejaron de fumar.
Me habla de mis novelas, que ha leído todas. O eso dice. Del capitán Alatriste, que como veterano soldado es, naturalmente, su favorito. Por mi parte hablo de él mismo, de mis recuerdos a su lado. De su juventud, que durante ocho meses también fue la mía. De otros países, otras fronteras y otras guerras que vinieron después. De nuevos compañeros y amigos en los que, sin duda, se habría reconocido. Al fin, con la tercera cerveza y el tercer vermut, me cuenta de su mujer, de sus dos hijas. De sus tres nietos. De cómo acabó siendo su trabajo hasta hace poco: la mesa cubierta de papeles, la jornada con horario burocrático, el desesperado aburrimiento que en los últimos tiempos invadió hasta el último rincón de su vida. El piso familiar que reservó para su jubilación –Melilla, apunta con una luz singular en los ojos, África a fin de cuentas–. La rutina, los años, la resignación. El consuelo de los recuerdos. De lo que en otro tiempo fue, o creyó ser. Hace siglos, comenta con una sonrisa amarga, que en su vida no hay sorpresas, noches en vela, escaramuzas en el desierto, patrullas nómadas bajo la Cruz del Sur, chicas como las del cabaret de Pepe el Bolígrafo, soldados fieles –a los que traicionamos como a perros, apostilla– como los saharauis de su tropa nativa. Se acabó, amigo. Safi. Una vez fui de vacaciones, en plan visita, a los campamentos de Tinduf, añade. Y me pasé el tiempo llorando.

Cuando salimos de nuevo a la calle, las luces verdes de los taxis pasan por Puerta Cerrada. Miro el reloj. Siento marcharme, digo. Tengo una cita de trabajo. Asiente, comprensivo. Está claro que no desea que nos separemos. Soy parte de su memoria, de sus sueños perdidos y sus nostalgias. Durante tres cervezas ha vuelto a ser el que era, junto a un testigo de lo que en otro tiempo fue: un joven oficial que aún creía en patrias y banderas mientras jugaba a los héroes en un escenario perfecto e irrepetible. Y en cuanto nos separemos, a ojos de cuantos se crucen con él –pocos llevan la biografía escrita en la cara–, volverá a ser un transeúnte más: viejo, anónimo, de aire fatigado. Quizá por eso hay una amarga desolación en su sonrisa cuando estrecha mi mano y vuelve la espalda, alejándose. Aunque se detiene a los tres pasos, como si hubiera olvidado algo.


–Allí no había nada –dice de pronto–. Sólo viento y arena, ¿te acuerdas?… Pero era el lugar más hermoso del mundo.

Francisco Javier de la Uz Jiménez 

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¡A trabajar!







Algunos políticos incluso piensan, y como  en el caso de Mayor Oreja incluso piensan bien, otra cosa es si pueden o quieren arreglar las cosas, en el caso que nos ocupa no tengo dudas en el "quieren", que sí,  otra cosa es el "pueden", que no lo sé.
Al menos, Mayor Oreja denuncia públicamente el mayor problema que tiene la sociedad española y que entre todos deberíamos poder arreglar,no deberían estar solos en esa dura tarea.
A estas horas, cerradas las urnas y a falta del recuento de papeletas, parece ya seguro el triunfo por mayoría absoluta del partido que va a desalojar a los socialistas del gobierno.
No les ha tocado ningún premio, les ha caído sobre los hombros una responsabilidad enorme, como no dudamos que quieren, vamos a ver si pueden..quiero decir.. si los dejan.
Vista, suerte y al toro.



MinutoDigital.com  (16.2.2010)
El portavoz del Partido Popular en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja, alertó hoy contra la “enfermedad” del relativismo, que definió como “dejar de creer”, que afecta a muchos países europeos pero que, según advirtió, en España “se ha hecho proyecto de Gobierno”.
Durante una conferencia titulada ‘Crisis de valores. Diagnóstico del relativismo’ en la Universidad católica San Antonio de Murcia (UCAM), destacó hoy que la situación que vivimos “está presidida por la ausencia de convicciones, de valores y de principios”, y que la combinación de estos factores “es lo que da lugar a la crisis económica”.
“Vivimos en una crisis de valores, y la mejor demostración es que, claramente, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, según señaló en una rueda de prensa que ofreció junto al presidente de la UCAM, José Luis Mendoza.
En este sentido, ratificó que “no hay una crisis de valores y una crisis económica y una crisis financiera, sino que hay una crisis que, fundamentalmente se produce no solo en España, sino también en la Unión Europea y en el mundo occidental”.
“Hemos vivido en buena medida como cigarras imprudentes, en vez de como hormigas laboriosas”, según Mayor Oreja, quien señaló que eso es “lo que viene a significar el término del relativismo, que es dejar de creer”.
Según recordó, el relativismo “se hace especialmente presente en la Unión Europea a partir de la caída del muro de Berlín”, y abordó “cuáles son especialmente las características de esta crisis en España que nos diferencian de los demás países europeos”.
La diferencia esencial de España respecto a otros países europeos, a juicio de Mayor Oreja, radica en que “tenemos un proyecto de Gobierno que se asienta precisamente en ese relativismo”. “En otros países existe también esa enfermedad, pero en España se ha hecho proyecto de Gobierno”, aseveró.
Además, dijo que este relativismo se da en un lugar donde “la exageración en nuestro cáncer, y vivimos en este terreno la exageración en el ámbito de los valores”.
Así, dijo que hay situaciones que “sin duda son superadas, lo que ellos llaman el progresismo en Holanda o en Bélgica, donde no hay naciones muy poderosas, pero hemos perdido el norte en España y hemos caído en la exageración en el ámbito de los valores”.
Al igual que en otros países, en España “tenemos las mismas consecuencias derivadas de una sociedad que se ha hecho cómoda, después de haber sufrido una gran batalla por la libertad, después de dos guerras mundiales”, concluyó.


JAIME MAYOR OREJA

15 de febrero 2010 en Universidad católica San Antonio de Murcia (UCAM).
Crisis de valores, diagnóstico del relativismo

A la hora de afrontar cualquier problema, cualquier dilema o cualquier realidad, es imprescindible llevar a cabo, como punto de partida, un correcto diagnóstico de la cuestión que queremos afrontar. Ninguna conclusión, ninguna propuesta, ninguna reacción será acertada si no se toma a partir de un diagnóstico profundo y correcto de la realidad. Y esta afirmación es igualmente válida si afrontamos un problema, una realidad, desde el punto de vista del político, del filósofo, del sociólogo o del académico.
La Historia nos ha enseñado que el mayor error que puedan haber cometido en el pasado y que podamos seguir cometiendo quienes, de una u otra manera, tenemos responsabilidades públicas radica siempre en no saber comprender la realidad del momento histórico en el que se vive.
En ese sentido, nuestro mayor adversario es, a menudo, nuestra propia incapacidad de superar la visión del día a día para elevarla a una visión histórica y de conjunto que nos permita profundizar en las raíces de un diagnóstico global de la realidad.
Y es ese diagnóstico el que hoy querría compartir con ustedes: un diagnóstico de la realidad de nuestra sociedad en su conjunto, de la realidad de Europa y, de manera más concreta, de la realidad de España. Para ello, querría partir de una reflexión de carácter general. Hemos vivido una década, el período 2000/2010, que tuvo un terrible comienzo. En el año 2001, el mundo occidental sufría el ataque terrorista más terrible de la Historia, el atentado de las Torres Gemelas. Un suceso que ha tenido una influencia determinante, que ha marcado nuestras vidas a lo largo de estos últimos años.
Y esa década está teniendo también un terrible final: la profunda crisis económica y financiera en la que estamos sumidos. Y ante estas realidades debemos plantearnos y reflexionar en torno a una serie de cuestiones: ¿Es sólo una coincidencia que a lo largo de esta década al mayor ataque terrorista de la Historia le haya seguido la peor crisis económica en décadas? ¿La crisis que estamos viviendo es solamente una crisis económica y financiera? ¿Por qué los terroristas se han atrevido a atacarnos donde nunca antes lo habían hecho, en el corazón mismo de nuestros países, por así decirlo, en nuestro propio hogar?
¿Son estos ataques terroristas la principal causa de la crisis o son consecuencia de una crisis que ya padecíamos? ¿El terrorismo es causa o consecuencia de la crisis? Ésa sería, a mi juicio, la primera reflexión que habría que hacerse. Deberíamos reflexionar si Europa y el mundo occidental en su conjunto no se había vuelto más débil, más vulnerable ante las amenazas externas, como el terrorismo, por una crisis previa, una crisis que afectaba y afecta a la misma esencia de ese mundo, a los principios y los valores que lo sustentan. Del mismo modo, debemos igualmente plantearnos si esa misma debilidad moral, esa debilidad en sus valores, es igualmente la causa de que al ataque del terrorismo le haya seguido la llegada de una profunda crisis económica.
A mi juicio, en el corazón de esta década anida un problema previo a la misma. Los acontecimientos de esta década se derivan de manera directa de un largo proceso que ha vivido en su conjunto el mundo occidental, un proceso de progresiva relativización de los valores, las creencias y las convicciones.
El mundo occidental es testigo impasible de cómo sus propios dogmas, sus propias referencias, se han ido derrumbando, se han ido debilitando, han entrado en crisis, en una crisis de orden moral, que nos ha hecho más débiles y más vulnerables, ya sea ante la amenaza externa del terrorismo, ya sea ante nuestros propios errores, que nos han llevado a la actual crisis económica y financiera. 
Somos más débiles, más vulnerables, desde el punto de vista moral, desde el punto de vista de nuestras convicciones, nuestros principios y nuestras referencias. Somos, en definitiva, víctimas de nuestro propio relativismo colectivo e individual.
Hay nuevos poderes en el mundo que están emergiendo a partir de valores radicalmente opuestos a los nuestros, a la cultura occidental. La prosperidad, la riqueza, el bienestar y la competitividad que antes eran patrimonio exclusivo del mundo occidental, se han de compartir ahora con nuevas potencias que han cambiado el escenario económico global.
Y nuevas amenazas han emergido con inusitada fuerza. El terrorismo yihadista, por un lado, o los nuevos regímenes políticos que han surgido en América Central y del Sur, por otro, son claros ejemplos de un nuevo orden, de un nuevo escenario, donde valores muy diferentes a los nuestros van extendiéndose mientras nosotros continuamos sumidos en la crisis de nuestro propio sistema moral, social, económico y político.
Lo que se ha vivido recientemente en Estados Unidos, con los resultados electorales de un Estado tradicionalmente demócrata, sólo un año después de un cambio inédito e histórico, es muy significativo. Como lo son también los últimos datos económicos europeos, que reflejan la confusión y la incertidumbre ante la crisis.
No sólo vivimos una crisis económica. Vivimos una crisis de valores. Yo creo que no estamos viviendo solamente un tiempo de crisis. Estamos viviendo un auténtico cambio del modelo de sociedad. Y es un cambio global, con nuevas amenazas y nuevos competidores globales.
Y es precisamente esa debilidad nuestra lo que los alimenta.
Y ese diagnóstico general puede concretarse, en primer lugar, si echamos una mirada específica a la realidad de Europa.
La Historia de la Unión Europea ha sido siempre la historia de un éxito. Un éxito frente a la tragedia de las guerras mundiales. Un éxito frente al fanatismo y el radicalismo de los regímenes comunistas que dejaron las grandes guerras. Un éxito frente al ancestral enfrentamiento entre las grandes potencias del continente. Un éxito, en definitiva, de la libertad.
Históricamente, Europa aportó grandes líderes que supieron afrontar y superar los momentos de tragedia. Líderes como Churchill o Adenauer, líderes que provenían tanto de los vencedores como de los vencidos, surgieron de los momentos de tragedia para impulsar a Europa a salir de esa tragedia.
La Historia europea nos enseña que la crisis puede ser la antesala de la tragedia. Por ello, lo que Europa necesita ahora mismo pueden ser quizás líderes, pero en todo caso lo que sin duda necesita Europa es ser capaz por sí misma de evitar, precisamente, que la crisis derive en tragedia.
¿Cuál ha sido la realidad de Europa a lo largo de los últimos años?
Durante años, la izquierda política europea, bajo el paraguas del progresismo y el socialismo, quiso modificar nuestro orden social y económico. Quiso imponer un supuesto modelo alternativo. Y fracasó allá donde gobernó. Y, ante ese fracaso, asumió una nueva estrategia: ya no se trataba de imponer un modelo alternativo. Se trataba, simplemente, de instalarse en la ‘nada', de instalarse en el triunfo del relativismo.
Tras el fracaso de su modelo, la izquierda europea puso en pie una nueva concepción de la democracia. Decidió que no hay nada más democrático que no creer en nada, que relativizarlo todo, convirtiendo ese vacuo relativismo en la máxima expresión de la libertad. De acuerdo con esa tramposa concepción moral, se parte de un falso principio: para que una persona sea auténticamente libre, lo más importante es que no crea en nada o casi nada. Las creencias, los principios, los sistemas morales, las convicciones no son más que límites y obstáculos a nuestra libertad.

Doctrina del relativismo
Ésa es la doctrina del relativismo. Un auténtico movimiento de ‘ingeniería social' que busca crear un nuevo modelo de ciudadanos. Ya no se trata de buscar viejos y fallidos postulados de la izquierda que buscaban ‘liberar al hombre de las ataduras de unas estructuras económicas opresoras'. Ahora se adopta como objetivo el liberar al hombre de ataduras más profundas, ligadas a la misma esencia de la naturaleza humana. Como ha señalado el propio Benedicto XVI en su encíclica Cáritas in Veritate se le otorga a la cuestión social un carácter y un matiz ‘antropológico'.
De este modo, a partir del fracaso de sus viejos postulados y la transformación de éstos en la defensa de la ‘nada', la izquierda europea se convierte en la gran promotora del relativismo moral. Y este proyecto de extensión y contagio de la ‘nada', del relativismo, que sin duda vive hoy Europa, es aún más peligroso que el comunismo y el autoritarismo. De esos males, por el momento, ya estamos vacunados. De la contagiosa plaga del relativismo, todavía no.
La doctrina del relativismo se asienta además en una serie de características que la hacen particularmente atractiva.
En primer lugar, la defensa del relativismo se viste con un atractivo disfraz de exaltación de la libertad. Las obligaciones no existen. La eliminación de las obligaciones y las responsabilidades se presentan en un bonito envoltorio, como si se tratara de la ampliación o la creación de nuevos derechos.
En segundo lugar, esa creación de falsos derechos se adorna más aún gracias a una manipuladora utilización del lenguaje. El relativismo crea un nuevo lenguaje, una nueva jerga, que lo hace atractivo e imbatible ante la opinión pública. Así, ya no hablamos de aborto sino de salud reproductiva y derecho de las madres a decidir. Ya no hablamos de eutanasia, sino del derecho a morir dignamente. Ya no hablamos de adoctrinamiento, sino de educación para la ciudadanía. Suprimimos obligaciones y responsabilidades. Creamos supuestos nuevos derechos. Y ponemos las bellas palabras al servicio de esa estrategia.
Y, en tercer lugar, la tercera característica de la doctrina del relativismo es su transversalidad. Es una doctrina que, en su capacidad de contagio, se extiende por todos los países europeos y supera y traspasa las ideologías. En ese sentido, tanto desde el punto de vista territorial como ideológico, el éxito del relativismo radica en que nunca sabemos dónde tiene sus líneas fronterizas. Es evanescente en su enorme capacidad de expansión y contagio. Nos alcanza a todos, se confunde a menudo con nuestras lógicas y normales limitaciones, y nos hace dudar en numerosas ocasiones.
La capacidad expansiva de esa doctrina relativista, que es un proceso de larga duración, se nutre de esa transversalidad, de no identificarse con unas siglas concretas o con un partido político concreto, impregnando así con mayor facilidad al conjunto de la sociedad, bajo la falsa apariencia de no corresponderse con una opción política específica.
Ésa es la doctrina que impera en la Europa de nuestros días. Una doctrina nacida de una izquierda que quedó desorientada, que perdió su rumbo y sus objetivos tras la caída del Muro de Berlín.
Pero, a fin de ser justos y objetivos en el diagnóstico, hay que añadir que el éxito de esta doctrina no es exclusivo de esa izquierda redefinida. El relativismo ha encontrado su caldo de cultivo en dos realidades indiscutibles.
La primera, la indolencia, la comodidad de nuestra sociedad. El relativismo surge y se extiende en una sociedad sumida en una crisis de valores. Durante años, Europa y sus ciudadanos han visto crecer sin fin su calidad de vida, su bienestar. Y eso nos ha hecho cómodos.
Hemos llegado a creer que merecíamos ese bienestar de manera natural y espontánea, sin que el mismo fuera el fruto de nuestro propio esfuerzo. Hemos abandonado valores como el sacrificio personal, el esfuerzo, el compromiso, la responsabilidad y la prudencia. Nos hemos olvidado de la austeridad. En la fábula de Esopo, nos habríamos convertido en indolentes cigarras en lugar de en laboriosas hormigas. 
Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y eso, a la postre, conduce a una sociedad débil, aletargada y acomodaticia en que una doctrina basada en el ‘todo vale' encuentra su mejor escenario para expandirse.
La segunda realidad es que no hemos sido capaces de presentar resistencia frente a los defensores del relativismo. Quienes propugnan ese relativismo han sabido hacer creer a la sociedad que aquéllos que defienden valores y principios no son, en realidad, buenos demócratas sino tan sólo dogmáticos, radicales y fundamentalistas.
Ese ambiente, hábilmente creado por los voceros del relativismo, ha generado un cierto miedo reverencial a discrepar de lo que es una moda supuestamente dominante, la de la socialización de la nada. Esos defensores del relativismo ya no necesitan hacer la revolución social sino servirse de la comodidad de la sociedad, de un aletargamiento colectivo que es su principal aliado y su mayor soporte. Buscan la transformación de la sociedad desde esa comodidad, desde la esclavitud de los políticos a las encuestas de opinión.
Crisis de valor


Y ello ha conducido a que, en muchos, la crisis de valores (en plural) se acabe traduciendo en una crisis de valor (en singular) a la hora de atreverse a hacer frente a esa moda de la nada y de decir y defender aquello en lo que íntimamente creen. Porque el relativismo alimenta la osadía de unos y la falta de valor de otros. Por ello, nuestro temor, nuestra preocupación ante esta siniestra estrategia no es ya tanto la revolución en sentido histórico: es el suicidio de nuestra sociedad.
A la hora de analizar la realidad europea, no debemos caer en falsos espejismos. Es verdad que el muro de Berlín cayó, que el socialismo ha fracasado en el orden económico y político en las principales naciones europeas. Pero no nos equivoquemos. Este movimiento relativista que acabo de describir sigue avanzando en el diseño de una sociedad a su medida, alejada de principios y convicciones.
Hoy es mucho más fácil estar a la vanguardia de la lucha contra el cambio climático que posicionarse en la defensa del derecho a la vida o la defensa de la Nación. Y les pongo un claro y reciente ejemplo. Cuando Nicolas Sarkoszy ha defendido una posición de vanguardia en la lucha contra el cambio climático, no ha tenido problemas. Ahora bien, cuando abre el debate de la identidad de Francia se le multiplican las complicaciones.
Dentro de esta realidad, común a toda Europa, ¿cuál es la realidad, qué sucede en España?
El retrato de España puede hacerse extrapolando una reciente encuesta que se ha realizado en Guipúzcoa sobre cuáles son los principales valores, principios y comportamientos en este territorio. En los resultados, se ve claramente cómo la pirámide de los valores está absolutamente invertida respecto a lo que debería ser conforme a la ética y la moral.
El valor predominante de la sociedad guipuzcoana en un 53% es el consumismo -comprar, gastar...- seguido de los valores de la comodidad, la competitividad, la búsqueda del éxito y la consecución de dinero. A la cola de los principales valores, en la base más baja de la pirámide, se sitúan la búsqueda del bien común, la ética y la honestidad, el respeto y el compromiso, la lealtad y la fidelidad. Sólo un 10% de los encuestados consideran éstos como valores predominantes.


Pues bien, como digo, este análisis es perfectamente extrapolable a la sociedad española en su conjunto. ¿Qué hace, a mi juicio, que esa expansión del relativismo y esa profundidad de la crisis moral que afecta a toda Europa tenga una profundidad y una relevancia mayor aún en España?
A mi juicio, dos características específicas de nuestra realidad. La primera, la exageración en la ejecución del proyecto. La exageración ha sido siempre una característica de España, un auténtico cáncer que siempre ha afectado a nuestra convivencia, una especie de maldición que nos persigue históricamente, confirmando nuestra condición peninsular europea.
Y, en segundo lugar, el hecho de que, a diferencia de otras naciones europeas, en España ese relativismo se ha convertido en un proyecto de Gobierno, en la esencia misma de una visión de España y de un proyecto gubernamental, algo que no sucede en ningún otro país de Europa. 
El relativismo es la esencia del proyecto político de Rodríguez Zapatero, un proyecto que está ejecutando material e implacablemente. Un proyecto que a menudo tengo dudas de que una mayoría de españoles comprendan en toda su dimensión y significado.
A la hora de analizar ese proyecto, me veo siempre obligado a partir de una obviedad, para evitar tergiversaciones: no, no estoy diciendo que el Presidente del Gobierno quiera destruir España, aunque a veces lo parezca.
Lo que sí busca es llegar a una España debilitada, a una España alejada de los principios y valores que a lo largo de la Historia han forjado su identidad y su personalidad, una identidad y una personalidad que queden sustituidas por un vacuo relativismo.
Basta recordar los principales debates abiertos en España durante los últimos tiempos y que son el mejor retrato, la mejor fotografía y síntesis de ese proyecto.
Por una parte, está el debate de la Ley del Aborto. Por otra, estamos siendo testigos del inacabable debate del Tribunal Constitucional ante el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Y ambos debates no son sino caras de una misma moneda. Ambos debates, aparentemente de una naturaleza tan diferente, comparten en realidad una misma base, un mismo origen, como es la crisis de valores, la crisis de identidad, el relativismo que caracteriza y alimenta el proyecto político de Rodríguez Zapatero.
Y lo mismo cabría decir de otros debates, como la propuesta de eliminar el crucifijo en las aulas de los colegios públicos y concertados o la anunciada Ley de Libertad Religiosa. Todo ello forma parte de ese objetivo único que es avanzar en la relativización moral de nuestra sociedad, a partir de un laicismo radical, precisamente porque no encuentran una resistencia social y moral con la suficiente fortaleza.
Para Rodríguez Zapatero, el relativismo, la crisis de valores, es un fin en sí mismo, en la medida en que conduce a una sociedad aletargada, formada más por dóciles votantes que por ciudadanos comprometidos y decididos a tomar las riendas de su propio destino.
Es cierto que se atisban reacciones y cambios de actitud parcial y colectiva, como lo han sido las movilizaciones sociales frente a las aberraciones contempladas en la Ley del Aborto. Pero lo cierto es que, a pesar de mi convicción personal de que hay una mayoría social que sostiene y defiende valores radicalmente diferentes a los que sostienen esas iniciativas, el proyecto de Rodríguez Zapatero tiene la ventaja de enfrentarse a una sociedad inerme y en exceso conformista y acomodaticia.
Pues bien, a ese proyecto se le debe y se le puede hacer frente. Y existen instrumentos para ello.
Especial valor y consideración merece, en ese sentido, la firme defensa de la institución familiar por su importancia en este ámbito.

Yo creo que la familia es la primera y más determinante fuente de transmisión de valores en la sociedad y es absolutamente necesario que todos comprendamos las posibilidades que esto ofrece para la defensa o la recuperación de valores que se quieren destruir, pero al mismo tiempo el enorme riesgo que supone su utilización como instrumento de transmisión de esa nueva cultura del relativismo.
A mi juicio, el Sr. Rodríguez Zapatero ha entendido perfectamente la importancia de la familia y en el desarrollo de su proyecto ha dedicado una atención especial a su banalización, para que a su vez sean las propias familias las que transmitan esta corriente de banalización y destrucción de valores.
El afán por desnaturalizar el concepto de familia por parte de Rodríguez Zapatero, de difuminar su esencia y de debilitar el vínculo que supone ha sido una constante en su proyecto gubernamental.
Nos encontramos pues en un momento en que las familias pueden estar siendo utilizadas para su propia banalización y es absolutamente preciso y urgente emprender acciones decididas dirigidas a la defensa del valor de una auténtica familia.
Otra pieza indispensable es la educación. Está claro que la educación constituye una pieza clave dentro del proyecto ideológico de Rodríguez Zapatero, de ahí la infinita dificultad de alcanzar en España un Pacto de Educación. 

El objetivo del proyecto relativista de Rodríguez Zapatero, ese afán de crear nuevos ciudadanos al que antes me refería, hace que el Estado se atribuya una especie de ‘misión liberalizadora' cuyo objetivo no es ya construir una sociedad sin clases sino una sociedad que algunos han llegado a definir como ‘posthumana', es decir, una sociedad que no acepta las leyes de la naturaleza humana, a la que se pretende dominar y alterar moralmente con el pretexto de su supuesta liberación.
Esa operación, que como decía antes constituye una auténtica obra de ‘ingeniería social' tiene dos ingredientes fundamentales: Primero, fortalece el papel del Estado como educador, como educador de la nueva moral. Segundo, combate de manera directa a quienes pueden ser los representantes de la moral a la que se pretende sustituir, que son básicamente las religiones y sus aliados, es decir, quienes defienden los rasgos fundamentales de nuestra civilización, la civilización judeocristiana, lo cual enlaza de manera directa con ese laicismo radical que caracteriza el proyecto de Rodríguez Zapatero.
Pero no se puede franquear el principio de que los padres son los primeros y más importantes responsables de la educación de sus hijos y son ellos quienes tienen el derecho de decidir el tipo de educación que quieren para sus hijos conforme a sus convicciones morales, religiosas, filosóficas y pedagógicas.
El Estado no puede invadir un terreno que corresponde esencialmente a los padres. Ni puede tratar de debilitar y destruir los valores esenciales que determina una estructura familiar. La trágica historia de Europa ya nos ha dicho hacia dónde conducen esas concepciones del Estado educador que siempre han pretendido la separación de los hijos de sus padres en el cimiento de su formación.
En definitiva, éste es el diagnóstico de Europa y, en especial, de España.
Como decía al comienzo, hemos vivido una década en la antesala y en la manifestación de la crisis. En la próxima década, nos corresponde vivir el desenlace de la misma.
La crisis económica y financiera tendrá su manifestación social. Probablemente, la tendrá en términos de una mayor desigualdad entre naciones, regiones y personas. Esta crisis de dimensión social y de desigualdad la estamos viendo de manera muy clara en la Euro-zona.
No es fácil pasar del diagnóstico al pronóstico, pero está claro que a lo largo de la próxima década hay razones fundadas para pronosticar etapas singularmente difíciles. Frente a quienes afirmaban que la salida de la crisis era fácil, casi inmediata, viendo sólo la dimensión económica y financiera de la misma, la realidad ha confirmado y puesto de manifiesto la profundidad de esa crisis, sus múltiples rostros, más allá del económico y financiero.
A ello se suma, en el caso de España, un proyecto gubernamental fuertemente anclado en el más agresivo relativismo, que agudiza y profundiza en nuestro país las características de esa crisis global.
Ésa es la realidad. Ése es el diagnóstico que hay que hacer del presente para poder afrontar el futuro.

Regeneración social
Y ese futuro sólo lo podremos afrontar con garantías de éxito si estamos dispuestos a llevar a cabo una profunda regeneración de nuestra propia sociedad.
Esa regeneración pasa por varios aspectos ineludibles, aspectos todos ellos que han de perseguir un fin común, como es la recuperación, la redefinición y el fortalecimiento de los valores más esenciales del ser humano.
En primer lugar, pasa por recuperar la verdad. La verdad a la hora de actuar, de hacer política, de diagnosticar los problemas que nos afectan y de aportar soluciones para hacerles frente. Hemos de volver a la política-verdad.

La política no puede basarse en un mero juego de poder, en la mera lucha de cambiar las siglas de quienes lideren un Gobierno. La política debe partir de la consideración de las personas como lo que son, como seres humanos con un proyecto vital, desde su nacimiento hasta su muerte, que implica la posibilidad de vivir, de educarse, de tener un trabajo, de crear una familia, de sentirse seguros y de saberse reconocidos. Las personas no pueden tratarse como meros votantes aletargados.
En segundo lugar, debemos alimentar los valores auténticos frente al relativismo moral que han propugnado y fomentado, en especial en España, quienes desde el Gobierno no creen en los valores sino en los antivalores. El valor del esfuerzo, de la superación, de la educación, del compromiso deben imponerse a la vacua cultura del ‘todo vale' y del mínimo esfuerzo.


En tercer lugar, debemos imprimir a la política una fuerte dosis de humanismo. La persona -y, por extensión, la familia- deben constituir el foco, el eje y el objetivo de toda acción política. La persona -sus necesidades, sus demandas, sus valores- debe constituir la principal preocupación del político, del economista, de los pensadores, de todos aquellos que de una u otra manera conforman y definen el modelo social en que vivimos.



Quiero insistir en la importancia de la persona en este cambio de comportamientos, que no solamente se refiere a los dirigentes políticos, sino a todas y cada una de las personas, a todos y cada uno de nosotros, porque acostumbrados como estamos a oír hablar siempre de instituciones, entidades, colectivos, siempre de carácter impersonal, olvidamos que la persona individual, y de forma individual, es el agente activo más importante en todas las áreas de actividad social.
Porque son personas individuales quienes gobiernan las naciones, quienes hacen sociedad, quienes componen las familias, quienes dirigen las empresas y, desde luego, quienes con su comportamiento determinan las vicisitudes de la economía.
No nos acostumbremos, por tanto, a pensar que son los gobiernos quienes nos tienen que dar las cosas hechas, ni nos conformemos con echar la culpa de todo lo que pasa a las clases dirigentes. La evolución de las cosas depende de nuestro comportamiento individual y de la forma de conducirnos en la vida cada uno de nosotros.
En cuarto lugar, debemos devolver su fortaleza a los conceptos vertebradores de la sociedad. Y con esto no me refiero sólo a la familia, como elemento esencial de la organización social, sino al concepto de nación. Porque el primer paso para construir una Europa fuerte, una sociedad occidental fuerte, es fortalecer el concepto de nación, un concepto que tan debilitado ha sido en los últimos tiempos en el caso de España por un presidente de Gobierno que ve en ese concepto algo discutido y discutible. Sólo desde una nación fuerte, con identidad propia, puede construirse una Europa fuerte.

Eso es lo que yo entiendo por la regeneración moral y política que, a mi juicio, es la única receta para superar la actual crisis de valores. El diagnóstico de lo que es el proyecto del Sr. Rodríguez no es un invento. Es una realidad. El propio Sr. Rodríguez Zapatero lo resumió, lo sintetizó, en el ‘Desayuno de Oración' al que acudió recientemente en Washington. Una vez más, le escuchamos bellas palabras, esta vez además en un marco de espiritualidad y recogimiento.
Y, como resumen de esas bellas palabras, una sentencia repleta de osadía: ‘La libertad os hará verdaderos'. Una cita propia frente a la auténtica cita evangélica: ‘La verdad os hará libres'. Esa imagen vale más que mil palabras para explicar y resumir la conferencia que les acabo de exponer. 
El relativismo busca y necesita la mentira, la falsedad, para abrirse camino y desarrollarse. Como decía antes, el adversario al que tenemos que hacer frente es transversal, evanescente, contagioso, con capacidad de penetrar en nosotros mismos. Por todo ello, y ya termino, atreverse a decir la verdad constituye no sólo un imperativo moral sino también el mejor, yo diría que el único, antídoto que tenemos.
Porque atreviéndonos, todos y cada uno de nosotros, a decir la verdad, estaremos siendo capaces de crear una línea, una vanguardia de resistencia frente a este relativismo que padecemos y hacerlo es una prioridad de acción.
A lo largo de 35 años en que me he dedicado a la vida pública, he aprendido pocas cosas, pero les aseguro que algunas las he aprendido bien. Una es que hay que defender aquello en lo que se cree, sin temor y sin miedo a supuestas mayorías dominantes. La otra es que decir la verdad una vez es sencillo, no exige un gran esfuerzo.
Decir la verdad muchas veces es agotador, cansado, a veces difícilmente soportable y, en muchos casos, te lleva a ponerte en el punto de mira de quienes quieren imponer sus falsas verdades sobre cualquier voz discrepante. Pero decir siempre la verdad es un calvario, aunque también la única manera de hacer frente a esos mismos que tanto desearían nuestro silencio.

Guillermo


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