Morenés y la Defensa en España

 

Demoledor análisis de Morenés sobre la Defensa en España: situación límite, ya no se puede recortar más

 
 
Ferrer Dalmau y Afganistán
 
José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

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ADIÓS AL PRÍNCIPE DE ASTURIAS


El portaaviones «Príncipe de Asturias» se retira
La Razón.es 29 de Enero de 2013
Luis Mollá/Madrid
Después de casi 25 años de servicio a España a través de la Armada, en la que sirvió ininterrumpidamente como buque insignia de la Flota, en los próximos días el portaaviones Príncipe de Asturias iniciará su última y más triste singladura, la que lo llevará a la piqueta y al soplete para ser desguazado en las mismas aguas de la ría ferrolana que lo vieron nacer.
Aunque no sea cierto del todo, para muchos el conocido en la Armada con el acrónimo de PdA fue el tercer portaaviones de nuestra historia naval, después de los dos que llevaron en sus amuras un mismo nombre: Dédalo.
En realidad el primero de ellos no fue más que un portahidroaviones que ejercía como plataforma a flote, desde la que un par de grúas recogían y arriaban los hidros que utilizaban la superficie del mar para sus despegues y amerizajes.
Como quiera que embarcaba también globos aerostáticos, figuraba en la Armada con un nombre tan indigesto como el de "Estación Transportable de Aeronáutica Naval". En cualquier caso no se trataba de un buque nacido para el fin que se le terminó dando, pues originalmente fue un vapor mercante, último de los seis barcos con que Alemania compensó las pérdidas materiales españolas en la mar durante la Primera Guerra Mundial.
El segundo Dédalo llegó a España en 1967 procedente de los Estados Unidos, en cuya Marina había servido en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, habiendo recibido el impacto de un avión kamikaze que mató a cerca de treinta pilotos, lo que recordaba una luctuosa placa de metal en el pasillo de alojamientos de pilotos.
Cuando llegó ya era un barco viejo y aunque por un absurdo pulso de jurisdicciones con el Ejército del Aire la Armada de entonces no podía tener aviones, como portahelicópteros constituyó una inmejorable plataforma para el adiestramiento de los pilotos de este tipo de aparatos que formaban entonces el Arma Aérea de la Armada.
La llegada en 1973 de los ocho primeros aviones Harrier le otorgó al fin la calificación de portaaeronaves. La plataforma estaba tan ajustada de dimensiones que los pilotos que ocupaban las literas altas de los camarotes dormían separados por menos de dos palmos de los aviones y sus rugientes carreras previas al despegue. Los pilotos del Sea King se sorprendían después de aterrizar y ver que el tren izquierdo quedaba a apenas veinte centímetros del pretil. Se vivía en un mano a mano con Neptuno.
Inicialmente concebido para llevar el nombre de Carrero Blanco, cuestiones políticas condujeron a barajar los de Canarias, Dédalo, España o Lepanto hasta anclarlo en su nombre definitivo de Príncipe de Asturias. Su entrada en servicio en 1988 supuso un enorme salto cualitativo. Por primera vez se trataba de un portaaeronaves concebido y diseñado para nuestras operaciones navales que podía satisfacer, además, las exigentes condiciones de un buque de mando y control y buque hospital.
En sus cubiertas se formaron centenares de pilotos y en sus centros neurálgicos crecieron profesionalmente muchos oficiales, suboficiales y marineros. Como quiera que el barco se encargó en 1977, el proyecto final sufrió numerosas demoras y transformaciones, debido en parte a los conflictos laborales de la entonces Bazán y también a las modernizaciones exigidas por la Armada durante la fase de construcción.
 Alumnos de la Escuela Naval Militar de Marín reciben adiestramiento a bordo del portaaviones "Príncipe de Asturias". Efe
La composición habitual del PdA de los primeros años solía ser una mezcla polivalente de helicópteros Sea King, tanto en su versión antisubmarina como en la de Alerta Temprana, AB-212, fundamentalmente para misión SAR y por supuesto un número cercano a la docena de aviones AV-8 "Harrier". La rampa de 12º a proa "Ski Jump", permitía el despegue de aviones con una carrera mínima. Durante su primer año de vida operativa el buque contó con un tripulante de excepción en la persona de Su Alteza Real Felipe de Borbón.
El adiestramiento a bordo de pilotos y dotaciones era muy riguroso, pero fue precisamente ese detalle el que permitió, tras la entrada de España en la estructura militar de la OTAN, que el buque insignia de nuestra Flota lo fuera también de variadas Task Force multinacionales en los exigentes ejercicios navales en el ámbito de la organización Atlántica.
Este savoir faire permitió al buque estar presente en dos operaciones reales de envergadura, el control del mar Mediterráneo durante el conflicto del golfo Pérsico, en el que el buque se integró en un grupo de combate compuesto, además de por el PdA, por unidades británicas, francesas, italianas y alemanas, y el despliegue en el Adriático con ocasión del recrudecimiento de las acciones armadas contra la coalición multinacional de Naciones Unidas en el conflicto de la antigua Yugoeslavia.
Con semejante background a sus espaldas el prestigio del buque subió como la espuma, y con él el de la Armada, sus tripulaciones y pilotos. La prueba de fuego tuvo lugar en 1996 durante las Northern Light, un ejercicio de la OTAN que llevó al buque a las frías aguas del mar del Norte donde el PdA volvió a desplegar su profesionalidad al lanzar tres strikes seguidos, a cual más exitoso, contra el buque insignia de la fuerza de oposición, ni más ni menos que el veterano portaaviones británico Invencible, que aquel atardecer del mes de septiembre sencillamente dejó de serlo.
Dicen que lo cortés no quita lo valiente y en junio de 2005 el buque asistió a la revista naval organizada en Porstmouth con motivo del bicentenario de la batalla de Trafalgar y el 21 de octubre, coincidiendo con la efeméride, desde su cubierta se lanzaron una serie de coronas de flores con las que los marinos, hoy aliados, honraron a los compañeros de uno y otro bando que doscientos años atrás habían ofrendado la vida por su patria en ese altar sublime que es el cabo de Trafalgar.
El tiempo es una clepsidra implacable y en unos días convertirá en historia a un barco que hasta hace pocas fechas ondeaba orgulloso la enseña que lo distinguía como buque insignia de nuestra flota. España, la Armada, sus marinos y otros muchos admiradores lo despedirán como merece, pero para los que vivimos la historia del PdA desde sus mismas entrañas, no cabe duda de que algo se nos morirá en el alma al ver caer bajo la ignominia del soplete a tan entrañable amigo.
                                                                  Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

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GENTES DE HONOR






ISABEL SAN SEBASTIÁN

ABC.es / opinión - 14 de Enero de 2013


GENTES DE HONOR
Nadie iguala a las Fuerzas Armadas en la representación de los principios y actitudes que yo admiro

     El sábado juré Bandera en la Base de la Brigada Rey Alfonso XIII, de la Legión, sita en Viator (Almería), lo que es tanto como decir que realicé, en la mejor compañía posible, un gesto sencillo, lleno de significado simbólico, para expresar mi amor lúcido y responsable a España. Mi reconocimiento a esta gran Nación cuyas sombras, abundantes en la actualidad, denuncio desde hace años a través de todos los medios que pone a mi alcance el periodismo, y cuyas luces, resplandecientes en términos históricos y culturales, hacen que siempre me haya sentido orgullosa de ser española.
        Elegí cumplir este rito junto a los Legionarios de Viator porque en estos tiempos oscuros de corrupción y mediocridad, en esta España empobrecida del <<sálvese quien pueda>>, zarandeada por el nacionalismo separatista, que encumbra social y políticamente a personajes de bajísima estofa intelectual y peor catadura moral, nadie iguala a las Fuerzas Armadas en la representación de los principios y actitudes que yo admiro: integridad, valentía, coherencia, austeridad, constancia en el trabajo, afán de  superación, esfuerzo permanente de cohesión, generosidad…Y la Legión encarna, a mi modo de ver, la quintaesencia del honor que anida en el corazón  de ese Ejército, imbuido  de un espíritu de servicio que se refleja en cada una de las misiones llevadas a cabo por sus hombres y mujeres dentro y fuera de nuestras fronteras.
        Muchos de los Soldados a quien vi honrar a sus compañeros caídos en la Seguía el Hamra (1.958) acababan de regresar de Afganistán, donde la víspera había muerto, mientras trataba de desactivar un artefacto explosivo, el Sargento David Fernández Ureña; uno de los tantos héroes cuyo sacrificio ha sido determinante para proporcionarnos seguridad a nosotros, que permanecemos cómodamente en casa, mientras ellos se juegan la vida a cambio de una paga modesta, no por interés o afán de medrar, sino por convicción; un intangible que cotiza a la baja en el mercado de valores vigente en esta sociedad, sin el cual, empero, ninguna empresa merecedora de ser recordada habría sido acometida jamás. Tal vez sea esa la razón de que esta viaja España, en la que la decencia y la brillantez constituyen obstáculos prácticamente insalvables para alcanzar el vértice del poder, no acometa empresa alguna digna de pasar a la Historia.
        De todos los <<espíritus>> del Credo Legionario que tuve ocasión de escuchar en el transcurso de esa jornada inolvidable, uno me llamó especialmente la atención: <<El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde>>.
         Esa misma tarde, la del sábado, estaba convocada en Bilbao a favor de los terroristas presos. Una marcha etarra autorizada por el Juez Gómez Bermúdez, contra la que únicamente las víctimas de los verdugos del hacha y la serpiente, humilladas en lo más hondo, por ese nuevo escarnio, habían alzado claramente la voz. Pensé en ellas, en todos aquellos en quienes ETA ha robado la vida en su intento de romper España, y también en los que han claudicado de un modo u otro ante esta banda asesina. ¿Qué es peor? Yo no creo que morir sea un honor ni sé si es horrible o no la muerte. Nadie ha regresado para contarlo. Conozco, eso sí, a muchos cobardes, y me consta lo abyecto de su condición. Seres dominados por el miedo, huérfanos de honra, miserables. La antítesis del espíritu que habita en la Legión.


Francisco Javier de la Uz Jiménez

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EL COLEGIO DE INFANTERÍA DE TOLEDO (1850-1869)






E

n España, uno de los centros más ilustres de formación de Oficiales del Arma de Infantería, fue sin duda el Colegio de Infantería de Toledo. Creado por Real Decreto de 5 de Noviembre de 1850, a base del extinguido, por el mismo decreto, Colegio General Militar, en sus diecinueve años de fecunda existencia, dio a la Patria la pléyade más gloriosa de generales, Jefes y capitanes, así como el más nutrido grupo de escritores y poetas que un día, colegiales de Infantería todos, formaron cabe los muros del vetusto Alcázar, quedando ya para siempre prendida en lo mas profundo de su ser su condición de Infantes españoles.

El Real Decreto de su creación establecía que el Colegio de Infantería tendría su sede en la Imperial ciudad de Toledo, ocupando la dirección del mismo el General Director de Infantería. El Plan de Estudios e Instrucción para los jóvenes colegiales quedó establecido en  tres años y seis meses, de los cuales los dos años y seis meses primeros serían de estudios en el Colegio y el año restante, realizando prácticas de oficial en los Cuerpos. Serían objeto de estudio preferente las Ordenanzas, las materias científicas y las de universal aplicación a todas las Armas: la Táctica, el Régimen Interior de los Cuerpos, la Contabilidad y el Detall, y demás disciplinas peculiares del Arma de Infantería. El profesorado fue objeto igualmente de especial selección, pues desde un principio quedó establecido que “podrán tener cabida para el mando de las compañías de Alumnos y para la instrucción científica y militar de los mismos, los individuos que de la clase de segundo comandante a la de teniente lo apetezcan y reúnan los conocimientos que según el empleo en que se hallen marca la plantilla adjunta y cuya justificación han de hacer a mi presencia por medio del competente examen”.


El día 13 de Junio de 1858, S.M. La Reina Doña Isabel II visita en Toledo el Colegio de Infantería. La Reina hace el viaje por ferrocarril, en el recién inaugurado tramo Aranjuez-Toledo, con lo que la Imperial ciudad quedó unida a través del “camino de hierro” con los más importantes puntos de nuestra geografía peninsular. La Gaceta de Madrid nos relata los detalles de aquella visita : “La inauguración del camino de hierro de Toledo ha dado origen a un acontecimiento notable y altamente satisfactorio para el Colegio de Infantería, establecido en aquella ciudad, que con este motivo ha merecido la honra de ser visitado por S.M. La Reina, por S.M. El Rey y por SS.AA. Reales. El anuncio de este fausto suceso llevó dos días antes a dicha población al General Marqué de Novaliches, Director del Arma, que secundado eficazmente por el inteligente y activo Brigadier Don Ángel Lossada, Subdirector del Establecimiento, y por los demás Sres. Jefes y Oficiales del mismo, dictó las disposiciones necesarias para que estuviera en lo posible al verificarse aquel acto, cual correspondía las Augustas Personas que favorecían con aquella distinción al centro de educación militar que encierra la esperanza y el porvenir de nuestra Infantería. La regia visita se verificó el día 13 de este mes a las cinco y media de la tarde, habiendo sido antes impedida por una fuerte y continuada lluvia, que hizo temer que no se realizara. Sin embargo de ella, SS.MM. se presentaron a dicha hora empezando la inspección de los edificios que dependen del establecimiento por el antiguo y afamado Alcázar, ruina veneranda que como un gigante de piedra domina la ciudad imperial constituyendo hasta cierto punto un resumen de su historia por sus gloriosas tradiciones, orgullo de Toledo como monumento artístico y gloria nacional por el recuerdo de sucesos y épocas notables en la monarquía castellana, que tuvo en él su principal asiento. Desde el Alcázar pasaron SS.MM. al gimnasio, colocado en una explanada contigua a su fachada oriental. Allí vieron varios ejercicios de esgrima que demostraron su buena enseñanza en el Colegio, y enseguida de los gimnastas, que después de muchos ejercicios notables terminaron con un asalto a los elevados torreones del edificio, verificado con destreza y prontitud sorprendentes, llevando como trofeos a los pies de la Reina las cinco banderolas tomadas de sus cimas. Fueron recorridos enseguida varios departamentos del Colegio, visitando el comedor, un dormitorio y la capilla; después se pasó al salón  regio, dispensando la honra de besar las manos de SS.MM. y el Príncipe de Asturias y Princesa Doña Isabel, que habían llegado al Colegio pocos momentos antes, a todos los Oficiales y Cadetes. Por último aceptaron Sus Majestades y Altezas un refresco que se les tenía preparado, terminado la visita a las nueve y media de la noche. La Reina se dignó promover a Subtenientes a los 59 cadetes, que ya examinados, debían serlo en el mes inmediato, y a los cuatro más aventajados y con mejore notas y censuras entre los que deben ascender este año. Al despedirse manifestó al General Pavía, al Brigadier Lossada y a los demás Jefes y Oficiales Profesores, su satisfacción por el estado del establecimiento y por las demostraciones de afecto recibidas en el mismo”.
 

En el Colegio de Infantería el horario era rígido por demás. Daba comienzo el día militar a las cinco y media de la mañana en invierno y a las cuatro y media en verano y concluía a las nueve de la noche. Al finalizar los estudios se salía con el empleo de Subteniente de Infantería por promoción, empleo que pronto cambiaría su denominación por el más tradicional y clásico de Alférez. Por las aulas del Colegio de Infantería, establecidas al principio en los antiguos caserones toledanos del Hospital de Expósitos, también llamado de Santa Cruz, y en la Santa Caridad, para ocupar después, merced al alto mecenazgo de la Reina Doña Isabel II, el sólo en parte reconstruido Alcázar, pasaron desde 1850 a 1868: dos mil ochocientos sesenta y cinco Caballeros Alumnos, de los cuales, al finalizar el siglo XIX, uno, el teniente general Don Valeriano Weyler Nicolau, filiado en el Colegio con el número 766, estaba próximo a alcanzar la alta dignidad de Capitán General del Ejército; siete eran tenientes generales, veintiuno ostentaban el grado de general de división y noventa y cuatro el de general de brigada.

Colegiales toledanos ilustres, además del ya citado General Weyler, que tuvo una dilatadísima vida militar y ocupó los más altos cargos de la milicia, fueron entre otros: el teniente general Don Manuel Cassola y Fernández, ministro de la Guerra en 1888, impulsor decidido del más amplio programa de reformas militares del pasado siglo, reformas que por su dimisión y posterior fallecimiento quedaron inéditas en su tiempo. Don Luis Dabán y Ramírez de Arellano, teniente general, Inspector de la Guardia Civil, senador del Reino y conde de Verdú, notable ejecutor de la Restauración Borbónica;  su hermano Don Antonio que fue Capitán General de Valencia; Don Fidel Alonso Santocildes, el héroe de Peralejo, Naranjo y San Quintín en la manigua cubana; El General Don Juan García Margallo, (Bisabuelo de nuestro actual Ministro de Asuntos Exteriores Sr. García-Margallo) jefe de gran prestigio, que dejó huella indeleble en el mando del Batallón de Cazadores de La Habana y en  el Regimiento de “Isabel II” muriendo gloriosamente en Melilla en la campaña de 1893 (1); Don Manuel Macías, Don Adolfo Jiménez Castellanos, Don Joaquín Vara de Rey, que se cubrió de gloria en las “Lomas del Caney”; Don Antonio López de Haro;   el brigadier Don Pedro Mella y Montenegro, director que fue de la Academia General Militar en su 1ª época, durante los años 1887 a 1890, el coronel Don Federico Vázquez Landa, Jefe de Estudios y alma de la citada Academia , Don Benito Fariñas, el Barón de Sacro Lirio, y finalmente ( la lista de distinguidos colegiales de Toledo se nos haría interminable) Don Nicolás Estévanez y Murphi, filiado en el Colegio con el Número 663, combatió primero en la Guerra de África (1859-60), después en Santo Domingo y en Cuba ya con el empleo de Capitán y formulada propuesta para el ascenso a Comandante por méritos de guerra. Estando destinado en La Habana pide la baja del Ejército al mostrar su discrepancia por el fusilamiento de unos estudiantes, de los que había sido nombrado defensor en el Consejo de Guerra, por un turbio asunto, según él no suficientemente aclarado, acaecido entre estos y un grupo de Voluntarios de la Habana. Dedicado a la política, al proclamarse la Primera República en España (Febrero de 1873) es nombrado Ministro de la Guerra, cargo que Estévanez desempeña tan sólo diecisiete días, del 11 al 28 de Junio de 1873.

Entre las anécdotas más simpáticas y ocurrentes que se cuentan del Colegio de Infantería destaca la de aquel cadete apellidado Araujo –su nombre completo era Rafael Araujo y Prádanos- procedente del extinguido Colegio General Militar, que después de llevar seis años en el colegio por haber repetido todos los cursos y estando a punto de causar baja en el mismo por su “manifiesta desaplicación”, tuvo la feliz ocurrencia de dirigir una instancia en verso al Director General de Infantería – y por su cargo Director del Colegio- el Teniente General Don Fernando Fernández de Córdova, pidiéndole en inspiradas cuartetas que le sacara de una vez del colegio, o lo que era igual, que le concediera el ascenso a Subteniente “por antigüedad”. Pero como quiera que para la promoción a Oficial es preceptivo el Despacho Regio, el general Fernández de Córdova dio a la lírica instancia el “curso reglamentario”, elevándola, con su marginal y favorable informe a la Reina Isabel II que, compadecida de las desventuras que el Caballero Alumno Araujo “perdigón” ( Alumno repetidor) de seis años largos, narraba en sus bien compuestos versos alejandrinos, promovió a éste a Subteniente por Real Orden, asignándole el último puesto de la promoción. Sin embargo, y tengo ante mi su Hoja de Servicios, Araujo fue un magnífico  Oficial y Jefe del Arma, profesor durante muchos años del Colegio de Infantería y combatiente distinguido en la Guerra de África (1859-1860) donde se hace acreedor por su heroísmo a la preciada Cruz de San Fernando, y en la tercera Guerra Carlista, llegando a alcanzar el empleo de Teniente Coronel de Infantería. Dícese que cuando presiente que su vida está llegando a su ocaso fija su residencia en Toledo, a la sombra del Alcázar donde discurrieron sus juveniles pasos en sus casi siete años de cadete y en esta plaza fallece en el año de 1885.

Respecto a la Bandera, y pese a que el Real Decreto de 13 de Octubre de 1843, disponía  los colores rojo y gualda para todas las enseñas de los distintos Regimientos y demás Cuerpos del Ejército, el Colegio de Infantería, por una especial concesión, usó desde sus inicios la Bandera llamada “Universitaria”, pues había tenido su origen cobijando bajo los pliegues de sus gloriosos tafetanes a los jóvenes universitarios de la Real y Pontificia Universidad de Toledo, que ante el peligro de la Patria invadida y ultrajada en su Independencia, acudieron a la “PROCLAMA” de su Rector y formaron el “Batallón de Voluntarios de Honor” de la citada Real Universidad y con su bandera “Universitaria” combatieron con honor durante nuestra Guerra de la Independencia. Posteriormente la bandera pasó a la Academia Militar de Sevilla, cuya solemne inauguración tuvo lugar el 14 de Diciembre de 1809, para heredarla más tarde la Real Academia de la Isla de León y el Colegio General Militar que la usaría hasta su disolución por Real Decreto de 5 de Noviembre de 1850, en que la traspasaría al  recién creado Colegio de Infantería de Toledo. La Bandera es de seda blanca y lleva en sus cuatro ángulos el escudo de las armas reales y de la Universidad de Toledo, con la rueda del martirio de Santa Catalina y  decorada con artísticos trofeos con armas, banderas y cañones. Durante la Guerra de la Independencia fue condecorada con las corbatas de dos Cruces de Distinción del Tercer Ejército y una del Ejército del Duque de Alburquerque.

El Colegio de Infantería hasta su disolución, honró por Patrona a la Inmaculada Concepción, adelantándose casi en medio siglo a la Real Orden de 12 de Noviembre de 1892, en la que S.M. La Reina Regente Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena declaró en propiedad Patrona de la Infantería Española a Nuestra Señora la Purísima e Inmaculada Concepción de María.

Por Real Decreto de 3 de Enero de 1867 quedaron en suspenso las concesiones de aspirantes a ingreso en el Colegio de Infantería. El último Alumno filiado fue Don Antonio Zabaleta Larratiaga, a quien se le asignó el número 2.865 de los de su clase. Poco tiempo después, por Acuerdo del Consejo de Ministros de 13 de Abril de 1869 –destronada ya y en el exilio la Reina Isabel II- se cierra definitivamente el Colegio de Infantería, pero el Libro de la Historia tenía ya reservadas a sus alumnos sus más brillantes páginas.  

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NOTAS

 
1.       Nuestro actual Ministro de Asuntos Exteriores : Excmo. Sr. DON JOSÉ MANUEL GARCIA-MARGALLO Y MARFIL, desciende de una rama de prestigiosos militares, toda vez que su bisabuelo fue el General Don Juan García Margallo, formado en las prestigiosas aulas del Colegio de Infantería de Toledo , fallecido en la campaña de Melilla de 1893, y su tío-abuelo el Capitán de Caballería Don Juan García-Margallo y Cuadrado, que combatió heroicamente en Julio de 1921 mandando su escuadrón ,en las famosas cargas dadas por el Regimiento de Caballería “Cazadores de Alcántara” Nº14, dando protección a la columna de nuestras tropas en la Retirada de Annual.  Regimiento, al que recientemente (Real Decreto de 1 de Junio de 2012) se la ha concedido la Cruz Laureada de San Fernando Colectiva.

                                                  Sevilla, Enero de 2013

                        (Anexo )

COLEGIO DE INFANTERÍA DE TOLEDO  (1850-1869)
                                                                      DIRECTORES

Excmo. Sr. Teniente General DON LEOPOLDO O’DONNEL Y JORIS…………5-Noviembre-1850

Excmo. Sr. Teniente General DON FERNANDO FERNÁNDEZ DE CÓRDOVA      24-Marzo-1851

Excmo. Sr. teniente General DON MANUEL PAVÍA Y LACY …………………..         16-Mayo-1852 

Excmo. Sr. Teniente General DON FERNANDO FERNÁNDEZ DE CÓRDOVA.  13-Septbre-1853

Excmo. Sr. Teniente General DON ANTONIO ROS DE OLANO……………….        1-Agosto-1854

Excmo. Sr. Teniente General DON ISIDORO DE HOYOS Y RUBIN DE CELIS…..      4- Junio-1856

Excmo. Sr. Teniente General DON FELIPE RIVERO Y LEMOINE……………..    15-Octubre-1856

Excmo. Sr. Teniente General DON ANTONIO ROS DE OLANO………………..            1-Julio-1858

Excmo. Sr. Teniente General DON MANUEL PAVÍA Y LACY…………………...          8-Enero-1859

Excmo. Sr. Teniente General DON EUSEBIO CALONGE Y FENOLLET………     18-Novbre-1863

Excmo. Sr. Teniente General DON ANTONIO ROS DE OLANO………………..       29-Marzo-1864

Excmo. Sr. Teniente General DON FRANCISCO LERSUNDI HORMAECHEA.      1-Octubre-1864

Excmo. Sr. Teniente General DON ANTONIO ROS DE OLANO………………..          25-Junio-1865

Excmo. Sr. Teniente General DON ANTONIO BLANCO Y CASTAGNOLA…..           12-Julio-1866

Excmo. Sr. Teniente General DON EDUARDO FERNÁNDEZ SAN ROMÁN….    14-Octubre-1866

Excmo. Sr. Teniente General DON FERNANDO FERNÁNDEZ DE CÓRDOVA.   10-Octubre.1868

SUBDIRECTORES

excmo. Sr. Brigadier DON ANTONIO SÁNCHEZ OSORIO…………………… 19-Noviembre-1850

Excmo. Sr. Brigadier DON CARLOS BAGER Y ASARAU…………………………..17-Septbre-1854

Excmo. Sr. Brigadier DON ÁNGEL LOSADA Y LITTA……………………………….. 15-Marzo-1858

Ilmo. Sr. Coronel:     DON VICENTE REVEST Y REQUENA…………………………    11-Junio-1862

Ilmo. Sr. Coronel:     DON JOSÉ SANTA PAU Y BAYONA………………………    15-Febrero-1864

Excmo. Sr. Brigadier DON ÁNGEL COS GAYÓN Y PONS………………………   19-Octubre-1864

Excmo. Sr. Brigadier DON JUAN BURRIEL Y LINCH……………………………….       5-Enero-1867

Ilmo. Sr. Coronel:     DON MARIANO SALCEDO Y FERNÁNDEZ………………..   9-Octubre-1868 

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Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ

Licenciado en Ciencias Económicas

Comandante de Infantería y Profesor Mercantil



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AL FINAL PERDIERON


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¿Quién defiende la Constitución?








ABC.es /23.1.2013
Por María Jesús Cañizares


La Declaración de Soberanía de CiU, ERC e ICV ha sido aprobada en el Parlamento catalán con los votos de estas formaciones y uno de la CUP. La resolución impulsada por las fuerzas nacionalistas ha contado con 85 votos a favor, 41 en contra y 2 abstenciones.

....La Declaración de CiU, ERC e ICV establece en su preámbulo la necesidad de que «el pueblo de Cataluña pueda determinar libremente y democráticamente su futuro colectivo mediante una consulta». A continuación, manifiesta que «el Parlamento de Cataluña acuerda iniciar el proceso para hacer efectivo el ejercicio del derecho a decidir para que los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña puedan decidir su futuro político colectivo».

Afirma que «el pueblo de Cataluña tiene, por razones de legitimidad democrática, carácter de sujeto político y jurídico soberano». El texto otorga a la Cámara catalana «un papel principal en este proceso y, por tanto, se deberán acordar y concretar los mecanismos y las dinámicas de trabajo que garanticen este principio». Contempla el diálogo «con el Estado español, las instituciones europeas y el conjunto de la comunidad internacional», así como la utilización de «todos los marcos legales existentes para hacer efectivo el fortalecimiento democrático y el ejercicio del derecho a decidir».

....Por parte del PPC, su presidenta, Alicia Sánchez-Camacho, ha comenzado su intervención en castellano para decir que «hoy es un día triste». Esta legislatura, ha dicho, «empezó mal, pero acabará peor porque usted quiere dividir a la sociedad», al tiempo que ha aludido a la crisis interna de CiU y del PSC.

....Momentos después de que el Parlament votara declarar soberana a Cataluña, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha sido el primer miembro del Gobierno en pronunciarse sobre la decisión. Margallo ha minimizado la declaración de independencia al entender que «no tiene efectos jurídicos ni consecuencias prácticas inmediatas» y ha señalado que considera «extraordinariamente difícil» que el Gobierno pueda recurrir al Tribunal Constitucional la resolución del Parlamento catalán mientras no se plasme en acciones jurídicas.


RECORDATORIO

"Juro/Prometo cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Presidente del Gobierno /Ministro con lealtad al Rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener en secreto las deliberaciones del Consejo de Ministros".

La responsabilidad penal del Presidente y los demás miembros del Gobierno es exigible, en su caso, ante la Sala 2ª de lo Penal del Tribunal Supremo.Si la acusación fuera por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones, sólo podrá ser planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo.


Guillermo

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Krasny Bor DIVISIÓN AZUL en el recuerdo.


 
 
 
 
Krasny Bor Preparando el 70 aniversario
 
 

 
 
José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

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EL GRAN CAPITÁN, GENIO MILITAR











<<Gran Capitán>>, el terror de los franceses en la batalla que cambió la Historia de España


  Hace más de 500 Años
«Los que mandan ejército un día como hoy no deben ocultar el rostro», arengó Gonzalo Fernández de Córdoba a sus hombres ante la decisiva lid de Ceriñola


Don Gonzalo Fernández de Córdoba, “El Gran Capitán”

Gonzalo Fernández de Córdoba, «Gran Capitán». El eco de sus proezas aún retumban en los manuales de historia militar. En Europa y allende los mares, donde los «herederos» de sus Tercios fraguaron el Imperio de aquella joven España. Cuando muchos nombran tan alegremente a Sun Tzu, Clausewitz, Napoleón, Patton o Schawrzkopf, olvidan que fue este genio militar español quien cambiaría para siempre el «arte de la guerra»: de la pesadez medieval (caballería pesada) a la agilidad moderna (infantería).
Reconquista de Granada, victoria sin igual frente al francés en Nápoles, conquista de un nuevo Reino para sus «Señores», virrey, precursor de una nueva estrategia militar fundamentada en la infantería y visionario de un Ejército español cuyas reformas impulsaron un cambio de mentalidad que posteriormente derivó en la creación de los populares tercios españoles que acabarían dominando buena parte del mundo e invictos desde 1503 hasta el desastre de Rocroi en 1643.




Sin embargo, y a pesar de sus proezas, este cordobés nunca dejó de ser un oficial cercano a sus hombres, con sentido del honor para con el contrario, estoico y, ante todo, súbdito leal hacia unos Reyes Católicos que iniciaban en sus hombros la aventura de una nueva nación. Aunque no fueron pocas las desavenencias acaecidas con sus «Señores», llegando a ser apartado de la «res publica» y «res militaris» de la siempre desagradecida España.
Como bien explica Fernando Martínez Laínez,  periodista y coautor del libro “El Gran Capitán” (Ed. Edaf). Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) se inició pronto en la carrera militar, pues estaba destinado a dedicarse a guerrear al ser el segundo hijo de una familia noble, cobrando su nombre más poder entre los militares. Pronto se asoció su nombre a la valentía. «Una de las primeras batallas en las que intervino fue la de Albuera, cuando combatió a las huestes del rey de Portugal que habían invadido Extremadura».
«Hacia 1497, tras una breve estancia en la Corte, los Reyes Católicos le nombran "adalid de la Frontera", un grado que equivalía a capitán», explica Laínez.

 La Reconquista de Granada

 

Pero donde realmente comenzó a mostrar su ingenio militar fue durante la «Guerra de Granada», una campaña militar que se sucedió a partir de 1482 y en la cual los españoles pretendían expulsar a Boabdil del último estado musulmán en la Península Ibérica. «La guerra se produjo por la firme decisión de los Reyes Católicos, que querían acabar de una vez por todas con el enclave musulmán de Granada, el único territorio que quedaba para completar la unidad cristiana peninsular».
Gonzalo tomó parte en esta contienda al mando de una unidad de «lanzas» (caballería pesada con una gruesa armadura) de la casa de Aguilar, de la que su hermano era señor. «Fue una guerra larga, que duró casi diez años, y se libró a base de incursiones, asedios, golpes de mano y escaramuzas persistentes, sin grandes batallas campales», determina el escritor.

«El Gran Capitán tuvo un papel muy destacado a lo largo de toda la campaña, en especial en los ataques a Álora, la fortaleza de Setenil, Loja y el asalto al castillo de Montefrío, cercano a Granada». De hecho, algunos cronistas como Hernán Pérez afirman que, durante esta guerra. «Gonzalo era siempre el primero en atacar y el último en retirarse».

Su papel más destacado lo tuvo al final de la contienda, ya que fue una de los diplomáticos que negoció la rendición del reino nazarí de Granada e incluso actuó como espía. «Es totalmente cierto que llevó a cabo una hábil labor secreta, fomentó la división de las facciones nazaríes de Granada, negoció con Boabdil la rendición de la ciudad, y hasta acompañó al último monarca nazarí en su último viaje por España cuando este pasó a refugiarse en África», sentencia Laínez. Granada sería su principal manual de «lecciones aprendidas» para las guerras venideras.

«Pronto, su valerosa actitud y dotes de mando llamaron la atención de los Reyes Católicos, que le recompensaron con la tenencia (jefatura militar) de Antequera, el señorío de Órgiva y una encomienda», prosigue Laínez.





Cuadro de José de Madrazo sobre el asalto del «Gran Capitán» en Montefrío


Primera guerra de Italia

Sin embargo, parece que los grandes honores que recibió no fueron suficientes para Gonzalo, pues en 1495 se embarcó hacia otra gran campaña esta vez en Nápoles. Su misión era clara: detener el avance de los franceses, deseosos de expandirse militarmente con la toma de algunos territorios. «La primera campaña italiana se inició cuando el rey francés Carlos VIII invadió el reino de Nápoles (Reame) con una gran ejército. Al poco tiempo se retiró, pero dejando la mayor parte del Reame ocupado».

«Utilizando las tácticas aprendidas en la Guerra de Granada, Fernández de Córdoba, limpió Calabria de enemigos, conquistó la provincia de Basilicata y tras derrotar a los franceses en Atella entró triunfante en Nápoles en 1496», destaca el escritor. Fue tras el asalto a esta ciudad cuando se empezó a conocer a Gonzalo como «Gran Capitán». Tras tomar el lugar, volvió a España como un héroe.

Segunda contienda en Nápoles

 

A pesar de que se firmó un tratado con Francia para que cesaran las hostilidades, la paz no duró demasiado. El rey francés Luis XII había firmado un tratado con Fernando el Católico para repartirse el reino napolitano. Los franceses ocupan la mitad norte y el sur queda en poder de las tropas españolas que manda el Gran Capitán.
Pero pronto se iniciaron las discrepancias entre españoles y franceses por cuestiones fronterizas, lo que provocó que en 1502 se reiniciara la guerra después de que los franceses trataran de nuevo de tomar Reame. El «Gran Capitán» no lo dudó y se dispuso a enfrentarse a los enemigos de España. Una de las primeras batallas de esta guerra fue la de Ceriñola (Cerignola), en la que Gonzalo tendría que hacer uso de toda su experiencia militar para lograr salir victorioso.

La batalla que revolucionó la Historia



La batalla de Ceriñola sin duda cambió la historia, y es que, si hasta ese momento la fuerza de los ejércitos se medía en base a la cantidad de caballería pesada de la que disponía, tras esta lid la mentalidad militar evolucionó y comenzó a primar la infantería.

La batalla se desarrolló en un diminuto punto de la Apulia italiana situado en lo alto de una colina cubierta de viñedos y olivos. En ella, las tropas del «Gran Capitán» se defendieron de los atacantes franceses, tras verse obligados a retirarse en varios enfrentamientos.

De hecho, el «Gran Capitán» demostró antes de la batalla su mentalidad innovadora y revolucionara. Y es que, para llegar a la ciudad de Ceriñola y poder preparar las defensas concienzudamente antes del ataque de los franceses, Gonzalo forzó a sus caballeros a hacer algo nunca antes visto y que suponía una afrenta a su honor.

«El Gran Capitán obligó a los caballeros de su ejército a llevar infantería en la grupa de sus monturas en la marcha hacia Ceriñola, por terreno arenoso y próximo a la costa, lo que hacía muy fatigosa la marcha. Eso era algo que no se hacía nunca, pero mejoró la movilidad y la moral de la tropa y le permitió ganar tiempo. Fue una muestra más de su ingenio táctico», explica el experto.

Este acto hizo que los españoles ganaran tiempo y les permitió preparar las defensas de la ciudad, que consistieron en cavar un foso y una pared de tierra alrededor de Ceriñola, lo que les permitía aprovechar la situación elevada del enclave. Además, el «Gran Capitán» pudo establecer una estrategia que más tarde sería reconocida como un preludio de la guerra moderna.

Una reforma militar


Los franceses no se hicieron esperar y, a los pocos días, su Comandante, Luis de Armagnac, dejó ver a sus tropas. «Por el lado francés, aunque varió según avanzaba la guerra, se contaban unos 1.000 hombres de armas (caballeros con armadura), 2.000 jinetes ligeros, 6.000 infantes, 2.000 piqueros suizos y 26 cañones». Por el contrario, Gonzalo tenía a sus órdenes un ejército formado principalmente por infantería: «Del lado español había solo 600 hombres de armas, 5.000 infantes y 18 cañones, más un refuerzo de 2.000 mercenarios alemanes», señala Laínez.

«En esta batalla las fuerzas estaban bastante equilibradas en cuanto a números, pero los franceses tenían mucha superioridad en caballería pesada y su artillería doblaba a la española. Por el contrario, los españoles contaban con un mayor número de arcabuceros, una fuerza que se revelaría decisiva», explica el escritor.

Recreación de la batalla de Ceriñola (1503)


Para detener la fuerza arrolladora de la caballería francesa se planteó una estrategia novedosa: situar las tropas de disparo delante de las defensas. «El Gran Capitán colocó en primera línea a los arcabuceros y espingarderos (hombres armados con una escopeta de chispa muy larga), detrás a la infantería alemana y española, y más retrasada a la caballería. Él se situó en el centro del dispositivo y revisó con detalle el despliegue de toda la tropa».
Todo quedó preparado para un duro combate. Pero, antes siquiera de desenvainar una espada, el «Gran Capitán» volvió a demostrar su arrojo. Concretamente, Gonzalo se quitó el casco en los momentos previos a la batalla y, cuando uno de sus capitanes le preguntó la causa, él contestó: «Los que mandan ejército en un día como hoy no debe ocultar el rostro».

Comienza la batalla



La batalla se inició con la caballería francesa cargando orgullosa contra las tropas españolas. Hasta ese momento, una de las cosas más terribles que podía ver un enemigo de Francia era a los majestuosos jinetes en marcha con las armas en ristre. Sin embargo, fueron recibidos con una salva de fuego que hizo caer a un gran número de soldados.

«Cuando se inició el fuego, las balas de los arcabuceros españoles hicieron estragos en la caballería pesada francesa, impedida de avanzar ante el foso erizado de estacas y pinchos», explica el autor. Al no poder avanzar, los jinetes, desesperados, trataron al galope de encontrar alguna fisura en las defensas del «Gran Capitán», pero su intentó fue en vano y costó la vida a Luis de Armagnac, alcanzado por varios disparos.
Tras la derrota de la caballería pesada, la infantería francesa se dispuso a avanzar, pero sufrió grandes bajas debido al fuego español. Además, justo antes de que los soldados alcanzaran la primera línea de arcabuceros y acabaran con ellos, el «Gran Capitán» ordenó retirarse a estas tropas de disparo para evitar bajas.
Después de esta estratagema, el «Gran Capitán» cargó con todos sus infantes contra las diezmadas tropas del fallecido Armagnac que, ahora, no tenían objetivos contra los que luchar al haberse retirado los arcabuceros españoles. Sin apenas dificultad, las unidades de Gonzalo dieron buena cuenta de los restos del ejército francés.

Ni siquiera la caballería ligera francesa pudo ayudar a sus compañeros, pues fueron arrollados por los jinetes españoles. «La batalla apenas duró una hora y fue una victoria total. Además, quedó como un ejemplo de arte táctico, y de la importancia de la fortificación y elección del terreno para el buen resultado de cualquier combate», destaca Laínez.

Otro escritor, Juan Granados, autor de la novela histórica “El Gran Capitán” (Ed. Edhasa), explica que «esencialmente demostró que en adelante las batallas se ganarían con la infantería. Utilizando para ello compañías formadas por soldados distribuidos en tercios, es decir, en tres partes: arcabuceros, rodeleros —soldados con armadura muy ligera armados de espada y rodela, el típico escudo circular de origen musulmán— y piqueros, generalmente lansquenetes alemanes, enemigos acérrimos de los cuadros mercenarios suizos que solía emplear Francia. Se adelantó cuatro siglos a Napoleón, huyendo de la guerra frontal y utilizando las tácticas envolventes y las marchas forzadas de infantería».

A finales de 1.503 españoles y franceses volverían a medir sus fuerzas en el río Garellano -que por cierto da nombre a uno de los Regimientos del Ejército con más solera y cuya sede se encuentra en Vizcaya- donde el «Gran Capitán» dio cuenta de las huestes del marqués de Saluzzo. «El sur de Italia quedó durante más de dos siglos en poder de España. El Gran Capitán, triunfador absoluto de estas guerras, desempeñó funciones de virrey en Nápoles, donde fue querido y respetado, pero pronto las envidias y maledicencias cortesanas empezaron a actuar en su contra», señala Laínez.

Pero parece que España no podía soportar a los héroes, pues Gonzalo terminaría siendo relevado de su puesto. El escritor Juan Granados sentencia: «Tal era la popularidad de Gonzalo de Córdoba entre sus hombres, que llegaron a desear proclamarle rey de Nápoles. Algo que él nunca deseó, se hubiese conformado con ser comendador de su querida orden de Santiago. Pero Fernando el Católico era suspicaz, desconfiaba de tanto éxito, el mismo rey de Francia, a quien había derrotado, le había ofrecido el generalato de su ejército. Por otra parte, sí es cierto que Gonzalo era descuidado en sus informes a su rey, tardaba en escribirle, pero nunca había pensado en suplantarle».
El monarca pidió entonces al «Gran Capitán» un registro de gastos para asegurarse de que no había malgastado fondos reales. Fernando el Católico le reclamó claridad en las cuentas de sus gastos militares en Nápoles, algo que Fernández de Córdoba consideró humillante. Como respuesta a lo que Gonzalo consideraba una gran ofensa personal, el entonces virrey dirigió a la monarquía un memorial conocido como las «Cuentas del Gran Capitán».

Unas cuentas curiosas


Irónicamente las cuentas incluían en el capítulo de gastos cantidades tales como: Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas españolas. Cien millones en picos, palas y azadones. Diez mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres enemigos, cincuenta mil ducados en aguardiente para las tropas un día de combate, ciento setenta mil ducados en renovar campanas destruidas por el uso de repicar cada día por las victorias conseguidas... y lo mejor: «Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el rey pedía cuentas al que le ha regalado un reino».

Esto no debió de sentar muy bien al monarca que, a sabiendas de lo que «Gran Capitán» representaba prefirió evitar el enfrentamiento directo con él, pero no perdonó la ofensa. «El monarca decidió alejar a Gonzalo de Nápoles. A partir de entonces el Gran Capitán tuvo que adaptarse a una vida más sedentaria en sus posesiones de España. Es el destino de casi todos los héroes, una vez que han cumplido con su cometido en la guerra y llega la paz», finaliza Martínez Laínez. Sin embargo, lo que sí dejó este guerrero fue una reforma militar que duraría siglos.

La reforma militar



La herencia del «Gran Capitán» revolucionó la forma de combatir a nivel mundial hasta la llegada de las armas de destrucción masiva. Entre otros elementos destacables se sitúan la formación de la tropa en compañías (que luego serían la unidad fundamental de los tercios) al mando de un capitán, y el experto manejo de las armas de fuego individuales del combatiente de a pie, señala Martínez Laínez.

 

Estatua del «Gran Capitán» en la cordobesa plaza de las Tendillas

Por otro lado, el Ejército cambió su mentalidad y comenzó a formar nuevos soldados que, además de pelear, tuvieran la capacidad de entrenarse por sí solos, hacer trabajos de fortificación y ponerse a punto con marchas y ejercicios constantes. «Este método es una herencia de las antiguas legiones romanas y creó un soldado que poco después hizo de los tercios una maquinaria invencible en toda Europa», destaca Laínez.

Además, el «Gran Capitán» creó también un nuevo tipo de unidad, la coronelía. Es el antecedente más inmediato de los tercios. Tenía unos 6.000 hombres y era capaz de combatir en cualquier terreno. Otra de sus innovaciones fue armar con espadas cortas, rodelas y jabalinas a una parte de los soldados. «La finalidad era que se introdujeran entre las formaciones compactas enemigas, causando en ellas terribles destrozos», sentencia el escritor.
Enseñanzas que fueron adquiridas por el «Gran Capitán» en la guerra de guerrillas que supuso la reconquista de Granada, con unos Reyes Católicos que depositaron en los hombros del «Gran Capitán» sus primeros pasos militares de una nueva nación en aquella vieja Europa llamada España.

Esteban Villarejo / Manuel p. Villatoro ABC / Madrid
Día 04/01/2013



4 preguntas para el teniente general Francisco Puentes Zamora, jefe del Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército:

Esteban Villarejo / Manuel p. Villatoro


- ¿Qué importancia histórica tiene la figura del «Gran Capitán» para el Ejército español?

- Representa a un soldado extraordinario, leal y valeroso, pero sobre todo un excelente organizador. Fue el creador del ejército que escribió, desde el punto de vista militar, las páginas más gloriosas de la historia de España. Dio una importancia primordial a la formación moral, adiestrando a sus hombres en una disciplina rigurosa mediante la cual cada uno cumplía con su tarea cualesquiera que fueran las circunstancias, creando en ellos el orgullo de unidad o cuerpo. Estableció un «Ethos o código del soldado» que en muchos aspectos sigue vigente en la actualidad, basado en la dignidad personal, la austeridad, el estoicismo, el sentido del honor, el amor a la patria y el fervor religioso. Hizo de la infantería española una máquina formidable que dominó los campos de batalla de una larga época.
En otro orden de cosas mi Cuartel General en Granada ocupa el convento donde fue velado el «Gran Capitán» a su muerte y donde se celebró el funeral que duró nueve días. Estando situado además frente a la última casa que ocupó en vida. De alguna manera nos sentimos vinculados a su espacio físico, lo que nos hace intentar «estar a su altura» y pensar que «asiste y ayuda» en nuestras actividades.

- ¿En qué consistió su innovación militar?

- Propulsar una importantísima reforma en la organización del ejército. Basándose en una finísima observación de la realidad de la guerra, supo aprender las lecciones de la conquista de Granada, mejorando el empleo de las armas y modificando las técnicas de combate. Dio predominio a la maniobra, que es la combinación del fuego y el movimiento, y en este sentido aumentó la proporción de arcabuceros, desplazando con soltura a su prodigiosa infantería en toda clase de terrenos. Impulsó el despliegue en profundidad, manteniendo un escalón en reserva para desplazarlo a donde pudiera hacer más falta en función de las vicisitudes del combate. Los jefes tenían en sus manos todos los medios para perseverar en su decisión o plan de combate. Ningún detalle importante escapaba a su observación, aprendiendo y mejorando de forma continua; por ejemplo armó con espadas cortas a la mitad de sus infantes, que en un momento dado se arrastraban por entre los pies de sus compañeros y las largas picas del enemigo, para herirles a corta distancia.

- ¿Qué cualidades debe poseer todo buen mando militar?

- Como Jefe de la enseñanza militar, esas cualidades son las que pretendemos inculcar en las Academias Militares. Como en cualquier profesión son fundamentales los conocimientos técnicos propios y la capacidad de actualizarlos de modo permanente. Pero además, los cuadros de mando deben ser una referencia continua de las virtudes militares, que no son otra cosa que las virtudes cardinales de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, en un contexto muy particular y concreto. Los empleos más altos deben ejercitar su liderazgo basándose en la iniciativa, la creatividad y la visión de conjunto; los cuadros intermedios deben ser previsores, activos y resolutivos, tratando de sacar lo mejor de las personas bajo su responsabilidad.

- ¿Por qué cree que los personajes como el «Gran Capitán» suelen ser olvidados en esta España de hoy?

- No creo que esté olvidado, o que lo esté más que otros. Ese olvido responde a un general declive de las humanidades en la enseñanza y en la divulgación. Por otra parte hay una corriente de historiadores que, por diversos motivos, cuestionan y replantean aquel periodo imperial de nuestra Historia.




Francisco Javier de la Uz Jiménez

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