¿ADÓNDE VAMOS A LLEGAR?



EL CORONEL FLORES THIES ACUSA  A RAJOY DE PERMITIR QUE LOS GUARDIAS CIVILES HOMOSEXUALES PUEDAN  VIVIR CON SUS NOVIOS EN LOS CUARTELES.
(17 de Agosto de 2012, www.alertadigital.com )

Si una serie de inteligentísimos sabios hubieran encontrado la manera de crear un león cuernicorto, que diera leche y que además mugiera, habrían creado una especie de vaca-monstruo, pero ya no sería un león, sería otra cosa que mejor es no definir. Los que quieren cambiar a la Guardia Civil según sus criterios de partido y sectarios, podrán hacerlo gracias a su peso en las Cortes, en el Senado y al triste fenómeno de una sociedad que pasa de largo y mira para otro lado, pero lo que resulte no será la Guardia Civil, será otra cosa, posiblemente una vaca-monstruo.

Hay que tener en cuenta que lo sectario sustituye con ventaja a lo ideológico pues se apoya en la demagogia y no hace falta pensar, que es actividad, para muchos, bastante molesta. Por eso, el no-pensante dice: “¿Qué hay que cambie el reglamento de la Guardia Civil? Pues que se cambie ¿y a mi qué? A mi que no me quiten las rebajas”.

Desde que el Duque de Ahumada la creara, la Guardia Civil ha evolucionado en uniformes, medios, misiones, reglamentos…, pero lo fundamental se ha mantenido y el león era (al menos hasta ahora) indudablemente un león. Su divisa, el “Honor”, se ha mantenido como pilar fundamental del Cuerpo. Hoy tiene la Guardia Civil misiones que el duque de Ahumada no hubiera podido ni imaginar debido a los avances científicos en materia policial que la Guardia Civil actual domina de forma admirable. Su condición (que tiene paralelos en Europa) de cuerpo militar y policial, su reglamento; el original sistema de gran parte de su recluta, basada en gran parte en los hijos del Cuerpo; las Casas Cuartel que desazonan a tanto progresista; y hasta el emblemático e incómodo tricornio que hasta ahora no han conseguido eliminar, han hecho de la Guardia Civil un cuerpo especial, y de una eficacia admirable e insustituible. Su actuación en la Guerra Civil despertó admiración y rechazo, según cual fuera el punto de vista.


La derrota del alzamiento en Barcelona, en gran parte provocado por la disciplina de casi toda la Guardia Civil a sus mandos, provocó resentimientos en un bando y admiración en otro. Muchos de aquellos guardias se pasaron al bando nacional, detalle que hoy se suele omitir. Pero hubo otros que desde un principio lucharon contra la oleada roja que arrasaba pueblos y campos, luchando y muriendo en destacamentos aislados, en pueblos y en ciudades, en este caso formando parte de las “cuerdas” de asesinados. Y en las heroicas defensas de Simancas, Toledo o santa María de la Cabeza, fue la Guardia Civil el corazón y el músculo de aquellas epopeyas. Y formando parte de aquellas primitivas y veloces columnas que iban liberando pueblos y campos a paso de vencedores. Y esto hoy no se perdona.

Hace años, allá por el principio de los 80, un coronel jefe de un regimiento de Artillería en Ceuta recibió un escrito de Defensa para que se cambiara la calificación dada a un artillero, ya licenciado, porque debido a las notas desfavorables no podía ingresar en la Guardia Civil. Consultó el coronel con el que fuera su capitán y éste le confirmó la impresentable personalidad de aquel individuo que no merecía cambio alguno en la calificación de la denominada “verde”, la cartilla del soldado que, por cierto, ya era blanca desde hacía años. Así lo comunicó a Defensa.

Poco tiempo después se suprimía la “verde”, ya no habría más calificaciones negativas ni, por supuesto, positivas. Aquel aspirante a guardia era familiar muy directo de un senador. Hoy el virus que va a licuar la sangre del Cuerpo ya está muy avanzado. Vemos a guardias civiles con el puño levantado y a los que sólo les falta el pañuelo rojo al cuello. Aquel guardia civil serio, trabajador, sin horario fijo (se consideraba de servicio las 24 horas del día), que apenas conocía lo que era un traje de paisano, aquel guardia que se enfrentó al principio casi en solitario contra la peste del bandolerismo conocido como el maquis, ya no cuenta, ya no vale, ya no sirve. El número 11 ya dejará de ser denominado “los dos civiles”, como cantaba la abuela en los juegos de lotería caseros.
Alguien dijo que lo peor de la política son los políticos, y es que cuando un político nefasto tiene poder y medios, arrasa hasta la virtud más acrisolada. Y aquí no hay distingos claros entre derecha e izquierda, que unos por cobardía y otros por odio, están consiguiendo dejar a los hijos del Duque de Ahumada sólo para recuerdos de museo. Vamos a relatar dos ejemplos.

Formando parte de esta invasión lila que nos ahoga, un guardia civil quiso alojarse en una residencia con su “novio”. Lógicamente no se le autorizó. Intervino la izquierda, la prensa, los “entendidos” en leyes, y la solución llegó rápida de manos del ministro del Interior, del que dependía la parte civil del guardia, que ordenó cambiar el reglamento de las residencias de la Guardia Civil, y la pareja lila pudo solazarse en ella. El ministro se llamaba Mariano Rajoy.



Segundo ejemplo: en el Parlament(o) de Cataluña, un parlamentario pide que se concedan a los supervivientes del “maquis” una pensión. Lógicamente ignoró dar algunas migajas a las viudas o hijos de aquellos guardias civiles que murieron, más de dos centenares, para impedir que los bandoleros, a golpes de hoz y martillo, nos metieran la “libertad” al biés. Estas víctimas no contaban, no cuentan ni, por lo que se ve, no contarán jamás. El que propuso esta pensión era el señor Fernández Díaz, portavoz del PP en el Parlament(o) de Cataluña.

Tercer ejemplo: a la puerta del Valle de los Caídos, el 22 de noviembre de 2008, la Guardia Civil prohibió pasar al recinto del mismo hasta “cintas del Pilar” con los colores de la bandera y rosarios sujetos al retrovisor de los coches, alegando que eran símbolos políticos. Últimos ejemplos: dos agentes, léase guardias, de la Guardia Civil solicitaron en 2009 la retirada de la imagen de la Virgen del Pilar en el cuartel de Almodóvar del Río (Córdoba). La AUGC solicitó en 2010 la retirada del lema “Todo por la Patria” de los cuarteles del Instituto. Un aspirante a guardia civil fue expulsado de la Academia de Baeza (Jaén), en 2011, por negarse a gritar ¡Viva España!

Hoy la derecha se opone a cualquier reforma que implique la eliminación del carácter militar de la Guardia Civil. Pero si el virus ya está muy avanzado, el león se habrá convertido en una vaca cuernicorta que dará una leche de ínfima calidad y que, además, mugirá. A menos que Dios no lo remedie.

                                                          Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda 

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