SANTIAGO, DEFENSOR DE ESPAÑA.


CUANTO NECESITA ESPAÑA DE LA PROTECCIÓN DEL SANTO.

Desde las almenas del castillo de Clavijo el rey cristiano Ramiro I de León contempla la escena.
Ésa misma mañana se ha visto obligado a correr para salvar la vida. Tras su órdago al rey moro negándose a pagar el Tributo de las Cien Doncellas se ha visto frente a un poderosísimo ejército enemigo. Y claro, ante la ola enorme de turbantes, flechas y guerreros vociferantes se ha refugiado con sus huestes allí.
Ahora desde las murallas el rey Ramiro tiene el corazón, el estómago y los testículos encogidos. Sabe que mañana por la mañana todo habrá terminado, y que cuando acaben con ellos, los moros tendrán expedito el paso del río y a su merced a las ricas regiones cristianas.
Así la noche del 22 de mayo de 855 el rey Ramiro se retira a dormir. Mientras su paje le ayuda a quitarse la cota de malla, por la pequeña tronera que le sirve de ventana sigue oyendo los rítmicos rezos de los moros.
Ramiro admira íntimamente la Fe inquebrantable de los sarracenos y la férrea disciplina que los califas imponen al ejército.

- Pedro, mañana cenaremos con el Señor. Prepárate y reza ésta noche a la Santísima Virgen y encomienda tu alma.
El paje que no es hombre de armas se queda lívido como el papel ante las palabras del rey.
-Majestad, venceremos-dice sin convencimiento ni convicción. A fin de cuentas él permanecerá en el castillo y si las cosas se tuercen siempre tendrá una oportunidad de escapar.
- Dios te oiga- Contesta el rey mirando a los ojos a su lacayo. Mañana todos los hombres son soldados, incluido tú. Formareis en las filas de la infantería, así que reza a Dios para que nos ayude, y ahora, márchate.

Pedro Avilés vacía la jofaina del rey mientras reniega de su perra suerte. A las filas, a la infantería ni más ni menos. El rey necesita carne de cañón y ni los más leales sirvientes se libran.
Nunca ha sido un hombre piadoso ni valiente. Nunca ha entrado en levas ni ejércitos. Su suerte de entrar a servir en la Corte y de ahí a servir al propio rey ha cambiado ésta luminosa noche de mayo.
A los pies del castillo, los moros continúan con sus rezos y sus cánticos guerreros. Son miles. A Pedro de Avilés se le ponen los pelos de punta y se clava de rodillas y empieza a rezar con una devoción y Fe como nunca en su vida.
En la cámara del rey, una luz sobrenatural le despierta. El rey es hombre cuajado pero aquello le desconcierta. No siente miedo, solo paz. La luz apenas le deja ver, solo distingue una leve figura y la voz.

-Pelea mañana con valor y vencerás, Ramiro. Yo estaré a vuestro lado...Le dice

El rey besa un crucifijo de plata, inca las rodillas en el suelo y da gracias al cielo. No tiene dudas sobre lo que ha visto, ni se pregunta qué extraño fenómeno ha acontecido. Sabe quién le ha hablado y sabe que al alba los cristianos vencerán. El rey besa la cruz de su espada con devoción.
Por la mañana, muy temprano, las espadas chocan, las lanzas se clavan en los vientres, las flechas vuelan, los escudos se rompen. En la llanura a los pies del castillo de Clavijo los hombres se matan unos a otros en un revoltillo desquiciante de gritos, sangre, barro y mierda de caballo. El combate está indeciso. Cientos de muertos alfombran el valle.
Entre las filas cristianas aparece de pronto un desconocido caballero montando un soberbio caballo blanco. Para los moros el guerrero se convierte en un demonio. Las cabezas sarracenas saltan separadas del cuerpo ante los terribles y precisos mandobles del caballero, que brilla al amanecer con luz espectral. Tras él el rey Ramiro y sus tropas se lanzan a la carga, como una apisonadora que no deja nada atrás. Destrozando las filas sarracenas.


La victoria cristiana es aplastante. Miles de enemigos huyen despavoridos y cientos están muertos o heridos. Abderramán pone pies en polvorosa, aterrado no parará hasta Córdoba. El caballero del caballo blanco, sigue ensartando moros con su lanza, incansable, los persigue más allá de la vista del rey y sus caballeros.
Tintos en sangre, sin resuello, los gallardetes hechos jirones uno de los caballeros le pregunta al rey:

-¿Quién es ese valeroso caballero?...

El rey Ramiro se inca de rodillas en el suelo y empieza a rezar. Sus guerreros le imitan.

- Se llama SANTIAGO -dice- y desde hoy es paladín y DEFENSOR DE ESPAÑA.

                                                                                    Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda


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