LA GUERRA CIVIL EN ESPAÑA (1936-1939) I



Dentro de los planes estratégicos globales que el Poder Imperialista Totalitario Globalizador, dominante en el ámbito mundial, venía realizando en el primer tercio del siglo XX, a España se le asignó, con propósito aniquilador de su entidad nacional, el protagonizar una guerra civil revolucionaria y tan genocida como las que tal poder había hecho padecer antes a Inglaterra (siglo XVIII), Francia (Revolución Francesa y guerras napoleónicas), EE. UU. (1861-1865, Guerra de Secesión), Méjico (Revolución), Europa (guerras napoleónicas y I G.M.), Rusia (Revolución bolchevique), etc. El que aquel propósito aniquilador contra España resultase frustrado, se debió a la decidida reacción bélica del pueblo español en defensa de su fidelidad a Dios y de su unidad y su dignidad, y en contra de los criminales propósitos del referido poder imperialista nacido dos siglos, antes.Recordemos que dicho poder imperialista mundial había surgido, hacia mitad del siglo XVIII, cuando la carcomida metrópoli inglesa no sólo perdió su soberanía sobre las colonias del Norte de América, sino que pasó a convertirse en encubierta colonia por la oligarquía que se había encumbrado en aquellas colonias americanas. A continuación, los nuevos poderosos pasaron a crearse una base inexpugnable en los territorios norteamericanos, aniquilaron a los (inmanejables) habitantes autóctonos, y atrajeron riadas de inmigrantes desde Europa y, menos numerosos, de Asia y esclavos de origen africano. Desde su adquirido punto de apoyo en las Islas Británicas, organizaron y dirigieron ellos la antifrancesa Revolución Francesa; tras de la cual, Francia también pasó a ser colonia de los surgentes imperialistas.



                                                              Agustina de Aragón

 Con el instrumentalizado marioneta Napoleón Bonaparte, llevaron la guerra a toda Europa, la minaron de sociedades secretas encargadas de la corrupción, el soborno, el chantaje y el terror; y, a la vez, tales sociedades eran agentes con los cuales promover las falsas revoluciones populares (antipopulares) y los pronunciamientos y las guerras de desgaste que a lo largo del siglo XIX neutralizaron las naciones europeas; y, al mismo tiempo, esos imperialistas con el concurso de los filósofos demagogos fueron instaurando las ideologías inanes creadoras de las luchas de clases, de la desespiritualización y de la politización irracional de las descabezadas poblaciones nacionales europeas. Y, además, mediante la instauración de los serviles sistemas partitocráticos antinacionales gobernantes, tal poder imperialista colonizó toda Europa, de manera encubierta. Pero como los pueblos europeos (y los de otras grandes regiones mundiales), aun desasistidos por las que deberían ser sus élites dirigentes naturales, se resistían a perder sus fundamentos espirituales civilizadores y a aceptar la aberrante ideología de los imperialistas globalizadores, entonces éstos planearon la aniquiladora II G. M.; y como prólogo de esa II G. M. decidieron llevar a cabo la, que querían fuese también aniquiladora, Guerra Civil (1936-1939) en España.

   Caídos por Dios y por España en el Cuartel de la Montaña

El pueblo español acumulaba en su alma los padecimientos ocasionados por la decadencia de su monarquía de los Austrias, por el tradicional acoso demoledor de las monarquías francesa e inglesa, por la decadencia ideológica y orgánica de su monarquía borbónica, por la genocida invasión napoleónica, por sus tres guerras carlistas (apoyadas y alimentadas desde territorio francés, como el terrorismo actual y el de siempre), por la revolucionaria y cruenta fractura de la orgánica estatal de la entidad nacional hispanoamericana y filipina, por el cruento y traicionero conflicto en el protectorado de Marruecos y por el desgobierno, la incultura y la miseria selectiva procuradas por los sucesivos titulados “gobiernos de España”, pero gobiernos sometidos al dictado del referido imperialismo; padecimientos esos que se le venían imponiendo sin descanso al pueblo español. Pero el pueblo español atesoraba en su alma la íntima satisfacción y motivación que le proporcionaban su fidelidad a Dios y sus arraigados fundamentos religiosos y patrióticos; los cuales le habían salvado, en etapas anteriores, de padecer similares rigores de feudalismo a los que se padecieron en el resto de Europa, y los cuales arraigados fundamentos le habían llevado a crear la indestructible (aún en la actualidad) comunidad nacional, ahora multiestatal, Hispanoamérica –la única comunidad nacional multiestatal creada hasta ahora en el llamado mundo occidental–.

Con la dicha fidelidad a Dios y con los dichos fundamentos espirituales, y asistido, además, por las individualidades no corrompidas o asesinadas de sus élites rectoras, y aun a costa de tener que padecer una guerra civil, de tres años, internacionalizada y tutelada (en el bando rojo) por el poder imperialista mundial mediante sus marionetas más poderosas (URSS y democracias), el pueblo español logró salvar su unidad y su entidad nacional. Pero luego, desde más de cuarenta años después de acabada la referida guerra civil y cuando prácticamente habían desaparecido o perdido su capacidad de autodefensa ya todos sus actores y testigos, el vigente e inane imperialismo mundial (ahora llamado globalizador) viene actualizando entre el perplejo pueblo español las consignas, las provocaciones criminales y los actos alevosos previos a tal guerra civil.
(continuará)

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

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