15 fecundos días de 1860... una gran victoria en África y una insurrección carlista sofocada.




Organizacion del ejército expedicionario en África 


General en jefe, el capitán general D Leopoldo O'Donnell conde de Lucena. 
Jefe de estado mayor general, el mariscal de campo D. Luis García. 

Cada cuerpo de ejército contaba con 15 infantes de guardia civil con 15 caballos.

Capitán general Leopoldo O'Donnell, litografía por Antonio Pirala




PRIMER CUERPO


General, el mariscal de campo D. Rafael Echagüe Bermingham, conde del Serrallo. 
Una brigada de vanguardia y una división con dos brigadas , artillería, ingenieros y caballería.


                                  
Mariscal de campo D. Rafael Echagüe Bermingham, conde del Serrallo.
Grabado Badillo/Carretero




SEGUNDO CUERPO


General, el teniente general D. Juan Zabala y de la Puente, conde de Paredes.
 Dos divisiones con dos brigadas cada una, artillería, ingenieros y caballería.


El General Juan de Zabala con uniforme de los Húsares de la Princesa. 
Óleo de Vicente López




TERCER CUERPO


General, el teniente general D. Antonio Ros de Olano. conde de Almina.
 Dos divisiones con dos brigadas cada una, artillería, ingenieros y caballería.


Teniente general D. Antonio Ros de Olano, militar y escritor




CUARTO CUERPO


General, el teniente general D. Juan Prim y Prats,  conde de Reus. 
Dos brigadas y artillería.


Teniente general D. Juan Prim y Prats




DIVISIÓN DE CABALLERÍA 



Mariscal de campo D. Félix Alcalá Galiano


General, el mariscal de campo D Félix Alcalá Galiano, marqués de San Juan de Piedras Altas 
Jefe de estado mayor, el coronel comandante D. Camilo San Román. 


Primera brigada:
Jefe, el brigadier D. Blas de Villate.
Fuerzas:
Un escuadrón de coraceros del Rey.
Un escuadrón de coraceros de la Reina. 
Un escuadrón de coraceros del Príncipe. 
Un escuadrón de coraceros de Borbon.
Un escuadrón  de húsares de la Princesa. 


Segunda brigada:
Jefe, el brigadier D. Francisco Romero Palomeque. 
Fuerzas: 
Dos escuadrones de Farnesio
Un escuadrón de Santiago
Un escuadrón de Villaviciosa 
Artillería: 
Tres escuadrones del regimiento a caballo con 12 piezas. Jefe del parque, el primer comandante, segundo jefe del cuarto regimiento, don Santiago de Tapia Ruano. 


LA AMÉRICA
Madrid 8 de Abril de 1860.

REVISTA GENERAL / Nemesio Fernández Cuesta

Los últimos quince días han sido fecundos en acontecimientos: una gran batalla en Marruecos; la paz; una insurrección carlista en la península; su sofocación inmediata y la vuelta de los primeros batallones del ejército de África. 

Vamos por partes. 

Después de la batalla del 11 de marzo seguíanse negociaciones de paz entre Muley Abbas y el general en jefe; pero no habiendo dado resultado se dispuso el ejército desde el dia 22 para emprender su movimiento sobre el Fondack, en el camino de Tánger, á tres leguas y media de Tetuan. A las cuatro de la mañana del 23 un cañonazo disparado desde la Alcazaba, dió la señal de batir tiendas y á las ocho comenzó el movimiento. El general Rios con cinco batallones de la división de reserva, tres de la vascongada, mandados por el general Latorre, y dos escuadrones de lanceros, subió por la derecha los montes de Sarasa, con el objeto de situarse en los cerros que dominan la izquierda de Wad-Ras ó valle del Cabo, por donde corre el rio Buceja, y desde allí protejer la marcha del ejército, recibir los heridos y sostener las comunicaciones entre aquél y Tetuan. Poco después el primero, segundo y tercer cuerpo emprendieron el movimiento por la orilla del Guad-el-Jelú hacia el Fondack, y el general Makenna con la primera division del cuerpo de reserva cubria la retaguardia. Apenas las tropas habían caminado media legua, vieron cubrirse los montes de enemigos, y á la legua ya las guerrillas del primer cuerpo habían roto el fuego. Los marroquíes, en número de cuarenta y cinco á cincuenta mil hombres entre tropas regulares e irregulares, se habian adelantado al encuentro de nuestro ejército, y en vez de esperarle en sus posiciones del Fondack, las tomaron avanzadas en la confluencia del Jelú con el Buceja. El choque fué terrible: los moros pelearon con mas brio y decisión que nunca; el valor de nuestras trapas subió de punto á medida de la resistencia; hubo posiciones tomadas, perdidas y recobradas varias veces; multiplicáronse los actos de heroísmo hasta que al fin los moros comenzaron á desmayar ante las cargas del general Prim y las maniobras ejecutadas por los demás generales, y del desaliento pasaron á la retirada; levantaron precipitadamente sus tiendas, temiendo que cayesen segunda vez en nuestro poder, y se dispersaron en todas direcciones. La pérdida del enemigo en esta jornada fué inmensa; la nuestra, no pequeña, consistió en 137 muertos, 956 heridos y 218 contusos, que hacen un total de 1.311 bajas. De los voluntarios catalanes hubo 8 muertos y 122 heridos:
El general Prim, después de la batalla, les preguntó si quedaba aun bastante número de voluntarios para otra acción.
--Aun somos bastantes.
--¿Y para otra? repuso el general.
—Para otra no, respondieron aquellos héroes, y ciertamente no exageraban.

Al dia siguiente 24, el general en jefe dio descanso al ejército, que como era de suponer se hallaba muy fatigado, llevando el soldado además de su equipaje, raciones para ocho dias, que algunos, con la imprevisión natural del soldado, tiraron durante la acción para pelear mas á la lijera. En aquel dia se presentaron de nuevo comisionados de Muley Abbas á pedir la paz. El general O'Donnell les contestó que en la mañana del inmediato pensaba continuar su marcha y que si querian la paz debían aceptar antes de la mañana siguiente las proposiciones que últimamente les tenia remitidas. En efecto, al amanecer del 25, cuando ya se habia dado la orden de batir tiendas, llegaron los parlamentarios moros con Muley Abbas y celebrándose una nueva conferencia quedaron ajustados y firmados los preliminares de la paz.

El autor de estas líneas celebra que el ejército, que tanta gloria ha alcanzado en esta campaña y tan bien puesto ha dejado el honor nacional, descanse de sus heroicas fatigas y vuelva a su país a obtener la debida recompensa; celebra también que la nación se vea exenta de los sacrificios que la guerra le impuso y haya adquirido un nuevo título al respeto y consideraciones de las demás; pero en cuanto á las condiciones con que la paz se ha hecho y que en otro lugar hallarán los lectores, se remite a lo que tiene manifestado en anteriores Revistas.  Esta es opinión particular especial del que escribe las presentes líneas, que no cree oportuno repetir ahora ni sostener con nuevos argumentos lo que ha dicho en otras ocasiones.

Pasemos ahora á hablar de la conspiración carlista. La conspiración carlista existe desde que este partido quedó disuelto en Vergara; el partido carlista no ha dejado de conspirar, y desde 1859 apenas se ha pasado circunstancia que á su juicio haya tenido visos de favorable, que no haya sido por él aprovechada para hacer una manifestación mas ó menos ilegal ó ruidosa de su constancia y de sus sentimientos. Unas veces dejando de ser guerrero se ha metido á cortesano, y aun á parlamentario; otras veces ha sido cortesano y guerrero á un mismo tiempo; ya ha empuñado el fusil, ya el incensario, ya se ha adornado con la librea; ha tomado todas las formas y ha marchado á su objeto, aunque hasta ahora con poca fortuna, por todos los caminos. Hasta 1857, de todas sus evoluciones pacíficas y belicosas no había sacado sino frutos negativos: habia impedido el mando de sus mas terribles adversarios, pero no habia podido jamás llegar al logro completo de sus deseos. Hubo un momento en 1852 en que pensó haber progresado inmensamente; pero 1854 vino á destruir sus ilusiones. Sin embargo, desde 1857 sus progresos eran notables: adelantaba en la oscuridad, pero las manifestaciones de sus adelantos eran visibles; se veia atravesar su sombra fatídica por ciertos sitios del horizonte político y el eco de su voz se oía distintamente en varios ángulos.

El carlismo tiene dos fases: la una la dinastía de Don Carlos; la otra el poder absoluto y el derecho divino de los reyes. Presentando al poder la cara del derecho divino, guardaba la otra cara para sus partidarios, y bajo la máscara del absolutista monárquico, se ocultaba generalmente el carlista. De este modo pudo hacerse lugar en muchas partes, y obtener influencia y luchar á veces con ventaja y hasta vencer en ciertas cuestiones, mas ó menos secundarias, pero importantes. El gobierno de la unión liberal no habia conseguido arrojar á la reacción de sus posiciones: testigos la constitución Narvaez, la ley Nocedal y el concordato, y no presentamos mas que estos tres porque no hacen falta otros.

Con estos antecedentes fácil es suponer que los elementos acumulados en muchos años de trabajo asiduo y en tres de provechosas tareas, habian de dar resultados como los que presenta la insurrección de que vamos á hablar. Esa insurrección no es mas que una corriente de lava, escapada, tal vez prematuramente , del volcan que arde en lo interior de la situación y que se ha abierto paso desgarrando uno de sus costados. Atajada prontamente , el volcan continúa ardiendo en silencio ; y si no se toman precauciones muy minuciosas y esquisitas, tarde ó temprano nuevas y cada vez mas terribles erupciones harán temblar el suelo que pisamos. Bueno es decir, sin embargo, que la libertad está fuera del alcance del peligro: tiene por garantía la voluntad del pueblo y el pueblo la defenderá cuando sea necesario. Vengamos á la narración de los sucesos, advirtiendo que sobre ellos no vamos á decir nada que no resulte de los partes oficiales ó de lo que los periódicos del gobierno competentemente autorizados y debidamente fiscalizados, han referido al público.

El mariscal de campo D. Jaime Ortega, capitán general de las Baleares , reunió una fuerza de 2 a 3000 hombres con algunas piezas de artillería; y el 1 de abril, en cinco vapores, dos de ellos extranjeros, fletados en Marsella se embarcó para la península, con la intención de proclamar á Carlos VI constitucional. Según los partes publicados, traia órdenes falsas del gobierno para tomar el mando del segundo ejército y distrito, ó sea de Cataluña, reemplazando al general Dulce. Creia que á su llegada se habrian levantado los carlistas de Zaragoza, Valencia y Andalucía ; venian con él el general carlista Elío y otros personages que se suponen ser Montemolin, D. Juan su hermano y Cabrera; y esperaba que hallándose al desembarcar con una fuerza carlista con la cual pudiese amalgamar la que llevaba engañada ,esta, en vista de la situación de las cosas, se resignaria á seguir el movimiento, y en caso de abandonarle lo haría cuando ya no fuese tan necesaria su cooperación.

Por lo que parece, el plan estaba combinado para apoderarse de todo el distrito militar de Cataluña mientras se levantaban gruesas partidas en Aragón y Valencia: tal vez se esperaba en Madrid mismo un movimiento, y se figuraban los conspiradores que estando el ejército ocupado en África, la milicia nacional extinguida y desarmada y el pueblo cansado de trastornos y poco dispuesto á sacrificios , sería facil empresa instalar á Montemolin en el trono de España , tanto mas, cuanto que se le adornaba con el epíteto de constitucional.

Los cálculos de la conspiración salieron esta vez fallidos. Al desembarcar en San Carlos de la Rápita, el general Ortega ni halló fuerza carlista con que poder amalgamar su gente, ni tuvo las noticias que esperaba de movimiento alguno, antes bien supo que en Valencia, Zaragoza, Andalucía y Madrid se gozaba de la mas perfecta tranquilidad , asi como en el resto de España. Ya empezaba su tropa á murmurar y los jefes y oficiales á indagar el objeto con que se les había sacado de las Baleares, mientras que llamaban la atención los misteriosos personages que rodeaban á Ortega, cuando al oír el grito de «viva Carlos VI» no quedándoles ya duda de los planes de aquel, se echaron los fusiles á la cara y le hicieron huir á uña de caballo con sus acompañantes.
Los oficiales se presentaron entonces á la autoridad y pasaron á Tortosa mientras la tropa se alojaba en el arrabal,  y Ortega, perseguido en todas direcciones, se dirigió al Maestrazgo. Las últimas noticias nos dan cuenta de la prisión de Elio y uno que dice ser su secretario, en Vinaroz, y la de un ayuda de cámara de Ortega que llevaba su equipage y correspondencia.

De esta manera ha concluido la intentona: la correspondencia hallada dará sobre ella alguna luz; pero nosotros creemos que tardará mucho tiempo en disiparse por completo la oscuridad tenebrosa de este asunto, no habiendo tenido lugar de manifestarse muchos de los elementos con que indudablemente debió contar Ortega, á no ser que se le califique del hombre mas irracional y estúpido del mundo.......

Infante Carlos Luis de Borbón y Braganza conde de Montemolín.



Guillermo

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