LA GRAN GENERACIÓN












      Se ha establecido la costumbre de menospreciar todo lo importante que ha hecho la mejor generación española del siglo XX y hasta ahora, y de loar la miseria. En esa relación se condensa cierta abyección de la España actual.
      En USA suelen llamar Gran Generación a la que protagonizó la Guerra Mundial, y quizá no fue tan “grande”. ¿Podríamos encontrar en España una Gran Generación? Creo que sí, ya lo he dicho otras veces: la que encaró y venció a la revolución en 1936-39 y siguió superando desafíos extremadamente graves durante diez años más.
       Generalmente no se ven las cosas de este modo, sino que se insiste en los aspectos más lúgubres, como si no hubiera otros o fueran excepcionales en Europa o en el Mundo. Pero sobre todo se habla de un “fracaso social” plasmado en la Guerra Civil, de la que se culpa por las buenas a uno y a otro bando o, más frecuentemente, al bando que derrotó a una revolución totalitaria, salvando la unidad de la Nación y su cultura cristiana. Esto último solo resalta la abyección en que ha caído la sociedad y no vale la pena insistir en ello. Pero lo del “fracaso y culpa de unos y otros” no es menos indecente. Como el vanidoso tontín que se siente moralmente superior porque, cuando ve una pelea, dice “¡Qué escándalo, qué gente tan violenta!” sin preocuparse de quién es el agredido y quién el agresor, de las circunstancias y motivos que han llevado a la pelea. Pocos refranes hay más tontos que “dos no riñen si uno no quiere”. Actitud tan necia como extendida.
18 de Julio 1.936 – 1 de Abríl 1.939.
Claro está que en aquella difícil época no hubo una, sino dos generaciones enfrentadas. Una de ellas pretendía liquidar la herencia cristiana, las tradiciones hispanas, imponer en su lugar alguna ideología brutal, y disgregar el país o tolerar su disgregación. Este tipo de gente vuelve hoy a sentirse fuerte y de nuevo llena de espacio público con sus venenosas falsedades.  

Cierto, llegar a la guerra supuso un fracaso social porque una parte de aquella generación no supo contener a la otra, que deseó, alabó y planeó la Guerra Civil. Si la parte belicista de la población no se recataba en amenazar constantemente con la guerra y en organizarla, fue porque se creía en vísperas de un triunfo absoluto. Y lo que le daba esperanzas de vencer era, precisamente, la escasa energía y divisiones internas del bando deseoso de paz y de construir sobre el legado de los antepasados, en lugar de destruirlo para imponer un sueño trivial y brutal. Nadie mejor que Azaña, a quien tanto he citado, para describir aquella de chifladura, corrupción intelectual, odio reconcentrado y espíritu “tabernario, sin ninguna idea alta” que desembocó en el Frente Popular y la contienda. Por lo demás, he recuperado en varios libros los documentos que prueban inequívocamente el designio y el carácter guerracivilista de aquella gente, que hizo inevitable el choque armado.

Voluntarios españoles de la División Azul parten hacia Alemania
Y fue cuando llegó el choque cuando se manifestó el valor de aquella Gran Generación. Todos los actos bélicos de heroísmo le correspondieron, repetidos después en la División Azul, y también en la reconstrucción del país y en la resistencia a unas condiciones muy duras, impuestas en gran medida desde el exterior; en la decisión y capacidad para progresar y prosperar a pesar de todo, como he mostrado en “Años de hierro” y en artículos que rescatan estudios y datos estadísticos ocultados por los actuales hooligans del Frente Popular.

    Sin embargo tenemos otro aspecto desconcertante: cómo la generación siguiente se caracterizaría por una acentuada cobardía moral y voluntad de olvido de lo que realmente se había hecho de grande en los tiempos duros. ¿Cómo puede oscilar tanto el espíritu de las generaciones, pese a salir de un mismo pueblo? La victoria del 39 fue tan completa que luego no resultó demasiado difícil mantener a raya, durante varias décadas, a quienes se identificaban (nos identificábamos) con el Frente Popular, tan completa que hasta quienes más tarde se volvieron más o menos “rojos” también provenían, generalmente, de las familias de los vencedores. Entre ellos los hijos de los protagonistas, que no recibieron la menor formación ni siquiera información histórica de sus padres. Quienes cosecharon los frutos de los sacrificios de la guerra y posguerra, dieron el paso acertado de democratizar el país “de la ley a la ley”; y entonces todo empezó a fallar. Incapaces de sacar las consecuencias de la etapa anterior, de construir sobre ella y de teorizar políticamente, los herederos de la Gran Generación han facilitado la vuelta de los viejos demonios familiares que nos han llevado a la crisis actual. La demolición moral e intelectual ha sido de tal calibre que hoy por hoy no se vislumbra una reacción capaz de afrontar los nuevos y en gran parte antiguos retos.


     Mi padre, como muchos de los vuestros, incluyendo familiares, pertenece a esa GRAN GENERACIÓN.

     GENERACIÓN, que primero, expuso o entregó sus vidas en favor de la Fe cristiana y de la Libertad en contra del totalitarismo revolucionario Marxista, y después, vivió años extremadamente duros por el bien de su Patria.

     Por esa GRAN GENERACIÓN que en la actualidad, es despreciada por unos y no siempre apreciada suficientemente por otros, quiero romper una lanza en su favor, agradeciendo a todos y especialmente a mi padre (que sigue todavía perteneciendo a esa Generación), el legado que nos han dejado con su ejemplo de vida cristiana, profesional y patriótica.



 
Francisco Javier de la Uz Jiménez

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