Hace unos días murió Alan Wood, el telegrafista que entregó la bandera que seis Marines ataron a un tubo de agua y levantaron en Iwo Jima, de los seis hombres, tres murieron en combate; dos, amargados y alcoholizados y el último, con estrés postraumático, jamás volvió a hablar de aquello.
El 23 de febrero de 1.945, James Forrestal, el Secretario de la Armada, vio desde la playa de Iwo Jima una pequeña mancha azul, blanca y roja en lo alto del monte Suribachi, un volcán apagado que coronaba la isla. Llevando por la emoción de la inminente victoria, Forrestal decidió que quería esa bandera como recuerdo. El Coronel Johnson, Comandante del segundo Batallón de Marines, contestó “que se vaya al infierno” y decidió ocultar la primera bandera sustituyéndola por otra. Por eso, ordenó a su asistente, el Teniente Tuttle, que fuera a buscar otro paño barrado con 48 estrellas.
La historia oficial, aunque en esta historia todo es mentira, dice que Tuttle –barbado, sucio, lleno de combate- subió al barco LST-779 y pidió al Alférez Alan Wood que le prestara una bandera. Alan Wood murió el pasado 18 de abril en Sierra Madre, California. Era el último Soldado vivo de todos aquellos que participaron en la historia de la alzada de la bandera en el Suribachi. En puridad, ya nadie puede desmentir la historia oficial. En realidad, Wood tampoco solía desmentir nada, se limitaba a no hablar de aquello.
La historia (real) cuenta que cuatro Marines que tendían un cable telefónico hasta la cima del Subirachi fueron reclutados para repetir la alzada de la bandera que se había llevado a cabo horas antes pero que por una serie de infortunadas desdichas –como que la cámara del primer fotógrafo, Louis Lowery, había caído víctima de un bala japonesa- no había quedado inmortalizada. A esos cuatro Marines (el Sargento Michael Stank y el Cabo Harlon H. Block.

Michael Stank Harlon H. Block
El Soldado raso Franklin R. Sousley y un indio pima llamado Ira Hayes también conocido como Jefe Nube Caída), se les unió Rene Gagnon, un Soldado que hacía de mensajero, un Oficial Médico que andaba por allí, John Bradley, así como dos camarógrafos de los Marines y Joe Rosenthal, un fotógrafo de Associated Press.

Franklin R. Sousley Ira Hayes
Rene Gagnon John Bradley
El Sargento Hank Hansen, fue un Marine que participó en el primer izamiento de la bandera sobre Iwo Jima, y fue, por un tiempo, erróneamente identificado como uno de los seis hombres en la famosa fotografía de la segunda elevación de la bandera. Murió en acción de combate siete días más tarde.
Hank Hansen
Los Marines tomaron una cañería y ataron la bandera -el doble de grande que la primera- que Allan Wood había entregado a Tuttle. La historia oficial cuenta que Rosenthal vio la oportunidad y disparó su cámara. La historia alternativa dice que los camarógrafos organizaron un posado del grupo -evitando que las caras de los Marines fueran retratadas- y Rosenthal aprovechó para hacer su foto.
Joe Rosenthal ganó el premio Pulitzer por su famoso trabajo de los seis Soldados de Iwo Jima
La playa de Iwo Jima constituida por arena volcánica, que formaba dunas de hasta 6 metros de altura, era un gran inconveniente para el despliegue de las fuerzas estadounidense, ya que costaba mucho trepar por ellas debido al peso del equipo. A las 10:00, cuando en la playa (denominada por los mandos estadounidenses “la playa Roja”) había un número considerable de Marines, tanques, munición y artillería los japoneses abrieron fuego a discreción con su artillería y nidos de ametralladoras realizando una impresionante carnicería
Lo que sigue ocurrió solo en 17 horas, un tiempo record para 1.945, Rosenthal baja del Suribachi y se las ingenia para que lleven el carrete a la mesa de redacción de AP en la isla de Guam, que la envía por fax al continente y a las pocas horas es portada de cientos de diarios estadounidenses.
El Presidente Roosevelt, el mejor comercial que ha pasado por la Casa Blanca, comprendió la importancia de aquella imagen para su propósito de vender bonos de guerra y ordenó que aquellos Marines fueran repatriados para que iniciaran un tour de recaudación de dinero. Sus órdenes llegaron demasiado tarde para tres Marines: el Sargento Strank, que el 1 de marzo fue destrozado por el fuego amigo de un Destructor estadounidense; el Cabo Harlon Block, que resultó alcanzado en el pecho por un mortero el mismo día que Strank y el Soldado Sousley, que el 21 de marzo fue abatido en la playa por la bala de un francotirador.
El 8 de abril, los tres supervivientes – Bradley, Gagnon y el indio Hayes- regresaron a los Estados Unidos y recorrieron el país dando entrevistas y levantando banderas, Bradley, sin embargo, apenas hablaba, traumatizado por la horrible muerte de su amigo Ralph Ignatowski que el 8 de marzo había sido capturado por los japoneses y torturado hasta morir. Durante el resto de su vida, hasta su fallecimiento en 1.994, se negó a hablar de lo que ocurrió en Iwo Jima.
Gagnon, el mensajero, el que más disfrutó la atención de la masa, murió en 1.970, amargado, alcohólico y con la sensación de haber sido estafado por el Gobierno. Su último trabajo fue el de conserje en un bloque de apartamentos en Manchester.
Ira Hayes, el indio, murió mucho antes. El 24 de enero de 1.955 hallaron su cadáver empapado en sangre y vómito, alcoholizado hasta la muerte, en su camastro de una cabaña de Arizona.
Forrestal, el político que aquel 23 de febrero de 1.945 se encaprichó de la primera bandera, se ahorcó en 1.949 con el cinturón de su batín en el Hospital Nacional de Bethesda después de que el Presidente Truman le destituyera como Secretario de defensa.
Trece manos en el mástil
Todo el mundo sabe y hasta se enseña en los colegios de los Estados Unidos, que en el monumento al Cuerpo de Marines y que reproduce en conjunto escultórico la famosa fotografía de Rosenthal, hay trece manos. Doce de los seis Marines que alzaron la bandera en el monte Suribachi y una más, “la mano de Dios”. En realidad, sólo hay doce manos. Pero no dejes que contar hasta doce te estropee una hermosa historia.
JOSÉ ANTONIO FÚSTER.-
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/que-pesa-una-bandera-20130503
Francisco Javier de la Uz Jiménez
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