Kursk, la mayor batalla de carros de combate de la historia
Carros de combate en la batalla de Kursk
Si desde la batalla de Moscú, y aún más a partir de Stalingrado, los alemanes ya no podían ganar la guerra, después de la Batalla de Kursk estaban condenados a perderla.
Tras la batalla de Stalingrado, y consecuencia de las operaciones que habían tenido lugar al final del invierno de 1.942-43, se había formado un saliente en el frente central ruso, constituyendo una bisagra entre los sectores central y meridional del inmenso frente del Este. El ataque alemán había de convertirse en una pinza cuyos brazos partirían de Orel en el norte y de Belgorod en el sur, para cerrarse en torno a Kursk, desde donde los soviéticos podrían contraatacar a los ejércitos alemanes desplegados en la zona y profundizar aún más.
Desarrollada entre julio y agosto de 1.943 en el frente ruso, en una zona demarcada por una línea que se extendió entre el norte de Kursk y el lago Ladoga, la batalla de Kursk–denominada por los alemanes como la operación Citadelle- fue una de las más grandes de medios acorazados de la historia militar (participaron más de 6.000 carros de combate y blindados), y constituyó el último esfuerzo de las desgastadas tropas de la Wehrmacht en su denominada guerra relámpago (Biltzkrieg), un concepto de empleo ofensivo de medios acorazados.
Mapa de guerra al iniciarse la batalla de Kursk
FUERZAS ALEMANAS
50 Divisiones.
900.000 efectivos.
Hasta 10.000 piezas de artillería y morteros.
Cerca de 2.700 carros de combate.
Más de 2.000 aviones
FUERZAS SOVIÉTICAS
1.300.000 efectivos.
Hasta 20.000 piezas de artillería.
Más de 3.500 carros de combate y cañones autopropulsados.
2.650 aviones.
Entre nubes de polvo que se alzaban hasta el cielo, la calurosa mañana del 11 de julio de 1.943 el poderoso II Cuerpo Panzer de las SS-que contaba con las dos Divisiones más temibles de la Wehrmacht, la Leibstandarte y la Das Reich- se puso de nuevo en marcha. El ataque era conducido ferozmente, como punta de lanza, por dos Divisiones de las Waffen-SSy cubriendo los flancos las dos más temibles de la Wehrmacht. Olas tras olas de aviones Stukas atacaban a los blindados soviéticosatrincherados, mientras los aviones rusos también atacaban en forma continua a los Panzer alemanes.
En esta batalla, el Ejército Rojo desplegó tal cantidad de carros de combate T-34,que los alemanes se vieron obligados a recurrir desesperadamente a la Luftwaffe. Los nuevos aviones Stuka adaptados ex profeso para la lucha anticarro, cosecharon el mayor éxito.
Un destacado piloto de Stuka, desarrolló un método casi infalible para atacar los carros enemigos, aproximándose en picado por su retaguardia y apuntando a la trasera del T-34, donde estaba el motor y el blindaje era más fino. Los pilotos no debían “dejarse caer” hasta muy cerca del objetivo, pues corrían el riesgo de ser derribados por los fragmentos metálicos que se producían al estallar el carro.
Avión caza alemán (Junkers Ju 87 Stuka), equipado con dos poderosos cañones de 37 mm montados bajo cada una de sus alas.
Enfrente los rusosplanificaron en detalle su defensiva, construyendo las más poderosas defensas que jamás se han construido: conocedores por su servicio de inteligencia de las intenciones alemanas, los soviéticos habían desplegado una increíble cantidad de efectivos en un dispositivo que alcanzaba los 300 Kms de profundidad, compuesto por nidos de ametralladoras, búnkeres, zanjas, trincheras, alambradas, artillería camuflada y lanzallamas dispuestos en ocho cinturones sucesivos. Por si esto fuera poco, los soviéticosdisfrutaban de una superioridad de 3 a 1 en hombres, la misma que en medios acorazados, más del doble en artillería y disponía de muchos más aviones.
Aquella mañana del 11 de julio los alemanes se mostraron insultantemente superiores; los Tigerdestruían a más de 2 kilómetros de distancia uno tras otro a los T-34 soviéticos, y los Panzer que se recuperaban de las numerosas averías que sufrían por haber sido enviados prematuramente al combate resultaban letales. Sin embargo, cuando se encontraron al día siguiente en Prokhorovkacon la mayor Unidad soviética disponible, el 5º Ejército de la Guardia de Rodmistrov, el cual se encontraba íntegro, fresco y bien pertrechado, ya que no había participado en la batalla aún, estaban en una situación de inferioridad muy marcada: 117 carros, más unos sesenta autopropulsados, contra más de seiscientos blindados soviéticos.
La táctica en “hacha” de los Panzer
Las fuerzas alemanas estaban acostumbradas a atacar las líneas enemigas con éxito, empleando carros de combate en formación estrecha y en punta, lo que les permitía desplegarse en abanico en sus famosas maniobras de cerco.
En Kursk,sin embargo, los germanos tuvieron que renunciar a esta táctica, pues los soviéticoshabían reforzado la capacidad de fuego de sus blindados. Los Panzer pasaron entonces a desarrollar una nueva formación a modo de “hacha” –Panzerkeile- con los Tiger estrechamente agrupados en vanguardia y los nuevos Panzer en retaguardia desplegados en abanico. El objetivo era abrir una brecha lo suficientemente ancha en las defensas enemigas para resistir los contraataques desde los flancos.
Carro de combate alemán (Panzer III, cañones de 75 mm)
Pieza de artillería autopropulsada alemana Sd. Kfz. 124 Wespe (cañón 105 mm) daba apoyo a las Divisiones Panzer
Debido a una mala visibilidad por la niebla, al humo y al polvo, los carros de combate de ambos bandos se pasaron de largo sin haberse visualizado, rodeándose los unos a los otros. Las fauces del infierno parecían haberse desatado cuando unos 1.600 carros se enfrentaron en encarnizada lucha. Los combates fueron muy duros: los participantes los recordaban como “un infierno” y aseguraban que fueron unos de los peores de toda la guerra.
Pero los carristas soviéticos, sabiendo sus Comandantes que la fuerza de penetración de largo alcance del armamento de los Panzer alemanes no suponía ventaja alguna en los combates “caro a carro” a corta distancia, se lanzaron a toda velocidad contra ellos para acortar las distancias y de esta manera poder igualar así las fuerzas. Muchos se precipitaron a una zanja anticarro de cuatro metros que ellos mismos habían abierto antes de la batalla y que, debido a las malas condiciones de visibilidad anteriormente expuestas y según algún historiador aturdidos por el vodka que consumían para entrar en combate, habían olvidado.
Carro de combate soviético (T-34)
Los que no cayeron en la trampa y lo advirtieron giraron sobre sí mismos, causando una gran confusión en sus propias filas, estallando al chocar unos contra otros y convirtiéndose en presa fácil del enemigo. Para cuando el sol estaba en lo más alto habían perdido doscientos carros de combate a manos de los alemanes, a cambio de apenas tres Panzer. Sin embargo los soviéticos contaban con la superioridad numérica y tenían muchas unidades de reserva. Este combate en las inmediaciones de Prokhorovka duró ocho horas.
En Moscú, Stalín estalló de rabia y solo pudo ser calmado cuando entre Rodmistrov y su Comisario político, Kruschev, se conjuraron para hacerle creer que las bajas alemanas ascendían a 400 carros. A un terrible coste, sin embargo, la resistencia soviética fue causando mella en el atacante. Aunque el enfrentamiento blindado había sido abrumadoramente favorable a los alemanes desde el punto de vista de daños infringidos, en el conjunto del frente las defensas soviéticas habían logrado detenerlos.
Imagen nocturna de la batalla de Kursk. Foto MHR
El día 12 de julio los Comandantes alemanes recibieron la información del desembarco angloamericano ocurrido en Sicilia, de la capitulación de los italianos y de la necesidad de movilizar las fuerzas del frente ruso para obstaculizar el avance aliado en Italia. Todo ello ocasionó que la ofensiva hacia Kursk tuviera que ser interrumpida para regresar a las posiciones de partida. El Ejército soviético lanzó a continuación una abrumadora ofensiva contra los germanos, obligándoles a retroceder hasta el Dniéper.
En Kursk,Stalin tomó lainiciativa estratégica y completó lo iniciado en Stalingrado. Quedaba invalidado el mito propagandístico alemán acerca de la naturaleza “estacional” de la táctica soviética, según la cual, el Ejército Rojo sólo estaba capacitado para atacar en invierno.
Las bajas de la Wehrmachteran muy inferiores a las soviéticas. Entre el 5 de julio y el 31 de agosto de 1.943, Moscú lamentaba una gigantesca hemorragia de casi un millón de hombres mientras que los alemanes habían perdido diez veces menos; parecida proporción en cuanto a carros de combate, cerca de 3.000 frente a 750 germanos; 2.000 aviones por 524 de los alemanes, y ocho veces más piezas de artillería. (Según que fuentes históricas se revisen, en algunas no coinciden exactamente estas cifras).
Pero mientras los soviéticospodían reemplazarlas, los alemanes no. Lo que sucedió en la batalla de Kursk marcó un cambio definitivo en el curso de la guerra. Tuvo más repercusión que las batallas de Moscúy Stalingrado, significando la pérdida total de la iniciativa, por parte de Alemania, debiendo iniciar una retirada, que terminó finalmente en Berlín.La Wehrmachtnunca más emprendería una ofensiva de envergadura en el frente del Este. Militarmente hablando, los días del Tercer Reich estaban contados.
Al concluir la lucha, las gravísimas pérdidas de los alemanes eran el fruto amargo de la “última batalla por la victoria”, como fue calificada por sus Generales.
Francisco Javier de la Uz Jiménez
Fuentes consultadas.-
La Gaceta.- Fernando Paz
La II Guerra Mundial.- Fascículos ABC
La II Guerra Mundial. Editorial planeta S.A.- Raymond Cartier.




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