EXPOSICIÓN PUTREFACTA





Simi Chocrón, consejera de Cultura en Melilla (PP), promueve una exposición “putrefacta” que denigra la fe de los católicos
Se supo hace unos días que la consejera de Cultura de Melilla, Simi Chocrón, de religión judía, se gastó 70.000 euros en la compra de unos libros manipulados y tergiversados sobre Melilla y el Judaísmo.http://www.alertadigital.com/2012/05/17/la-consejera-de-cultura-de-melilla-simi-chocron-pp-gasto-70-000-euros-en-libros-clandestinos-del-judaismo/
Inmune al escándalo, Chocrón prepara ahora una exposición permanente de cuadros que denigran la religión católica.
                                                                              Simi Chocrón, consejera de Cultura



                                                             
Se trata de la obra del almeriense Andrés García, un pintor irreverente y blasfemo cuya especialidad son las escenas religiosas con componentes sadomasoquistas, sus Manolas con caras deformadas y “santas” con aspecto poco virginal. La serie “Los putrefactos”  llegará a Melilla tras no abrirse camino en ningún otro punto de España.
“Los putrefactos”, inspirada en el libro del mismo título que nunca llegaron a escribir Federico García Lorca y Salvador Dalí, contará con una sala permanente de exposiciones, pese a que la técnica y la figuración no están nada de moda en el mundo del arte, y menos en España. “Mi obra resucita heridas no cicatrizadas”, es “subversiva” de la España rancia y tradicional, indica el pintamonas.
En “El Cristo de la muerte” (2004), un Jesucristo crucificado con cara cadavérica es custodiado por legionarios, una cabra y un religioso.

En “La mortificación del penitente” (2005), unas jóvenes Manolas (mujeres de luto que en la Semana Santa lloran la muerte y celebran la resurrección de Cristo) vestidas con parafernalia sadomasoquista fustigan a un penitente encapuchado.
Otras obras, como las dedicadas a retratos de Manolas, son menos figurativas y, en la deformación del rostro, recuerdan al británico Francis Bacon, aunque la mayor inspiración de Ibáñez en esta serie son “las pinturas negras de Goya”.

Nacido en 1971 en Olula del Río, el pintor almeriense tiene una concepción “fatalista” de la condición humana -así lo plasma en sus cuadros sobre “La masa”, el pueblo ciego y alienado-, por lo que ve poca solución a lo que considera el mayor problema de la sociedad española: su putrefacción.
 “La putrefacción es algo consustancial a la sociedad y avanza inexorablemente”, afirma con ironía, pese a la seriedad de sus reflexiones.
Siguiendo el concepto de Dalí y Lorca, para Ibáñez lo putrefacto es “todo lo que está muerto pero se resiste a morir”, en este caso las tradiciones retrógradas de la sociedad española que prosperaron durante la España franquista, y que “deberían revisarse urgentemente”.
“No hay que mantener las tradiciones por el hecho de serlo, algunas de ellas atentan seriamente contra la democracia y el pensamiento moderno”, observa el artista.
Con su particular “revisión” del papel de la religión y otros poderes fácticos tal como él los percibe, Ibáñez aspira a “sacudir la mente” de sus conciudadanos, aunque, al mismo tiempo, está casi resignado a que al menos esta parte de su obra no vea la luz en su país.
Pero como para él pintar es “una obsesión”, y esa obsesión dicta lo que pinta, se ve en la obligación de seguir por la vía “crítica”, aunque haya perdido ya -en este caso, de mutuo acuerdo- los encargos que solía hacerle la Iglesia católica para pintar frescos.
Ibáñez, criado en un entorno tradicional y educado durante años con el Opus Dei, reconoce que es un producto de las circunstancias que le ha tocado “sufrir”.

                                                                                  Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

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