El día en que la Legión perdió a su Jefe
Teniente Coronel D. Rafael de Valenzuela y Urzaiz
Caído gloriosamente en el combate de TIZZI-ASSA, el 5 de Junio de 1.923
Los Legionarios, antes de desembarcar el 8 de Septiembre de 1.925 en las playas de Ixdain y la Cebadilla (Alhucemas), afilaron sus bayonetas en los barcos mercantes que les transportaban. Cuando desembarcaban las Banderas VI y VII, con sus Comandantes al frente, Rada y Verdú, les precede un guión blanco en el que hay escrito un nombre: VALENZUELA.
MANUEL ORTEGA.-
Hasta aquel 5 de Junio de 1.923 el llamado Tercio de Extranjeros no había vivido una situación como aquella: las balas de los rifeños tumbaron a su segundo Comandante en jefe.
Tenía cuarenta y dos años y era un Oficial y un Caballero. De la Orden de Santiago y de la Real Maestranza de Zaragoza. Hoy día sería un hombre relativamente joven pero las imágenes fotográficas le muestran un gesto adusto y un bigote que le hacen mayor. Pero es que en la época el modelo estético masculino buscaba aparentar edad y él, Teniente Coronel del Ejército español, no escapaba a la moda de su tiempo.
Era, además, un Soldado ilustrado y políglota, educado por los Jesuitas y capaz de hablar francés, inglés, alemán, griego y latín. Su nombre era Rafael Valenzuela. Había nacido un 23 de Junio de 1.881, criándose en Zaragoza, con la que siempre mantuvo el contacto. A punto de cumplir los dieciséis años, había optado por la carrera de las Armas, ingresando en la Academia de Infantería de Toledo en 1.879. De allí salió estampillado como Alférez e inició una carrera Militar que le llevó a servir en Unidades tan prestigiosas como el Regimiento de Infantería “Inmemorial” número 1, a combatir en Marruecos en los años diez del siglo XX y a ser Ayudante de Altos Mandos militares. Pero la llama de España ardía en él. Podía haber mantenido su destino en la Península pero Valenzuela pidió incorporarse de forma voluntaria en la sangrienta contienda que España libraba contra los rifeños en el Protectorado marroquí.
La petición fue escuchada y tras comandar a Cazadores pasó a hacerse cargo del Grupo de Regulares de Alhucemas. Siempre tropas de choque. Estando al frente de las tropas Indígenas le llegó, en el otoño de 1.922, el nombramiento de Comandante en Jefe de la Legión. Su fundador, José Millán-Astray Terreros, se había apartado del Mando activo a consecuencia de sus divergencias con las Juntas de Defensa. A Valenzuela le correspondió sustituirle, y el listón dejado por el bravo mutilado de guerra estaba alto. Sin embargo, aceptó el puesto y pasó a estar al frente de los hombres de la pica, la ballesta y el arcabuz.
Valenzuela entroncó rápidamente con la mística Legionaria. El puesto de Tizzi-Assa, en manos españolas desde el otoño de 1.922, peligraba acosado por las acometidas rifeñas en aquella primavera de 1.923. Las cosas se complicaron a finales de mayo y en muchas mentes estaba el recuerdo del Desastre de Annual apenas un par de años. El Jefe del Tercio de Extranjeros, de permiso en Madrid, tomó el primer expreso camino de Málaga al tener noticias de lo que se cocía. Él, pasar lo que pasara, estaría con sus Legionarios. La respuesta española pasaba por aliviar el cerco sobre Tizzi-Assa pero para eso había que sortear otras posiciones en las que los rifeños, emboscados, se habían hecho fuertes. En la tarde del 4 de junio Valenzuela se incorpora a las Banderas de la Legión que debían participar en el ataque. A primera hora de la mañana del día siguiente, 5 de Junio, se lanza el ataque a Peña Tahuarda, donde el enemigo aprovechaba el terreno como defensa natural.
La Plana Mayor de Valenzuela, incluyendo Gastadores, Enlaces Oficiales y Camilleros, sigue a su Comandante en Jefe, que avanza en cabeza pistola y gorrillo legionario –otras versiones señalan que bastón de mando- en mano, Valenzuela trastabillea alcanzado por un impacto, pero continúa hasta que otro disparo enemigo, certero, le abate. La Legión, como un solo hombre, se abalanza contra el enemigo para vengar la muerte de su Comandante en jefe.
El cerco de Tizzi-Assa se rompe y alrededor del cuerpo de Valenzuela se encuentran, muertos, los bravos que le acompañaron en su carga. El Tercio había demostrado que sus Jefes no sólo estaban en primera línea, sino que también caían al frente de sus Legionarios.
La cruz de una madre
La muerte del Teniente Coronel, Jefe de la Legión, conmovió a España y, de forma especial, a Zaragoza, a la que tan ligado estaba. El féretro con su cuerpo fue enterrado desde Marruecos por una guardia de Oficiales y legionarios que participaron en su funeral en la ciudad aragonesa.
La Legión no dejó a Valenzuela y el cortejo fúnebre hasta su entierro en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar –entre vivas a España y el tercio- contó, entre otras, con coronas enviadas por Doña Victoria y Doña María Cristina. Pero la más destacada fue la de su madre, una Cruz de Santiago realizada con claveles en la que podía leerse “A su heroico hijo, su madre”.
Francisco Javier de la Uz Jiménez








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