LAS SUBLEVACIONES Y CONTRA SUBLEVACIONES:
La Marina, que en principio únicamente debía aislar a la Península impidiendo el desembarco de tropas leales al Gobierno, cambia su papel pasivo por el de activo, ya que se le pide apoye y atienda básicamente el paso de tropas sublevadas de África porque ya el General Mola parece tener en cuenta que no podía contar solamente con tropas peninsulares para garantizar la victoria de la conspiración. A la Marina se le impone, pues, un papel ciertamente decisivo, pero todavía el 1 de julio en el informe reservado con el que el General Mola designa el cuadro de mandos para la rebelión no figura ningún marino, aunque sean enlaces del Director para la Armada, un marino retirado y otro en situación de disponible forzoso; el Contralmirante Luis de Castro Arizcun y el Capitán de Fragata Salvador Moreno. Un tercer hombre en actividad, el Contralmirante Ruiz de Atauri, se incorporará más tarde.
El General Mola, en sus instrucciones, parece preocuparse de una posible derrota y quiere anticiparse en medios y dispositivos para evitarla, pero la evidencia demuestra que le prestó poca atención a la posibilidad de que una flota republicana pudiera impedir el cruce del Ejército de África. De aquí el clima de desconcierto o de incertidumbre reinante en los jefes y oficiales simpatizantes con los conspiradores (la gran mayoría), que no conocían los planes de la conspiración y permanecían en un peligroso compás de espera, aislados y confusos debido a la poca atención prestada al trabajo de equipo, a la falta de información y a la informalidad de los preparativos. No ocurría así en los cuadros subalternos (auxiliares, clases y cabos con algún sector de la marinería), organizados políticamente y en alerta, con el dominio de las transmisiones que habrán de desempeñar un vital papel en los apoderamientos de las principales unidades de la Flota y su utilización en la guerra en defensa de la República.
Las sublevaciones y contra sublevaciones en la Armada van a tener unas características muy singulares, siendo, sin duda, la más importante el hecho de que por primera vez en la historia son los jefes y oficiales los que se alzan contra el Gobierno, entendiendo que no encarnaba la más idónea representación del Estado, pese al procedimiento democrático de su elección. Este fenómeno de la sublevación de sus mandos y su incorporación al alzamiento, será el argumento esencial que esgrimirán los bien organizados comités de auxiliares y cabos a bordo de los buques, para justificar su posición de fuerza, desde la desobediencia hasta la contra sublevación, aunque ello no abone la tremenda violencia y los asesinatos masivos que su actuación producirá más tarde.
Mientras que los mandos del Ejército en Marruecos requisaban barcos mercantes para el transporte de los primeros efectivos a la Península, el Capitán de Navío Fernando Barreto, Comandante del Churruca y el Capitán de Corbeta Manuel Súnico, del Dato, meten sus barcos en Ceuta y los ofrecen al alzamiento. Los dos comandantes tratarán inútilmente de localizar al General Yagüe y ponerse a sus órdenes, pero ante tal imprevisto comenzarán a actuar por su cuenta.
“Destructor Churruca”
El Churruca había recibido órdenes conminatorias del Ministerio de hacerse a la mar desde Ceuta y detener cualquier barco que intente pasar tropas a la Península. El destructor sale de puerto, efectivamente, pero no cumplimenta las órdenes, y el mercante Cabo Espartel desembarca el 2º Tabor de Regulares de Ceuta sin la intervención del Churruca y con la participación y apoyo del Cañonero Dato. Madrid insiste nuevamente en que el Churruca bombardee objetivos de Ceuta, pero Barreto, ya en franca desobediencia entra otra vez en puerto, se une sin reservas a la sublevación y sale para Cádiz llevando a bordo la Plana Mayor del 1º Tabor de Regulares y escoltando al mercante Ciudad de Algeciras en el que ha embarcado el resto de dicha unidad (alrededor de 4.500 hombres). El desembarco en Cádiz se hizo normalmente y en perfecto estado de disciplina de la dotación, lo que hizo confiar al Capitán de Navío Barreto y oficiales a sus órdenes, que podrían realizarse nuevos traslados de tropas, pero en la travesía de regreso un grupo de clases y marinería entre los que figuraba el comité del buque, siguiendo las instrucciones que se trasmitían «en claro» desde la Estación de Radio de la Ciudad Lineal, en manos del Oficial tercero radiotelegrafista Benjamín Balboa, se hicieron finalmente con el dominio del buque, sorprendiendo y deteniendo a sus oficiales.
“Cañonero Dato”
El Cañonero Dato, sumado al Movimiento, sale también de Ceuta a cruzar por el estrecho a la espera del transporte España nº 5 que debía trasladar a la Península tropas embarcadas en Alhucemas. El Ministerio ordena repetida mente al cañonero que bombardee Ceuta sin que el mandato sea obedecido; es más, el Dato telegrafía a Cádiz pidiendo instrucciones y se obliga al España nº 5 a entrar en Ceuta. El Dato queda encargado de la escolta y protección de los transportes hasta Algeciras, misión que sólo podrá desempeñar hasta la llegada del grueso de la Flota republicana al estrecho. El otro Cañonero, el Laya, que vigilaba la zona de costa frente a Larache, recibe igualmente órdenes del Gobierno de que se traslade a la zona de Algeciras y Ceuta y abra fuego contra cualquier barco que traiga tropas a la Península.
En Melilla, los planes de los sublevados se frustraron en poco tiempo. Cuando los oficiales de los destructores enviados a ese puerto (Sánchez Barcáiztegui, Almirante Valdés y Lepanto), decidieron unirse al levantamiento, clases y marinería lo impidieron amotinándose, destituyendo y deteniendo a los cuadros de mando, salvo el comandante del Lepanto, Capitán de Fragata Valentín Fuentes, que quedó leal al Gobierno.
“Destructor Lepanto”
En manos los buques de oficiales subalternos y auxiliares y dentro de un clima de euforia revolucionaria decidieron volver a la Península en contra de las órdenes del Ministro Giral, por lo que los mandos del Ejército no se decidieron a lanzar hasta Málaga a los mercantes requisados cargados con tropas, ya que un encuentro con cualquiera de los tres destructores hostiles libres en la mar, hubiera supuesto un serio contra tiempo. Con ello podría decirse que la estrategia del General Mola sufría su primer revés.
La División de cruceros, que junto al Acorazado Jaime 1 integraba el grueso de la Flota, recibe en Ferrol órdenes conminatorias de hacerse a la mar y dirigirse hacia Cádiz y Algeciras. Tanto el Vicealmirante jefe de la División, Miguel Ángel de Mier, como el jefe de Estado Mayor de la misma, Capitán de Navío Pérez Zorrilla, y los comandantes del Libertad y Cervantes, Hermenegildo Franco Salgado-Araujo y Antonio Moreno de Guerra, están decididos a sumarse al Movimiento, siendo más dudosa la actitud del comandante del Almirante Cervera (Capitán de Navío Sandalio Sánchez Ferragut).
De todos modos este último buque no puede cumplimentar la orden de salida, pues se encuentra en dique seco en el Arsenal del Ferrol (y allí se decidirá su suerte por el Movimiento), mientras que el Libertad y Cervantes salen con un intervalo de seis horas (las precisas para el petroleo), hacia el rumbo ordenado, pero con intenciones muy distintas por parte de sus mandos con respecto a las órdenes recibidas. Sin embargo, las constantes trasmisiones en claro desde la Estación de Radio de la Ciudad Lineal de Benjamín Balboa, dueño absoluto de la misma, a todas las unidades y establecimientos de la Armada, informando a los radiotelegrafistas presumiblemente leales, de la rebelión, surtió efectos sorprendentes.
Durante dos noches completas (18 y 19 de julio), Balboa estuvo alertando, previniendo, arengando e incluso dando órdenes muy superiores a sus facultades, pero obteniendo unos resultados también superiores a los esfuerzos de comunicación y coordinación de los seguidores de la proclama del General Franco, piedra de toque para los ataques y prevenciones de Balboa. De ese modo las exhortaciones del Ministro Giral al deber y a la legitimidad, se olvidaron, y las dotaciones y comités respondieron sólo a la retórica revolucionaria iniciada por el exaltado oficial radio, y subalternos, cabos y marinería se apoderan, casi por sorpresa, de los dos cruceros y también del Acorazado Jaime 1, que desde Vigo navegaba también hacia el Sur; aunque ya en este buque se produzca lucha armada con bajas de una y otra parte y, sobre, todo, con un estado de confusión y desconcierto que al final propició la incorporación del barco a los cuadros iniciales de la que a partir de ese momento va a llamarse sobre todo «Flota o Escuadra roja».
“Acorazado Jaime I”
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«Marinería a ministro Marina. - Hemos tenido seria resistencia con jefes y oficiales en servicio, venciéndoles violentamente. Resultaron muertos un capitán de corbeta y un teniente de navío; heridos graves, ocho cabos, un teniente de navío, un alférez, un cabo artillero y dos marineros. Rogamos urgentes instrucciones sobre cadáveres.
«Ministro de Marina a tripulación Jaime I - Con solemnidad respetuosa echen mar cadáveres. Díganme posición barco.» (Mensajes entre el Jaime 1 y el Ministro Giral)
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En Cartagena, sin embargo, que parecía contar en el ámbito de la Armada con un mejor y más organizado núcleo de oficiales, unidos a la conspiración, el Movimiento fracasó sin paliativos. Muchas son las causas que pueden explicarlo, siendo la más destacada la negativa tajante del gobernador militar de la plaza General Toribio Martínez Cabrera, a secundar la rebelión; la actitud dubitativa -tal vez por esta falta de apoyo- de los jefes de la Base Naval y Arsenal -Vicealmirante Márquez Román y Contralmirante Molíns Carreras, respectivamente-, y el hecho de que también en Cartagena se encuentran destinados los oficiales de más significada adhesión a la República, poco proclives a dejarse sorprender o convencer.
Allí donde la autoridad militar secundó el alzamiento, la Marina --casos de Ferrol y San Fernando- pudo hacer frente y superar las situaciones más conflictivas, pero en aquellos sitios donde el mando militar permaneció obediente al Gobierno -caso de Cartagena y en menor escala Menorca- la Marina se vio privada de ayuda para seguir iniciativas propias.
Francisco Javier de la Uz Jiménez















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