(Protagonizado por un ordenante profanador de tumbas y el ánima de una de sus víctimas favoritas).
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ESCENA ÚNICA
Corre el mes de noviembre, mes de respeto especial para con todas las ánimas que allá nos aguardan. Al levantarse el telón, tiene lugar el encuentro entre una determinada ánima y su perseguidor, el ordenante profanador de tumbas.
Ordenante profanador de tumbas
¡Culpa mía no lo fue!
¿Por qué lo hice? No lo sé…
Maldad instigada enloqueció mi mente intoxicada;
necesitaba arrasar, destruir, borrar tu huella,
y al ver tu tumba ensalzada, pero indefensa junto al altar reposada,
cobarde yo, tramé ofensa plebeya y, así, arremetí contra ti, para expulsarte de tu tumba aquella.
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Ánima victima favorita, en
Pues, llegaste tarde, Ordenante.
Para entonces, ya me hallaba yo liberada, por Dios, de la soledad de la sepultura.
Así pues ¡Fue vano tu dictatorial intento por expulsarme de aquella mi sepulcral pacífica atadura!
Y ahora ya, entre el afectivo clamor popular que me honra por su lealtad,
ahora ya, todo el solar español acoge, con su proverbial galanura, mi patriótica eterna singladura.
Mis mortales restos, mis huesos y mis cenizas,
no me pertenecen ya;
más pronto o más tarde, la tierra que me prestó su materia los reclamará;
mientras tanto, desde ahora y hasta que tú mismo te veas cómo agonizas,
habrás de sentir sobre tus hombros, molestos,
el insoportable peso de todos cuantos profanaste mortales restos.
Ordenante, ¡cesa, pues, de mal obrar!;
recupera el buen talante, sana tu alma
y no lo demores con vacilante calma.
Cesa, pues, de mal obrar y no ofendas a los españoles, que se pueden enojar.
Y además, para por mi parte terminar. Te lo ruego en caridad:
Antes de que te llegue tu hora mortal siempre al acecho,
¡procura reparar todo el daño que hayas hecho,
no te vayas a cargar con ese insoportable peso para toda
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Ordenante profanador de tumbas
¡Oh! Mi infamante historia irrumpe ahora en mi memoria.
Ni lo juzgaba sagrado, ni era, lugar o derecho alguno, por mi audacia respetado.
Por donde quiera que fui,… la razón atropellé,… la virtud escarnecí,…
a la justicia burlé,… emponzoñé cuanto vi,…
y en todas partes dejé memoria amarga de mí…
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Ánima victima favorita, en
Pues, aun con eso no obstante, hazme caso Ordenante:
Ya que clemente, paternal y anhelante Dios lo reclama,
recupera el buen talante, ¡sana tu alma!, y lo demores con vacilante calma.
Que el infierno que tú, con tu tiránico efímero poder,
has construido y al noble pueblo español se le estás haciendo padecer,
habrá de acogerte a ti mismo él, sin piedad y por toda la eternidad.
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Voces del ordenante que se aleja: Llamé al diablo y no me oyó, pues si sus puertas él me cierra, de mis pasos en
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José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M







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