ISLAS ESPAÑOLAS EN ÁFRICA

 
 
 
 
 



 
Gonçalito R. Colubi y Felipe Zuleta (Robert) en su día me mandaron un archivo que me impactó, poniendo de manifiesto,  una vez más, mi incultura siempre disculpada por el Arma que me protege y que ha determinado mi forma de ser. Aunque sé que todos vosotros ya  conocéis lo que se expone...os gustará recordarlo gráficamente.
 
 
ISLAS ESPAÑOLAS EN ÁFRICA
 

Posiblemente, son muy pocos los españoles que conocen siquiera los nombres de esas islas, islotes y peñones que jalonan la costa norteafricana y en los que ondea la bandera de España. Salvo la isla de Alborán, que pertenece al Ayuntamiento de Almería, el resto no forma parte de ninguna comunidad autónoma, ni ayuntamiento ni provincia; su estatus es especial y sólo forman parte del Estado español y de la Unión Europea.

Estas formaciones pétreas son trozos de historia, con fronteras definidas o indefinibles; son como escombros caídos de la Península que cuesta mucho más defender de lo que aportan, pero que pocos se plantean abandonar. Son pedruscos que encierran siglos de batallas, historias de marinos y piratas, leyendas, mitos y disputas ancestrales, envueltos en esa belleza mediterránea que vuelve eterno todo lo que toca…


Islas Chafarinas
Distancia a la costa africana: 3,52 Km.
Número de islas: 3
Superficie: 0,525 kilómetros cuadrados.
 
 

Conocidas por los romanos como “Tres insulae”, fueron refugio de piratas. De hecho, Chafarinas significa “tierra de ladrones”. Tierra de nadie durante siglos, forman parte de España desde 1848. Recientemente se descubrieron restos del Neolítico que prueban que hubo asentamientos humanos hace 6.500 años. La carencia de agua dulce hace pensar que las islas estuvieron unidas al continente africano.  
La posesión por parte de España se llevó a cabo mediante el desembarco de 550 hombres venidos a tal fin desde Málaga. El general Serrano, bandera en mano, las tomó al grito de “¡Islas Chafarinas por Su Majestad la Reina de España doña Isabel II!”. Fue la última incorporación territorial en la historia de España.
Los islotes se bautizaron con los siguientes nombres: Isla de Isabel II, Isla del Rey Francisco e Isla del Congreso.
 


 

Isla de Isabel II
Extensión: 0,153 kilómetros cuadrados.
Altura máxima: 60 m. 

Es la única isla en la que hubo población civil. Llegó a tener hospital, iglesia, casino y 1.000 habitantes. La última familia la abandonó en 1972 debido a las duras condiciones de vida. Actualmente, se mantiene una guarnición de Regulares, y personal del Ministerio de Medio Ambiente, puesto que las islas están consideradas refugio natural. Periódicamente, reciben alimentos y agua para el enorme aljibe del que se abastecen.
 



















Isla de Rey Francisco
Extensión: 0,116 kilómetros cuadrados. Altura máxima: 30 m.

La única construcción que en ella queda en pie es un pequeño cementerio civil donde están enterradas 197 personas. Una vez al año, un buque de la Armada transporta a los familiares que quieren ir a visitar las tumbas de sus difuntos. Estuvo unida a la isla de Isabel II mediante un espigón que fue destruido por un temporal y del que quedan algunos bloques sumergidos que sirven de refugio a distintas especies marinas. Actualmente, sólo la habitan colonias ingentes de gaviotas.


Isla del Congreso 

Extensión: 0,256 kilómetros cuadrados.
Altura máxima: 137 m. 

Es la mayor y más escarpada de las tres y la única en la que no existe ninguna construcción moderna, salvo una ruinosa chabola en la que se refugiaba la guarnición que la defendía. Es en ella donde se puede encontrar el yacimiento neolítico del que anteriormente se habló. Tiene una cueva a la que se puede acceder por mar y está habitada por conejos y palomas. También estuvo unida a la isla del Rey por un muelle que fue destruido.

 

Islas Alhucemas
 
Distancia a la costa africana: entre 50 y 700 m.
Número de islas: 3
Extensión: 0,046 kilómetros cuadrados
 

Están situadas a medio de camino entre Ceuta y Melilla, frente a la ciudad marroquí del mismo nombre, y pertenecen a España desde el año 1560. En aquella época, el sultán Muley Abdalá, que dominaba parte del actual territorio de Marruecos, estaba en guerra con el imperio otomano y, buscando una alianza provechosa, se las entregó a Felipe II a cambio de su protección. Alhucemas significa espliego en árabe. Los tres islotes que forman el archipiélago tienen los siguientes nombres: Peñón de Alhucemas, Isla de Tierra e Isla de Mar.
 

Peñón de Alhucemas
 
Extensión: 0,015 kilómetros cuadrados
Altura máxima: 27 m. 

Es la única de las islas que estuvo habitada y durante años sirvió de prisión. Llegó a tener una población de 350 habitantes, pero en la actualidad sólo hay una guarnición militar que se encarga de su custodia. Consta de una calle que la circunvala y algún callejón, como el del Fuelle,  donde la fuerza de la mar ha conseguido abrir grietas por las que salta la espuma como si de un géiser se tratara. También hay un pequeño islote adyacente, la Pulpera, unido a la isla principal por unas escaleras, y que hace de cementerio.




















Isla de Tierra
 
  Extensión: 0,014 kilómetros cuadrados. Altura máxima: 11 m.
  Separada unos 50 metros de las costas de Marruecos, siempre ha estado deshabitada. Es frecuente el desembarco en ella de inmigrantes ilegales procedentes de países subsaharianos.
 


















Isla de Mar
Extensión: 0,017 kilómetros cuadrados. Altura máxima: 4 m.
Situada a 50 m. de la isla de Tierra, sirvió de cementerio del presidio del Peñón, aunque ninguna construcción lo atestigua. También está deshabitada y es punto de llegada de emigrantes.
 



















Peñón de Vélez de la Gomera
Extensión: 0,019 kilómetros cuadrados. Altura máxima: 87 m. Distancia a la costa marroquí: 0 m.

 
 
Pertenece a España desde 1508 tras arrebatárselo a los piratas berberiscos. Desde entonces, soportó pestes, incursiones de rifeños, sublevaciones de presos, e incluso sobrevivió a una proposición del Congreso, de 1872, de abandonarlo o de volarlo con dinamita. Llegó a albergar a más de 400 personas, pero ahora sólo acoge a unos cuantos Regulares. Su nombre proviene de la vecina región marroquí de Gomara. El peñón era una isla, pero, en 1930, un terremoto hizo aflorar un istmo que dio lugar a una nueva frontera con Marruecos. Actualmente, esta frontera está materializada por una cuerda de color azul un tanto arbitrariamente colocada, puesto que, por su reciente aparición, no está contemplada en ningún tratado hispano-marroquí.



Isla Perejil
 
Extensión: 0,15 kilómetros cuadrados. Altura máxima: 74 m. Distancia a la costa marroquí: 200 m.

Parece ser que, cuando Portugal conquistó Ceuta, allá por 1415, se consideró a Perejil parte de esta ciudad, algo que, posteriormente, Marruecos nunca reconoció. Franco y el rey Hassan II llegaron a un acuerdo por el que lo convertían en tierra de nadie. Más tarde, cuando se redactó el estatuto de autonomía de la ciudad de Ceuta, no se hizo mención al islote.
En el año 2002, un grupo de militares marroquíes accedió al peñasco e izó su bandera, lo que creó un conflicto diplomático inmediato que se resolvió con el desembarco de tropas españolas que detuvieron a los marroquíes sin que opusieran resistencia. Finalmente, los dos gobiernos acordaron que el islote permaneciera deshabitado y no hubiera nuevas reclamaciones activas de soberanía.




















Isla de Alborán
Extensión: 0,07 kilómetros cuadrados Altura máxima: 15 m. Distancia a las costas: 93 Km. a la española, 56 a la africana.

 

La isla de Alborán pertenece administrativamente, desde 1884, a la ciudad de Almería y está habitada por un destacamento de la Armada. Su nombre proviene del corsario tunecino Al-Borany, que utilizaba la isla como base de operaciones. En lengua turca antigua, Al-Borany significa tempestad. De origen volcánico, casi toda la costa es acantilada, salvo dos pequeñas playas que sirven de fondeadero. En la isla hay un faro y un cementerio.
La isla aparecía ya en antiguas cartas de navegación como punto estratégico, fondeadero, zona de descanso y encrucijada en las rutas comerciales que unían Europa y África. Nunca tuvo una población estable, salvo el farero y su familia, ya que su  tierra es yerma, carece de agua potable y está permanentemente azotada por fuertes vientos.
 

 

José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

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