De madrugada salimos para ocupar Buhafora y Tafersit. El avance por el llano tenía el aspecto de guerra continental; los cañones enemigos hacían fuego; pero con tal lentitud y tan mal graduadas las espoletas que, o no estallaban las granadas, o lo hacían en las nubes. Veíamos los fogonazos de los disparos de las baterías enemigas de Tayudait, Taguarda y Tizzi-Aza, y después de largo tiempo se sentía venir el proyectil; parecía que llegaba despacio y avisando para apartar a sus enemigos, se enterraba él sin estallar o estallando y los soldados aplaudían a los moros artilleros. Los tanques de Infantería marchaban en vanguardia, con sensación de poder. Detrás seguíamos los infantes, y al flanco izquierdo, la caballería. Al ocupar el morabito de Buhafora, los legionarios encontraron al pie de la colina los restos de unos veinte soldados; ya no quedaban más que los huesos grandes del esqueleto y las costillas, y al lado las ropas, acartonadas y rugosas. Con fraternal cariño iban reuniendo aquellas reliquias y con entereza varonil registrando las guerreras, dentro de las cuales se habían pulverizado los cuerpos, sin sentir ante ellas otro sentimiento que cristiana caridad. "Del II, de San Fernando!", decían al ver en el cuello las señales del emblema del glorioso Regimiento. "¡Artillero!", "¡De la Policía!"... Un mayor movimiento; los legionarios se agrupan alrededor del Capitán Ayudante de la Legión. "¿Qué es? ¿Qué ocurre?..."
¡La guerrera del Capitán Capablanca, de la Policía indígena!..., y los restos encontrados junto a ella... "Es él, mi Teniente Coronel", nos dice el Ayudante. "Mire el emblema, la medialuna en el cuello..., las señales de tres estrellas en las bocamangas... Estaba junto a la fuente y le rodeaban los restos de doce hombres... Los pondremos dentro de una caja de municiones"... El cura se nos acerca y nos invita a rezar un responso.
Avanzamos luego a Buhafora. La posición está volada; las vainas de los cartuchos, reventadas, esparcidas, clavadas; en la tierra demuestran la explosión... Todos recogen los huesos regados por el suelo... "¡Otro, Capitán de Infantería: Lacy..., y junto a él el esqueleto de un niño... Sí, sí, el morito que él prohijó y que cuando la traición de los notables que él tenía de rehenes, junto con los policías y moros amigos, al ver la lucha, se abrazó a su padre adoptivo y murió con él ..." Buhafora era un osario... Los soldados se dedican afanosamente a recoger los gloriosos restos. Los médicos van reconociéndolos... Son cerca de un centenar... Las guerreras se analizan; hay cartas, ya ilegibles, y esos objetos infantiles que guardan los soldados: lapiceros, cajitas vacías, un dedal... Siguen los emblemas: El II, Artillería, Policía. Los legionarios piden permiso; el General lo concede. Abren una fosa. A las tres de la tarde serán enterrados. La columna forma el cuadro rodeando el sepulcro. Los legionarios han pedido el honor de despedirlos con el rito legionario. El osario se traslada; las reliquias son llevadas en las guerreras de los legionarios, que se las han quitado para hacer de ellas envolturas de sudario... Los huesos heroicos se reúnen en íntimo contacto... la tierra los cubre y surge el túmulo de piedra y gigantesca cruz de madera, y todas las compañías de legionarios traen inmensas coronas de flores silvestres, y en sus cintas se lee claramente: "A LOS HEROICOS Y GLORIOSOS MARTIRES DE TAFERSIT, SUS HERMANOS, LOS LEGIONARIOS". "A NUETROS HEROICOS COMPAÑEROS DE SAN FERNANDO, LA LEGION". "A LOS ARTILLEROS HÉROES DE TAFERSIT". "A LOS QUE TAN GLORIOSAMENTE DIERON LA VIDA POR LA PATRIA".
Tte. Col. J. Millán-Astray
Jefe del Tercio de Extranjeros
Monumento al soldado de las campañas de África. Melilla
Nota complementaria:
Dado que la acción narrada se desarrolló en la que había sido zona limítrofe alcanzada cuando se inició el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla (junio-1921), esa acción tuvo lugar al final de la reconquista del territorio (28-octubre-1922).
Los cadáveres recuperados de soldados españoles llevaban 16 meses sin enterrar, de ahí lo exiguo de los restos recuperados. La conducta habitual de los rifeños, de no enterrar los cadáveres de enemigos, era general tanto si fuesen cristianos como si fuesen musulmanes; por ello, no debe interpretarse como una ofensa añadida contra nuestros soldados el hecho de no haber sido enterrados por los cabileños próximos.
Los legionarios protagonistas de la recuperación y enterramiento, eran los de la II Bandera. La columna encargada de la operación, estaba formada por carros de asalto de Artillería, fuerzas de Policía indígena, una harka auxiliar indígena, Regulares de Alhucemas, II Bandera del Tercio, un batallón del Regimiento de Infantería Melilla 52, un batallón del Regimiento de Infantería Toledo 35, una batería del 3º Regimiento de Montaña de Artillería y una sección de ambulancia de Sanidad.
Campamento de Tafersit en 1923
La suma de las bajas producidas en aquel día, en la referida columna y la columna que la flanqueaba por su derecha, alcanzó a la cantidad de 67, de ellas 5 muertos.
José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M












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